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Hoy hace 3 Años… Recordamos y Compartimos!

Hoy 13 de marzo se cumplen 3 años desde que el Arzobispo de Buenos Aires (Argentina), el entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio, fuera elegido como Sucesor de San Pedro, convirtiéndose así en el primer Papa latinoamericano y jesuita.

Volvamos a vivir ese momento tan especial para toda la Iglesia!

Demos gracias a Dios y sigamos orando por el como siempre nos lo a pedido desde ese día!

El Angelus de Hoy!

La mirada de Misericordia de Jesús desarma y salva, recordó el Papa a la hora del Ángelus.

«¡Queridos hermanos y hermanas buenos días!

El Evangelio del V Domingo de Cuaresma (cfr. Jn 8,1 -11) es muy bello: me gusta tanto leerlo y volverlo a leer. Presenta el episodio de la mujer adúltera, destacando el tema de la misericordia de Dios, que no quiere nunca la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. La escena se desarrolla en la explanada del templo. Imagínense allí en el atrio, Jesús está enseñando a la gente y he aquí que llegan algunos escribas y fariseos arrastran ante Él a una mujer sorprendida en adulterio. Esa mujer se encuentra así en medio, entre Jesús y la muchedumbre (cfr. 3), entre la misericordia del Hijo de Dios y la violencia, la rabia de sus acusadores. En realidad, ellos no fueron a donde el Maestro para pedirle su parecer, – era gente mala – sino para tenderle una trampa. En efecto, si Jesús seguía la severidad de la ley, aprobando la lapidación de la mujer, perdía su fama de mansedumbre de bondad que tanto fascinaba al pueblo; si, por el contrario quería ser misericordioso, tenía que ir contra la ley, que Él mismo había dicho que no quería abolir, sino cumplir (cfr. Mt 5,17). Y Jesús está allí…

Esta mala intención se esconde bajo la pregunta que le plantean a Jesús: «¿Tú qué dices?» (v 5). Jesús no responde, calla y cumple un gesto misterioso: «inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo» (v 6).  Quizá estaba dibujando, algunos dicen que escribía los pecados de los fariseos… quizá… escribía… estaba en otra… De este modo, invita a todos a la calma, a no actuar movidos por la impulsividad, y a buscar la justicia de Dios. Pero ellos, malos, insisten y esperan que Él responda. Parecía que tenían sed de sangre… Entonces, Jesús levanta la mirada y dice: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra». (v 7). Esta respuesta desconcierta a los acusadores, desarmándolos a todos en el verdadero sentido de la palabra: todos depusieron las ‘armas’, es decir, las piedras listas para ser tiradas, tanto aquellas visibles contra la mujer, como aquellas escondidas contra Jesús. Y, mientras el Señor sigue escribiendo en el suelo, haciendo dibujos, no sé…, los acusadores se van uno tras otro, comenzando por los más ancianos, con mayor conciencia de no estar sin pecado. ¡Qué bien nos hace tener conciencia de que también nosotros somos pecadores! Cuando hablamos mal de los otros y todas esas cosas que todos sabemos, ¿eh? Y qué bien nos hará tener la valentía de hacer caer al suelo las piedras que tenemos para tirarlas a los otros, y pensar un poco en nuestros pecados.

Se quedaron allí sólo la mujer y Jesús: la miseria y la misericordia, una ante la otra. Y ello, ¿cuántas veces nos sucede también a nosotros, cuando nos detenemos ante el confesionario, con vergüenza, para hacer ver nuestra miseria y pedir perdón?  «Mujer ¿dónde están tus acusadores? (v 10) le dice Jesús. Y basta esta constatación y su mirada llena de misericordia y de amor, para hacerle sentir a aquella persona – quizá por primera vez – que tiene una dignidad; que ella no es su pecado, ella tiene una dignidad de persona, que puede cambiar de vida, puede salir de sus esclavitudes y caminar en una senda nueva.

Queridos hermanos y hermanas, aquella mujer nos representa a todos nosotros, es decir adúlteros ante Dios, traidores de su fidelidad. Y su experiencia representa la voluntad de Dios hacia cada uno de nosotros: no nuestra condena, sino nuestra salvación a través de Jesús. Él es la gracia, que salva del pecado y de la muerte. Él ha escrito en la tierra, en el polvo del que está hecho todo ser humano (cfr. Gn 2,7), la sentencia de Dios: «No quiero que tú mueras, sino que tú vivas». Dios no nos enclava en nuestro pecado, no nos identifica con el mal que hemos cometido. Tenemos un nombre y Dios no identifica este nombre con el pecado que hemos cometido. Nos quiere liberar y quiere que nosotros también lo queramos con Él. Quiere que nuestra libertad se convierta del mal al bien y ello es posible con su gracia.

