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Evangelio de Hoy

Jesus orandoEvangelio de Hoy


Evangelio Hoy

Martes de la vigésima novena semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 12,35-38.

Jesús dijo a sus discípulos: “Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas.
Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.
¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo.
¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!”
Reflexionemos

San Vicente de Paúl (1581-1660)

presbítero, fundador de la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad

Entrevistas a las Hijas de la caridad, 31/07/1634

« Pequeños medios fáciles para ponerse en presencia de Dios » (Trad. ©Evangelizo.org)

Vean, mis hijas, la fidelidad que deben tener hacia Dios. El ejercicio de su vocación consiste en el recuerdo frecuente de la presencia de Dios; y para facilitarlo sírvanse del sonido que el reloj les dará, y entonces hagan algún acto de adoración. Hacer este acto, en sus corazones: «Dios mío, te adoro», o bien: «mi Dios, eres mi Dios», «mi Dios, te amo con todo mi corazón», «quisiera, oh Dios, que todo el mundo te conozca y te honre, para honrar los desprecios que sufriste en la tierra». Al comienzo de su acto, pueden cerrar los ojos para recogerse.

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Evangelio Hoy

Lunes de la vigésima novena semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 12,13-21.

En aquel tiempo:
Uno de la multitud le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”.
Jesús le respondió: “Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?”.
Después les dijo: “Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”.
Les dijo entonces una parábola: “Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho,
y se preguntaba a sí mismo: ‘¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha’.
Después pensó: ‘Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes,
y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida’.
Pero Dios le dijo: ‘Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?’.
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios”.
Reflexionemos

Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)

fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad

Un camino sencillo

« ¿Qué voy a hacer?» (Trad. ©Evangelizo.org©)

Todos aspiramos a ser felices y a estar en paz. Hemos sido creados para eso y no podemos encontrar la felicidad y la paz sin amar a Dios, amarlo nos trae felicidad y bienestar. Muchos, sobre todo en Occidente, piensan que vivir en la comodidad da la felicidad. Yo pienso que es más difícil ser feliz en la riqueza pues las preocupaciones para ganar dinero y conservarlo nos ocultan a Dios. Sin embargo, si Dios les ha confiado riquezas, háganlas que sirvan a sus obras: ayuden a los demás, ayuden a los pobres, creen empleos, den empleos a los demás. No malgasten vanamente su fortuna; tener una casa, honores, la libertad, la salud, todo esto nos ha sido confiado por Dios para ponerlo al servicio de aquellos que son menos afortunados que nosotros. Jesús dijo: «lo que hagan con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí» (Mt 25:40). Por consecuente, la única cosa que puede entristecerme es ofender a nuestro Señor por mi egoísmo, mi falta de caridad hacia los demás o de ofender a alguien. Hiriendo a los pobres, hiriéndonos los unos a los otros, herimos a Dios. Es a Dios a quien pertenece el dar y retomar (Job 1:21); compartan entonces lo que han recibido, incluso sus propias vidas.

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Evangelio Hoy

0 October 20, 2018 in Evangelio, Evangelio Del Dia by

Vigésimo noveno Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 10,35-45.

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”.
El les respondió: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”.
Ellos le dijeron: “Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”.
Jesús les dijo: “No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?”.
“Podemos”, le respondieron. Entonces Jesús agregó: “Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo.
En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados”.
Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos.
Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;
y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos.
Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.
Reflexionemos

San Juan Crisóstomo (c. 345-407)

presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

Homilías contra los anoméos, 8,6; PG 48, 776-777

“Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.”