Que la Virgen María nos ayude a confiarnos completamente en la misericordia de Dios, para llegar a ser criaturas nuevas.»

(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)

(from Vatican Radio)

Fuente:News.Va

Audiencia Jubilar

audiencia“Ser misericordiosos, significa seguir a Jesús en el camino del servicio”

Ya casi concluyendo sus Ejercicios Espirituales

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Ejercicios espirituales: el perdón de Dios abre las puertas al futuro!

Mañana el Papa Francisco y la Curia Romana concluirán los Ejercicios Espirituales en Preparación a la Pascua que están realizando desde la tarde del IV Domingo de Cuaresma en la Casa del Divino Maestro de la localidad de Ariccia, bajo la guía de las meditaciones, este año, del padre Ermes Ronchi de la Orden de los Siervos de María, quien ha propuesto el tema general de “las preguntas desnudas del Evangelio”.

El predicador ofrecerá el viernes su conclusión sobre la pregunta propuesta en el Evangelio de San Lucas, a saber: “María dijo al ángel: ¿Cómo sucederá esto?” (Lc, 1, 34). Mientras las meditaciones de este jueves se basan en el Evangelio de San Juan, de donde se han extrapolado las preguntas: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” (Jn 20, 15), y “Simón, hijo de Juan, ‘¿me amas?”, (Jn 21, 16).

En cambio en su séptima predicación el tema propuesto fue: “Entonces Jesús se levantó y dijo: mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?” (Jn 8, 10), según se lee en el Evangelio de Juan, de donde se deduce que el perdón de Dios es un “amor auténtico” que invita al hombre a llegar a ser lo mejor de sí mismo. Con el pasaje de la adúltera a quien Jesús perdona, el Padre Ronchi destacó el fundamento de la misericordia divina y explicó que acusadores e hipócritas niegan a Dios, es decir, su misericordia.

Además, el predicador subrayó que a quien le gusta acusar, embriagándose con los defectos de los demás, cree que salva la verdad lapidando a quienes se equivocan. Pero de este modo – dijo – nacen las guerras. Se generan conflictos “entre las naciones, pero también en las instituciones eclesiales, en los conventos y en las oficinas”, donde las reglas, las constituciones y los decretos se convierten en piedras con las que “lapidar  a alguien”.

Hipócritas y acusadores ponen a Dios contra el hombre

El pasaje evangélico de la adúltera durante siglos ha sido ignorado por las comunidades cristianas porque “la misericordia de Dios escandalizaba”. El nombre de la mujer adúltera no es revelado –  añadió el predicador – porque “representa a todos”, es aplastada por el poder de muerte que expresan la opresión de los hombres sobre las mujeres.

Los fariseos de todas las épocas colocan el pecado “en el centro de la relación con Dios”, pero “la Biblia no es un ídolo o un tótem”: exige “inteligencia y corazón”. Los poderes que no dudan en usar a una vida humana y a la religión  “ponen a Dios contra el hombre”. Y ésta es “la tragedia del integrismo religioso”:

“El Señor no soporta a los hipócritas, los que llevan máscaras, los que tienen un corazón doble, los comediantes de la fe y no soporta a los acusadores y a los jueces”.

El genio del cristianismo está, en cambio, en el abrazo entre Dios y el hombre. “Ya no se oponen”, “materia y espíritu se abrazan”.  La enfermedad que Jesús más teme y combate es “el corazón de piedra” de los hipócritas: “violar a un cuerpo, culpable o inocente, con las piedras o con el poder, es la negación de Dios que vive en esa persona”.

Donde hay misericordia, allí está Dios

El juicio contra  la adúltera se convirtió en “un bumerang contra la hipocresía de los jueces”. “Nadie puede tirar la piedra, iría contra sí mismo”. Donde hay misericordia  – escribía San Ambrosio – allí está Dios; donde hay rigor y severidad quizá estén los ministros de Dios, pero Dios no está ahí”.

Jesús se levanta ante la adúltera, “como se levanta ante una persona esperada e importante”. Se levanta para estarle cerca y le habla. Nadie le había hablado antes. “Su historia, su íntimo tormento no interesaban”. En cambio Jesús toma lo íntimo de su alma. “La fragilidad es maestra de humanidad”:

“Es la atención por los frágiles, es la atención por los últimos, por los que están enfermos y la atención a las piedras descartadas lo que indica el grado de civilización de un pueblo y no las proezas de los fuertes y de los poderosos”.

A Jesús no le interesa el remordimiento, sino la sinceridad del corazón. Su perdón es “sin condiciones, sin cláusulas, sin contrapartidas”. Jesús se pone a sí mismo en el lugar de todos los condenados, de todos los pecadores. Rompe la “cadena maléfica” ligada a la idea de “un Dios que condena y al que le gusta la venganza, justificando la violencia”.

El amor de Dios cambia la vida

El núcleo del relato no es el pecado que hay que condenar o perdonar. En el centro no esté el mal, sino “un Dios más grande que nuestro corazón” que no vuelve banal la culpa, sino que hace que el hombre vuelva a partir desde donde se ha detenido. Abre senderos, vuelve a ponerlo sobre el camino justo, lo ayuda a dar un paso hacia adelante, “le abre las puertas de par en par hacia el futuro”.

Jesús realiza “una revolución radical” sobrecogiendo el orden tradicional y el eje vertical que tiene por encima de todo a “un Dios juez y punitivo”. “Un Dios desnudo, en la cruz, que perdona, será el gesto impresionante y necesario para apagar la mecha de las infinitas bombas sobre las cuales está sentada la humanidad”.

“No el Dios Omnipotente, sino el Padre amante de todo. Ya no el dedo apuntado, sino aquel que escribe sobre la piedra del corazón: yo te amo”.

“Vete y de ahora en adelante no peques más”. Son las palabras que bastan para cambiar una vida. Lo que está detrás ya no importa. Es el futuro lo que cuenta ahora. “El posible bien del mañana cuenta más que el mal de ayer”. Dios perdona “no como un desmemoriado, sino como un liberador”. El perdón no es buena fe, “sino volver a poner en camino a una vida”.

El perdón libera de las esclavitudes del pasado

Tantas personas viven “como en una cadena perpetua interior”, aplastadas por los sentimientos de culpa a causa de los errores del pasado. Pero “Jesús abre las puertas de nuestras prisiones, desmonta los patíbulos sobre los cuales con frecuencias nos arrastramos nosotros mismos y arrastramos a los demás”. “Jesús sabe que el hombre no equivale a su pecado”. Al Señor no le interesa el pasado. “Es el Dios del futuro”.

Las palabras de Jesús y sus gestos rompen el esquema buenos-malos, culpables-inocentes. Jesús, con la misericordia “nos conduce más allá de las empalizadas de la ética”. Al ojo que ve el pecado – concluyó diciendo el padre Ermes Ronchi – “se le pide que vea el sol: “la luz es más importante que la oscuridad”, “el trigo vale más que la cizaña”, “el bien pesa más que el mal”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Fuente y foto: News.Va

En la Audiencia General el Papa dijo:

El sentido de la libertad

El Papa Francisco explicó en la audiencia general que la libertad entendida como autonomía, autosuficiencia, es consecuencia del pecado. Esta libertad, señaló, impide dejarse amar porque el que se cree autosuficiente piensa que no necesita el amor ni de los demás ni de Dios. Por tanto, no se siente necesitado de misericordia, de perdón, y no puede experimentar el amor de Dios. Éste se siente rechazado pero no renegará nunca de sus hijos.

 

El Papa viviendo su Retiro Espiritual

REUTERS1307426_LancioGrandeEjercicios Espirituales: transmitir luz y sabor al mundo

Prosiguen, en la Casa del Divino Maestro de la localidad de Ariccia, los Ejercicios Espirituales del Papa Francisco junto a la Curia Romana en preparación a la Pascua, guidaos por el padre Ermes Ronchi, de la Orden de los Siervos de María, bajo el tema general de “las preguntas desnudas del Evangelio”. El Padre Ronchi ha extrapolado diez de las más de 220 preguntas que presenta el Evangelio. Preguntas que – tal como él mismo ha dicho – representan una comunicación que relanza el diálogo, implicando a la persona y dejándola libre.