    Lo que los dos hermanos, Juan y Santiago querían, al aspirar a los primeros puestos, a los cargos y honores más destacados, era según mi parecer, tener autoridad sobre los demás. Por esto Jesús se opone a su pretensión. Descubre y pone al desnudo sus pensamientos secretos cuando les dice: “El que quiera ser primero, sea esclavo de todos.” Dicho de otra manera: “Si aspiráis a los primeros puestos y a los grandes honores, buscad el último lugar, esforzaos a ser los más sencillos, los más humildes y pequeños entre todos. Poneos detrás de los otros. Esta es la virtud que conduce al honor que deseáis. Tenéis cerca de vosotros un ejemplo elocuente, ‘porque el Hijo del hombre  no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.’ Así obtendréis gloria y celebridad. Mirad lo que me toca vivir no busco ni honra ni gloria, y no obstante, el bien que realizo de esta manera es infinito.”     Lo sabemos: antes de la encarnación de Cristo  y su abajamiento, todo estaba perdido, todo estaba corrompido; pero, después de que él se humillara, nos lo ha revelado todo. Ha abolido la maldición, ha destruido la muerte, ha abierto el paraíso, ha dado muerte al pecado, ha roto los cerrojos de las puertas del cielo para introducir las primicias de nuestra humanidad. El ha propagado la fe por todo el mundo. Ha expulsado el error y ha establecido la verdad. Ha hecho tomar posesión del trono a las primicias de nuestra naturaleza. Cristo es el autor de beneficios innumerables que mi palabra ni ninguna palabra humana es capaz de expresar. Antes de su abajamiento, sólo los ángeles lo contemplaron, pero después que él se humillara la raza humana entera lo ha reconocido.

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Santoral

20 de Octubre

San Malco, monje

Conmemoración de san Malco, monje, del que san Jerónimo expuso por escrito el testimonio de su ascesis y de su vida en Maronea, cerca de Antioquía de Siria.

Los datos que poseemos sobre san Malco proceden de san Jerónimo, quien afirma haberlos oido de labios del propio santo. Hallándose en Antioquía, hacia el año 375, san Jerónimo visitó la ciudad de Maronia, que distaba unos cincuenta kilómetros, y conoció allí a un anciano muy piadoso llamado Malco (Malek). Interesado por lo que había oído contar sobre él, san Jerónimo interrogó personalmente a Malco, quien le refirió su historia. Había nacido en Nísibis y era hijo único. Desde muy joven, determinó consagrarse enteramente a Dios. Como se sintiese inclinado a casarse, huyó inmediatamente al desierto de Kalkis para reunirse con unos ermitaños. A los pocos años, se enteró de la muerte de su padre y pidió permiso a su abad para ir a consolar a su madre. El abad no vio con buenos ojos el proyecto y advirtió a Malco que se trataba de una sutil tentación del demonio. Malco insistió en que había heredado de su padre algún dinero con el que pensaba contribuir al ensanchamiento del monasterio, pero el abad, que era un hombre de Dios y sabía a qué atenerse, no se dejó persuadir y rogó a su joven discípulo que renunciase al proyecto. Sin embargo, Malco pensó que tenía el deber de ir a consolar a su madre y partió en contra de la voluntad de su abad.


La caravana en la que viajaba Malco fue atacada por los beduinos, entre Alepo y Edesa, y uno de los cabecillas lo tomó prisionero junto con una joven y condujo a ambos al corazón del desierto, más allá del Eufrates. Alli Malco se vio obligado a pastorear los rebaños del beduino, cosa que no le desagradaba. Naturalmente no le gustaba vivir entre gentiles, bajo el terrible sol del desierto al que no estaba acostumbrado. Pero, como él decía: «parecíame mi suerte muy semejante a la del santo Jacob y a la de Moisés, ya que ambos habían sido pastores en el desierto. Me alimentaba de dátiles, queso y leche. Oraba incesantemente en mi corazón y solía cantar los salmos que había aprendido entre los monjes». El amo de Malco, que estaba muy satisfecho con él, pues los esclavos no eran ordinariamente tan obedientes y fáciles de manejar como aquel prisionero, decidió buscarle una compañera. Un miembro de una tribu errante del desierto no podía comprender que un hombre determinase libremente permanecer célibe, ya que los jóvenes que aún no se habían casado, estaban obligados a vivir como criados en la tienda de otro hombre, puesto que únicamente las mujeres podían hacer los trabajos domésticos para atender a los hombres. Cuando el beduino ordenó a Malco que contrajese matrimonio con su compañera de cautiverio, éste se alarmó, dado que era monje y sabía que la joven era casada. Sin embargo, según parece, la joven no se oponía al proyecto. Pero cuando Malco declaró que estaba dispuesto a suicidarse antes que contraer matrimonio, la joven, herida en su amor propio (pues la naturaleza humana es siempre la misma a través de los siglos), le dijo que no tenía el menor interés por él y que podían simplemente fingir que estaban casados para complacer a su amo. Así lo hicieron, por más que la situación no satisfizo del todo a ninguno de los dos. Malco confesó a san Jerónimo: «Llegué a querer a esa mujer como a una hermana, pero sin poder tenerle la confianza que se tiene a una hermana».


Un día en que Malco se entretenía en observar un hormiguero, se le vino a la cabeza la idea de que la vida ordenada y laboriosa de los monjes se asemejaba mucho a la de una colonia de hormigas. Ese recuerdo le entristeció mucho, pues recordó cuán feliz había sido entre los monjes. Aquélla misma noche, al volver del pastoreo, dijo a su compañera que estaba decidido a huir. Ella, que quería también ir a reunirse con su marido, resolvió partir con Malco. Así pues, ambos huyeron juntos una noche, llevando sus provisiones en dos pellejas de cabra. Inflando las pellejas, consiguieron atravesar el Eufrates. Pero, al tercer día de marcha, divisaron a su amo y a otro hombre, que venían en su busca, jinetes en sendos camellos. Inmediatamente se escondieron cerca de la entrada de una caverna. El amo de Malco, imaginando que se habían refugiado allí, envió a su compañero a buscarlos. Como éste no volviese, el beduino penetró en la caverna y tampoco volvió a salir. ¡Cuál no sería el asombro de Malco y su compañera cuando vieron salir de la caverna una leona con su cachorro en el hocico y dentro encontraron a los dos beduinos muertos! Inmediatamente se apoderaron de los camellos y partieron con la mayor rapidez posible.


Al cabo de diez días, llegaron a un campamento romano en Mesopotamia. El capitán, a quien refirieron su historia, los envió a Edesa. San Malco retornó más tarde a su ermita de Kalkis y fue a terminar sus días en Maronia, donnde le conoció san Jerónimo. Su compañera de cautiverio no consiguió encontrar a su marido. Entonces, acordándose del amigo con el que había compartido tantas penas y que la había ayudado a escapar, fue a establecerse cerca de él, sin impedirle el servicio de Dios y de sus prójimos. Ambos murieron a edad muy avanzada.


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Evangelio Hoy

Sábado de la vigésima octava semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 12,8-12.

Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.
Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios.
Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir,
porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir”.
Reflexionemos

Carta de la Iglesia de Esmirna sobre el martirio de San Policarpo (69-155)

obispo

«El Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir»

En el momento en que Policarpo penetró en el estadio, una voz resonó desde el cielo: «Ánimo, Policarpo, y sé fuerte». Nadie vio quien era el que hablaba, pero algunos de los nuestros que estaban presentes oyeron la voz… Cuando la multitud supo quien era ese prisionero, se redoblaron los gritos. El procónsul le preguntó si él era Policarpo. Sí, respondió él. Éste intentaba disuadirlo para que renegara: « Respeta tu edad avanzada… Jura por la suerte del César, retráctate… Maldice a Cristo». A lo que Policarpo respondió: « Hace cuarenta y seis años que le sirvo, y no me ha hecho ningún mal. ¿Cómo podría ultrajar a mi rey y mi salvador?» Y como el otro volvía a lo mismo…, Policarpo prosiguió: «Puesto que se te ha metido en la cabeza hacerme jurar por la suerte del César, como me dices, y finges ignorar quien soy yo, escúchalo claramente de mí mismo: soy cristiano. Y si quieres aprender la sabiduría de mi religión, concédeme un día y escúchame». «Persuade al pueblo», replicó el procónsul. «Contigo, creo que puedo hablar. Porque nosotros hemos aprendido a respetar a las autoridades y a los magistrados que Dios ha puesto y guardarles el debido respeto, con la condición de que ese respeto no se vuelva en contra nuestra. Pero toda esa gente está faltada de la mínima dignidad para que yo me explique delante de ellos». «Tengo fieras, replicó el procónsul, y te echaré bajo sus dientes si no reniegas. – Llámalas, respondió Policarpo. – ¿Menosprecias a las bestias? ¿Te obstinas? Te entregaré a las llamas». Policarpo le dijo: « Me amenazas con un fuego que después de una hora se apaga porque no conoces el fuego del juicio futuro y del castigo eterno que aguarda a los impíos. Pero ¿por qué tardas? Haz según crees». Se precipitaron los acontecimientos; en menos tiempo del que se necesita para decirlo, todos se precipitaron hacia los talleres y los baños donde la gente recogió manojos de leña… Cuando la hoguera estuvo a punto, Policarpo se quitó él mismo sus vestidos, desató si cinturón y quiso también desligar sus sandalias, lo cual no acostumbraba, puesto que los fieles corrían a ayudarle… Este gran santo, ya antes de su martirio, había suscitado una inmensa veneración.