Las meditaciones de este martes se basan en las preguntas: “Pero, ¿quién dicen que soy yo?” (Lc 9, 20); “Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿ves a esta mujer?” (Lc 7, 44), ambas tomadas del Evangelio de Lucas.

En cambio ayer por la tarde,  durante la segunda jornada de estos ejercicios, el predicador propuso la pregunta: “Ustedes son la sal de la tierra. ¿Pero si la sal pierde sabor, luego será salada con qué?” (Mt, 5, 13), según el Evangelio de Mateo.

Desde la época del mundo antiguo – recordó el predicador – la sal ha sido un elemento precioso y denso de significado, y siempre símbolo de la conservación de lo que vale y de lo que debe mantenerse, como sucede con los alimentos. Además – afirmó – los discípulos, como la sal, preservan lo que alimenta la vida en la tierra: la Palabra de Dios, el Evangelio que, al penetrar en las cosas hace que duren. De hecho – dijo – Jesús se refiere a los apóstoles como la sal de la tierra y la luz del mundo. Lo que significa que su humildad es modelo para la Iglesia y sus discípulos:

“He aquí la humildad de la sal y de la luz. Que no llaman la atención sobre sí, no se ponen en el centro, sino que valorizan lo que encuentran. De este modo, la humildad de la Iglesia, de los discípulos del Señor, que no deben orientar la atención sobre sí mismos, sino sobre el pan y sobre la casa, sobre el inmenso campamento de los hombres, sobre su hambre tan grande a veces que para ellos Dios no puede dejar de tener la forma de un pan”.

Como la luz, también nosotros deberíamos tener miradas luminosas – explicó el Padre Ronchi –  que cuando se posan sobre las personas hagan que emerja lo más bello que hay en el ser humano y, como la sal, no somos nosotros quienes debemos tener un valor, sino el valor del encuentro:

“Observo la sal. Mientras permanece en su recipiente, en un cajón de la cocina no le sirve a nadie. Su finalidad es salir y perderse para hacer más buenas las cosas. Se da y desaparece. Iglesia que se da, se disuelve, que enciende, que vive para los demás. Si me encierro en mi yo, incluso si estoy engalanado con todas las virtudes más bellas, y no participo en la existencia de los, como la sal y la luz, si no soy sensible y no me abro, puedo carecer de pecados y sin embargo vivo en una situación de pecado.  Sal y luz no tienen la finalidad de perpetuar a sí mismos, sino de derramarse. Y así es la Iglesia: no una finalidad, sino un medio para hacer más buena y más bella  la vida de las personas”.

Pero puede suceder que se pierda el Evangelio, que ya no se tenga sentido ni sabor. Y esto sucede – observó el predicador – cada vez que no somos capaces de comunicar amor a cuantos encontramos, ni esperanza, ni libertad, que son dones de Dios. Cuando nos homologamos al sistema sin querer ir contracorriente, encarnando las bienaventuranzas, y cuando siguiendo el Evangelio, no crecemos en humanidad:

“Somos sal que ha perdido el sabor si no somos hombres resueltos, si no nos hemos liberado de máscaras y miedos. Las personas quieren tomar del discípulo de Jesús fragmentos de vida, no fragmentos de doctrina. No si se nos ha puesto a Dios entre las manos, sino qué cosa hemos hecho de aquel Dios”.

El padre Ronchi también recordó la gran confianza que Dios ha puesto en los hombres. En efecto,  Jesús no dice “esfuércense para llegar a ser luz, para tener sabor”, sino “sepan que ya lo son”. La luz es el “don natural de quien ha respirado a Dios” y “tener un sabor de vida es el don de quien ha vivido el Evangelio”. Nos corresponde a nosotros – subrayó el predicador – tener conciencia y transmitir luz y sabor al mundo. De modo que nuestro deber, para que la luz y la sal no se pierdan – concluyó su meditación el padre Ermes Ronchi – es dar un encanto nuevo a la existencia, dejar que Cristo penetre en nuestra vida y vivir en comunión con los demás:

“Una parábola hebrea dice que cada hombre viene al mundo con una pequeña llama sobre la frente, que sólo se ve con el corazón, y que es como una estrella que camina delante de él. Cuando dos hombres se encuentran, sus dos estrellas se funden y se reaniman  – cada una da y toma energía de la otra – como dos cepas de madera puestas juntas en el hogar. El encuentro genera luz. En cambio, cuando un hombre permanece durante mucho tiempo sin mantener encuentros, solo, la estrella que resplandecía en su frente poco a poco se consume, hasta que se apaga. Y el hombre va, ya sin la estrella que caminaba delante de él. Nuestra luz vive de comunión, de encuentros, de compartir. No nos preocupemos por cuantos lograremos iluminar. No cuenta ser visibles o relevantes, ser mirados o ignorados, sino ser custodios de la luz, vivir encendidos. Custodiar la incandescencia del corazón”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Fuente: News.Va