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Evangelio Hoy

Fiesta de san Lucas, evangelista

Evangelio según San Lucas 10,1-9.

El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’.
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
curen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’.”
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Evangelio Hoy

Miércoles de la vigésima octava semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 11,42-46.

«¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas!
¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven y sobre los cuales se camina sin saber!”.
Un doctor de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: «Maestro, cuando hablas así, nos insultas también a nosotros».
El le respondió: «¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!»
Reflexionemos

Beato John Henry Newman (1801-1890)

teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra

Sermón “Las ceremonias de la iglesia”; PPS, vol. 2, n°7

“La tradición y la voluntad de Dios”

No importa mucho la manera por la que aprendemos a conocer la voluntad de Dios. Puede ser por la Sagrada Escritura, por la tradición apostólica, o bien por lo que San Pablo llama la “naturaleza”. Lo que importa es que estemos seguros que es la voluntad de Dios. En realidad, Dios nos revela el contenido de la fe por la inspiración, es un asunto de orden sobrenatural. Pero nos ilumina sobre las cuestiones prácticas de la moral a través de nuestra propia conciencia, guiada por Dios mismo. Las cuestiones formales, nos las revela por la tradición de la Iglesia, para ponerlas en práctica, aunque no deriven de la Sagrada Escritura. Lo digo para responder a las preguntas que nosotros mismos nos podemos hacer: “¿Porqué observar ritos y formas que no son prescritos por la Escritura?” La Escritura nos prescribe lo que hay que creer, aquello hacia lo cual hay que tender, lo que hay que mantener. Pero no nos habla de la manera concreta de hacerlo. Dado que no podemos hacerlo más que de esta o de aquella manera, forzosamente añadiremos algo a lo que la Sagrada Escritura nos dice. Nos recomienda, p. e. reunirnos para la oración, relaciona su eficacia (de la oración) a la unión de corazones. Pero la Escritura no indica ni el momento ni el lugar de la oración, la Iglesia tiene que completar lo que la Escritura simplemente prescribe de forma general… Se puede decir que la Biblia nos da el espíritu de nuestra religión; la Iglesia, en cambio, modela el cuerpo donde este espíritu se encarna. La gente que intenta adorar a Dios de una manera, digamos “puramente espiritual”, acaban por no adorarlo en absoluto. Es un hecho corriente. Cada uno puede verlo por su propia experiencia… No, la Escritura no nos tiene que revelar todo; nos da los medios para descubrir todas las cosas. Dios nos ha prometido su luz, pero a su manera, no a la nuestra.

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Evangelio Hoy

Martes de la vigésima octava semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 11,37-41.

Cuando terminó de hablar, un fariseo lo invitó a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa.
El fariseo se extrañó de que no se lavara antes de comer.
Pero el Señor le dijo: “¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia.
¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro?
Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro.
Reflexionemos

San Juan de la Cruz (1542-1591)

carmelita descalzo, doctor de la Iglesia

Avisos espirituales – Dichos de luz y amor

«Dios también hace el interior… Entonces todo será puro para vosotros»

Oración de alma enamorada: ¡Señor Dios, amado mío! Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos, Dios mío, tu voluntad, que es lo que yo más quiero, y ejercita tu bondad y misericordia y serás conocido en ellos. Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego, dámelas tú y óbramelas, y las penas que tú quisieras aceptar, y hágase… ¿Quién se podrá librar de los modos y términos bajos si no le levantas tú a ti en pureza de amor, Dios mío? ¿Cómo se levantará a ti el hombre, engendrado y criado en bajezas, si no le levantas tú, Señor, con la mano que le hiciste? No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero. Por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero. ¿Con qué dilaciones esperas, pues desde luego puedes amar a Dios en tu corazón? Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. (Cf 1C 3,22-23) Pues ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en meajas que se caen de la mesa de tu Padre. Sal fuera y gloríate en tu gloria, escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón (Sl 36,4).