El Papa sobre el Hijo Pródigo:

AngelusNuestros errores nunca dañan el amor que Dios nos tiene

“Como el padre del Evangelio, también Dios continua a considerarnos sus hijos cuando nos hemos perdido”, dijo el Papa Francisco al explicar esta mañana la Parábola del Hijo Pródigo en el Ángelus.

Francisco señaló que “los errores que cometemos, también si son grandes, no hacen daño a la fidelidad de su amor”. “En el Sacramento de la Reconciliación podemos comenzar siempre de nuevo: Él nos acoge, nos restituye la dignidad de ser hijos suyos”.

“El Evangelio nos presenta esta última parábola, que tiene como protagonista a un padre con sus dos hijos. El relato nos hace conocer algunas actitudes de este padre: es un hombre siempre dispuesto a perdonar que espera contra toda esperanza”, explicó Francisco invitando a leer el Evangelio de San Lucas.

“Sorprende sobre todo su tolerancia ante la decisión del hijo más joven de irse de cada: habría podido oponerse, sabiendo que todavía es un inmaduro, peor en lugar de eso le permite irse, incluso previendo los posibles riesgos”.

El Papa señaló que “esto es lo que hace Dios con nosotros: nos deja libres, también para equivocarnos, porque creándonos nos ha dado el gran donde la libertad” pero “nos queda a nosotros hacer buen uso de ella”.

“El desapego de este padre respecto a su hijo es solo físico; el padre lo lleva siempre en el corazón; espera confiado su retorno; escruta el camino en la esperanza de volverlo a ver”.

“Un día lo ve aparecer desde la lejanía y se conmueve, va a su encuentro, lo abraza, lo besa”, recordó el Papa. “¡Cuánta ternura! La misma actitud tiene el padre respecto al hijo mayor, que siempre permaneció en casa y ahora está indignado y protesta porque no entiende y no comparte toda esa bondad hacia el hermano que se ha equivocado”.

El Santo Padre indicó que “el padre sale también al encuentro de este hijo y le recuerda que ellos han estado siempre juntos, tienen todo en común, pero necesita acoger con alegría al hermano que finalmente ha regresado a casa”.

“Cuando uno se siente un pecador, se siente de verdad poca cosa o ‘sucio’ es uno el que va al Padre, pero cuando uno se siente justo y piensa que siempre hace las cosas bien, también el Padre le busca porque es un pensamiento malo, es la soberbia, es del diablo. El Padre espera a aquellos que se reconocen pecadores y va a buscar a aquellos que se sienten justos. Este es nuestro Padre”.

Francisco dijo además que “hay un tercer hijo escondido”. “Es el que no consideró como un privilegio ser como el Padre y se vació de sí mismo, asumiendo la condición de siervo”.

“Este Hijo-Siervo es la extensión de los brazos y del corazón del Padre: Él ha acogido al pródigo y ha lavado sus pies sucios; Él ha preparado el banquete para la fiesta del perdón. Él, Jesús, nos enseña a ser “misericordiosos como el Padre”

Francisco afirmó que el corazón de Dios es como el de este padre. “Él es el Padre misericordioso que en Jesús nos ama más allá de toda medida, espera siempre nuestra conversión cada vez que nos equivocamos, espera a nuestro regreso cada vez que nos alejamos de Él; está siempre dispuesto a abrir sus brazos a cualquier cosa que suceda”.

“En esta Cuaresma que todavía nos separa de la Pascua, estamos llamados a intensificar el camino interior de conversión. Dejémonos alcanzar por su mirada lleno de amor de nuestro Padre, y volvamos a Él con todo el corazón, rechazando a todo compromiso por el pecado”.

Fuente:AciPrensa

Reconocernos pecadores para acoger la misericordia…

en cuaresmaNos dice el Papa Francisco en su Homilia de Hoy.

Sólo si nuestro corazón está abierto, se puede acoger la misericordia de Dios. Es la exhortación del Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

El Pontífice puso de relieve la infidelidad del pueblo de Dios que sólo puede vencerse reconociéndonos pecadores para iniciar, así, un camino de conversión.

Un pacto de fidelidad. En las lecturas de la liturgia del día – comenzó explicando el Santo Padre– podemos ver la fidelidad del Señor y la “fidelidad fracasada” de su pueblo. Al comentar la Primera Lectura, tomada del Libro de Jeremías, el Papa reafirmó que “Dios siempre es fiel, porque no puede renegarse de sí mismo”, mientras el pueblo no escucha su Palabra. Jeremías – añadió Francisco – nos relata las “tantas cosas que ha hecho Dios para atraer los corazones del pueblo”, pero el pueblo permanece en su infidelidad.

Si el corazón es duro y está cerrado, la misericordia de Dios no entra

“Esta infidelidad del pueblo de Dios – reafirmó el Papa Bergoglio – y también la nuestra, nuestra propia infidelidad, endurece el corazón: ¡cierra el corazón!”:

“No deja entrar la voz del Señor que, como padre amoroso, siempre nos pide que nos abramos a su misericordia y a su amor. Hemos rezado en el Salmo, todos juntos: ‘Escuchen hoy la voz del Señor. ¡No endurezcan su corazón!’. El Señor siempre nos habla así, también con ternura de padre nos dice: ‘Vuelvan a mí con todo su corazón, porque soy misericordioso y piadoso’. Pero cuando el corazón es duro esto no se comprende. La misericordia de Dios sólo se comprende si tú eres capaz de abrir tu corazón, para que pueda entrar”.

El Papa Francisco dijo también que “el corazón se endurece y vemos la misma historia” en el pasaje del Evangelio de Lucas, donde Jesús es afrontado por aquellos que habían estudiado las Escrituras, “los doctores de la ley que conocían la teología, pero que eran tan cerrados”. La muchedumbre, en cambio,  “estaba asombrada”, “¡tenía fe en Jesús! Tenía el corazón abierto: imperfecto, pecador, pero abierto”.

Pedir perdón y no juzgar a los demás

Pero estos teólogos – añadió el Obispo de Roma – “¡tenían una actitud cerrada! Siempre buscaban una explicación por no entender el mensaje de Jesús”, “le pedían un signo del cielo. ¡Siempre cerrados! Y Jesús debía justificar lo que hacía”:

“Ésta es la historia, la historia de esta fidelidad fracasada. La historia de los corazones cerrados, de los corazones que no dejan entrar la misericordia de Dios, que han olvidado la palabra ‘perdón’ – ‘¡Perdóname Señor!’ – sencillamente porque no se sienten pecadores: se sienten jueces de los demás. Una larga historia de siglos. Y Jesús explica esta fidelidad fracasada con dos palabras claras, para poner fin, para terminar el razonamiento de estos hipócritas: ‘Quien no está conmigo, está contra mí’. ¡Claro! O eres fiel, con tu corazón abierto, a Dios que es fiel contigo o estás contra Él: ‘¡Quien no está conmigo, está contra mí!’”.

La fidelidad a Dios comienza con el hecho de sentirse pecadores

El Papa se preguntó si es posible alguna “negociación”. A lo que respondió afirmativamente, diciendo que existe una salida: “¡Confiésate pecador! Y si tú dices ‘yo soy pecador’ el corazón se abre, entra la misericordia de Dios y comienzas a ser fiel”:

“Pidamos al Señor la gracia de la fidelidad. Y el primer paso para ir por este camino de la fidelidad es sentirse pecador. Si tú no te sientes pecador, comienzas mal. Pidamos la gracia que haga que nuestro corazón no se endurezca, que esté abierto a la misericordia de Dios y a la gracia de la fidelidad. Y cuando nos encontramos nosotros, infieles, la gracia de pedir perdón”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Hoy en la Audiencia General

papa-francisco-audiencia-general-efePapa Francisco: La Iglesia no necesita dinero sucio, sino corazones abiertos a Dios.

La catequesis del Papa Francisco este miércoles en la Audiencia General trató la figura de Dios Padre que “ama a sus hijos, los ayuda, los cuida, los perdona”.

El Pontífice aseguró que “el pueblo de Dios, es decir la Iglesia, no necesita dinero sucio, necesita de corazones abiertos a la misericordia de Dios”.

“Es necesario acercarse a Dios con manos purificadas, evitando el mal y practicando el bien y la justicia” y “como padre, los educa y los corrige cuando se equivocan, favoreciendo su crecimiento en el bien”, añadió.