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Evangelio Hoy

Lunes de la vigésima octava semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 11,29-32.

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: “Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.
Reflexionemos

San Juan Crisóstomo (c. 345-407)

presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

Cuarta homilía sobre la primera Carta a los Corintios

«El signo de Jonás» (Trad. ©Evangelizo.org©)

Lloremos por los paganos que no comprenden la salvación que Dios quiere darles…si, un esposo ama menos a su mujer que lo que nosotros amamos a todos los hombres y, por eso, quisiéramos llevarlos a todos a la salvación. Lloremos y gimamos por los que no creen, porque para ellos «el lenguaje de la cruz es una locura» por lo que en realidad es «poder de Dios y sabiduría de Dios» (1 Cor 18-24). ¡Mira, oh hombre! Por ti Jesucristo tomo la forma de esclavo (Fil 2:7), por ti murió en la cruz, por ti resucitó. ¿Y dices que es imposible creer en tal prueba de amor, de adorar un tal Dios? por lo que este Rey hizo por ti, que eres su enemigo, lo que un padre, un hijo o un amigo no habría hecho por ti. Cuando leo: «Mi Dios fue clavado en la cruz», el pagano responde: «La razón no puede admitir esto. Él sufre y se deja crucificar; ¿no puede salvarse a sí mismo? Si no puede hacerlo, ¿cómo es que puede salvar a los demás?» (Mt 27:42) Todo esto es contrario a la razón.» Es cierto, la cruz es un misterio que sobrepasa la razón humana, es el signo de un poder que va más allá de nuestro entendimiento. Los tres Hebreos triunfaron en las llamas después de haber sido echados al horno ardiente (Dn 3), esto fue más prodigioso que si no hubiesen sido echados. Jonás fue tragado por una ballena, esto es normal, sin embargo que haya podido vivir dentro del monstruo, he allí el prodigio. Del mismo modo, Cristo comprobaba mejor su divinidad triunfando sobre la muerte en el seno mismo de la muerte que rehusando a morir.

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Evangelio de Hoy

Sábado de la vigésima séptima semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 11,27-28.

Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: “¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!”.
Jesús le respondió: “Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”.
Reflexionemos
  • San Agustín (354-430)

    obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia

    Sermón sobre el Evangelio de Mateo, n° 25, 7-8 ; PL 46, 937 (trad. bréviaire 21/11)

    Dichosa la madre que te llevó en sus entrañas

    Atiende a lo que dice Cristo, el Señor, extendiendo la mano hacia sus discípulos: ” He aquí mi madre y mis hermanos “. Y luego: ” El que hace la voluntad de mi Padre, que me envió, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre ” (Mt 12,49-50). ¿ Acaso la Virgen María no hizo la voluntad del Padre, ella que creyó por la fe, que concibió por la fe?… Santa María hizo, sí, la voluntad del Padre, y por consiguiente… María fué bienaventurada, porque, antes de dar a luz al Maestro, lo llevó en su seno. Ved si lo que digo no es verdad. Cuando el Señor pasaba, seguido por la muchedumbre y haciendo milagros, una mujer se puso a decir: “¡Feliz y bienaventurado, el pecho qué te llevó!” ¿ Y qué le replicó el Señor, para evitar que se coloque la felicidad en la carne? “¡ Feliz más bien aquellos qué escuchan la palabra de Dios y la cumplen!”. Pues, María es bienaventurada también porque oyó la palabra de Dios y la cumplió: su alma guardó la verdad más, que su pecho guardó la carne. La Verdad, es Cristo; la carne, es Cristo. La verdad, es Cristo en el corazón de María; la carne, es Cristo en el seno de María. Lo que está en el alma es más que lo que está en el seno. ¡Santa María, bienaventurada María!… Pero vosotros, queridísimos, mirad:vosotros sois miembros Cristo, y sois el cuerpo del Cristo (1Co 12,27)… « El que escucha y hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana, mi madre”… Porque sólo hay una herencia. Y es por eso que Cristo, aunque era el Hijo único, no quiso ser único; en su misericordia, quiso que fuéramos herederos del Padre, que fuéramos herederos con Él (Rm 8,17).

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