En la Plaza de San Pedro, el Pontífice comentó un texto del profeta Isaías en el que habla de “un padre afectuoso pero también atento y severo, que se dirige hacia Israel acusándolo de infidelidad y de corrupción, para llevarlo sobre la vía de la justicia”.

“Dios, mediante el profeta, habla al pueblo con la amargura de un padre decepcionado: ha hecho crecer a sus hijos, y ahora ellos se han revelado contra Él”, afirmó.

“El pueblo no reconoce más a Dios” pero “Dios deja de hablar del amor y apela a la conciencia de estos hijos degenerados para que se arrepientan y se dejen amar de nuevo”. Y esto “es lo que hace Dios: viene a nosotros para amarnos”, agregó.

Francisco recordó que en la Biblia se habla a menudo de la relación entre un padre y su hijo para mostrar la “alianza entre Dios y su pueblo”. “La misión educativa de los padres mira a hacerlos crecer en la libertad, a hacerlos responsables, capaces de realizar obras de bien para sí mismos y para los demás”, explicó.

Sin embargo, “a causa del pecado, la libertad se convierte en una reivindicación de autonomía y el orgullo lleva a la contraposición y a la ilusión de autosuficiencia”, dijo en la catequesis.

El Santo Padre destacó que Dios lo llama “mi” pueblo: “Dios no reniega nunca de nosotros”. “Esta pertenencia debería ser vivida en la confianza y en la obediencia, con la conciencia de que todo es un don que viene del amor del Padre”, pero en lugar de esto aparece “la vanidad, la necedad y la idolatría”.

Ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro, el Papa afirmó que “laconsecuencia del pecado es un estado de sufrimiento, del que sufre las consecuencias también el país, devastado y convertido en un desierto, hasta el punto de que Sión se transforma en inhabitable”.

“Donde existe el rechazo de Dios, de su paternidad, no hay más vida posible, la existencia pierde sus raíces, todo aparece pervertido y alienado”.

“La prueba es dada para que el pueblo pueda experimentar la amargura de quien abandona a Dios, y entonces confrontarse con el vacío desolado de una elección de muerte”.

En definitiva, “el sufrimiento, consecuencia inevitable de una decisión autodestructiva, debe hacer reflexionar al pecador para abrirlo a la conversión y al perdón”. Este “es el camino de la misericordia divina: Dios no nos trata según nuestras culpas”.

“El castigo se hace instrumento para provocar a la reflexión, se comprende así que Dios perdone a su pueblo” porque “deja abierta siempre la puerta a la esperanza”.

El Papa también manifestó que “la salvación implica la decisión de escuchar y dejarse convertir, pero permanece siempre como don gratuito”.

“El Señor, en su misericordia, indica un camino que no es la de los sacrificios rituales, sino la justicia”. “El culto es criticado no porque sea inútil en sí mismo, sino porque, en vez de expresar la conversión, pretende sustituirla; y se convierte así en búsqueda de la propia justicia, creando falsas convicciones que sean los sacrificios a salvar, no la misericordia divina que perdona el pecado”.

“Para entenderla bien: cuando alguien está enfermo va al médico; cuando uno se siente pecador va al Señor. Pero en vez de ir al médico, va al curandero no sana. Muchas veces preferimos ir por caminos equivocados, buscando una justificación, una justicia, una paz que nos es donada como don del propio Señor si no vamos y lo buscamos a Él”.

Francisco explicó que “Dios, dice el profeta Isaías, no le agrada la sangre de toros y de corderos sobre todo si la ofrenda es hecha con las manos manchadas por la sangre de los hermanos”.

Sobre el dinero, volvió a decir que “yo pienso en algunos benefactores de la Iglesia que vienen con sus ofrendas –“Tome para la Iglesia esta ofrenda”– es fruto de la sangre de tanta gente explotada, maltratada, esclavizada con el trabajo mal pagado. Yo diré a esta gente: ‘Por favor, llévate tu dinero, quémalo’.

Antes de concluir, el Santo Padre recordó a los refugiados “que desembarcan en Europa y no saben a dónde ir”. “Entonces, dice el Señor, los pecados, incluso si fueran como la escarlata, se harán blancos como la nieve, y cándidos como la lana, y el pueblo podrá nutrirse de los bienes de la tierra y vivir en la paz”.