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Evangelio de Hoy

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Evangelio Hoy

Miércoles de la undécima semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18. 

Jesús dijo a sus discípulos: 
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. 
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, 
para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. 
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, 
para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

Reflexionemos

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Explicación del sermon sobre la montaña, 3, 11

«Reza a tu Padre en lo secreto»

«Cuando oréis, dice Jesús, entrad en vuestra habitación» ¿Cuál es esta habitación sino el mismo corazón, como lo indica el salmo en el que está escrito: «lo que digáis en vuestro corazón, en vuestra habitación lamentadlo? « (Ps 4,5).  «Y después de haber cerrado las puertas orad, dijo, a vuestro Padre en secreto» no basta con entrar en su habitación, si la puerta permanece abierta a los inoportunos, por esta puerta se introduce subrepticiamente las banalidades de fuera, que invaden el interior. Desde fuera, como hemos dicho, las realidades pasajeras y sensibles penetran por la puerta, en nuestros pensamientos, es decir, por nuestro sentido y perturban nuestra oración, por una muchedumbre de fantasmas vanos. Es preciso pues cerrar la puerta, lo que quiere decir resistir a los sentidos  para que una oración plenamente espiritual suba hasta el Padre, brote de lo profundo de nuestro corazón, donde oremos al Padre en secreto.

«Y vuestro Padre,dice, quien ve en el secreto te lo premiará » Tal debía ser la conclusión. El Señor no tiene aquí la intención de ordenarnos la oración si no de enseñarnos como orar; de igual manera que anteriormente no nos ordenaba la limosna sino la intención de  hacerla, porque exige la pureza del corazón que no puede obtenerse sino que por una intención única y simple orientada hacia la vida eterna por el único y puro amor de la bondad.

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Evangelio Hoy

Lunes de la undécima semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 5,38-42. 

Jesús, dijo a sus discípulos: 
Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. 
Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. 
Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; 
y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. 
Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado. 

Reflexionemos

San Cesáreo de Arlés (470-543), monje y obispo
Sermones al pueblo, n° 23, 4-5, inspirándose de san Agustín (Trad. ©Evangelizo.org)

«Yo les digo que no respondan al malvado»

«Quien observa toda la ley pero falta en un solo precepto, infringe el conjunto de la Ley» (St 2:10). ¿Cuál es ese único precepto sino el verdadero amor, la caridad perfecta? Es de ella que el apóstol Pablo ha dicho también: «Una sola formula contiene toda la Ley en su plenitud: Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Pues la verdadera caridad es paciente en la adversidad y moderada en la prosperidad. Es fuerte en el doloroso sufrimiento, alegre en las buenas obras, perfectamente segura en la tentación. La caridad es mansa entre los verdaderos hermanos, y muy paciente entre los falsos. Es inocente en medio de las emboscadas; gime en medio de la maldad; respira en la verdad. Es casta en Susana casada, viuda en Ana, virgen en María (Dn 13, 1s; Lc 2:36). Es humilde en la obediencia de Pedro y libre en la argumentación de Pablo. Es humana en los testimonios de los cristianos, divina en el perdón de Cristo. Pues la verdadera caridad, hermanos muy queridos, es el alma de todas las Escrituras, la fuerza de la profecía, el armazón del conocimiento, el fruto de la fe, la riqueza de los pobres, la vida de los moribundos. Guárdenla entonces fielmente; aprécienla de todo su corazón y de toda la fuerza de su espíritu (Mc 12:30).

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Undécimo Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 4,26-34. 

Y decía: “El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: 
sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. 
La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. 
Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”. 
También decía: “¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? 
Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, 
pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”. 
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. 
No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo. 

Reflexionemos

San Cromacio de Aquilea (¿-407), obispo
Sermón 30, 2

El grano de trigo que cae en tierra y muere, da mucho fruto (Jn 12,24).

El Señor se comparó a sí mismo a un grano de mostaza: siendo Dios de gloria y majestad eterna, se hizo un niño muy pequeño, puesto que quiso nacer de una virgen tomando un cuerpo de niño. Lo pusieron en tierra cuando su cuerpo fue enterrado. Pero después de haberse enderezado de entre los muertos por su gloriosa resurrección, creció tanto en la tierra que llegó a ser un árbol en cuyas ramas habitan los pájaros del cielo.

Este árbol significa la Iglesia que la muerte de Cristo resucitó en  gloria. Sus ramas sólo pueden significar a los apóstoles porque, igual que las ramas son el ornamento natural del árbol, así también los apóstoles, por la belleza de la gracia que han recibido, son el ornamento de la Iglesia de Cristo. Se sabe que sobre sus ramas habitan los pájaros del cielo. Alegóricamente, los pájaros del cielo somos nosotros que, llegando a la Iglesia de Cristo, descansamos sobre la enseñanza de los apóstoles, tal como los pájaros lo hacen sobre las ramas.


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Sábado de la décima semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 5,33-37. 

Jesús dijo a sus discípulos: 
Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. 
Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. 
No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. 
Cuando ustedes digan ‘sí’, que sea sí, y cuando digan ‘no’, que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno. 

Reflexionemos

Doroteo de Gaza (c. 500 -?), monje en Palestina
Instrucción.

La nueva Ley: “Yo les digo”

La ley decía: “ojo por ojo, diente por diente” (Ex. 21. 24).Pero el Señor exhorta no sólo a recibir con paciencia el golpe de quien nos abofetea, sino más aun a presentarle humildemente la otra mejilla. (Mt. 5,38-39). Pues el objeto de la ley era enseñarnos a no hacer lo que no queríamos sufrir. Nos impedía pues hacer el mal, por miedo de sufrir. Pero lo que ahora se pide, lo repito, es arrojar el odio, el amor del placer, el amor de la gloria y demás pasiones.

En una palabra, el designio de Cristo nuestro señor es precisamente enseñarnos cómo hemos venido a cometer todos esos pecados y cómo hemos sucumbido en todos estos perversos días. Nos ha pues primero, liberado por el santo bautismo concediéndonos la remisión de los pecados; después nos ha dado el poder de hacer el bien, si queremos, y de no ser arrastrados de manera forzada en el mal.

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Evangelio Hoy

Viernes de la décima semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 5,27-32. 

Jesús dijo a sus discípulos: 
Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. 
Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. 
Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. 
Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. 
También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. 
Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio. 

Reflexionemos

Beato Pablo VI, papa 1963-1978
Carta encíclica Humanae vitae, 8-9

«Dios creó al hombre a su imagen, hombre y mujer los creó» (Gn 1,27)

Se conoce la verdadera naturaleza y la verdadera nobleza del amor conyugal cuando se le considera desde su fuente suprema: Dios que es amor… El matrimonio, pues, no es efecto de la casualidad o un producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes: es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor. Por medio de la donación personal recíproca… los esposos tienden a la mutua comunión de sus mismos seres en vista a un mutuo perfeccionamiento personal, y así colaborar con Dios a la generación y educación de nuevas vidas. Además, para los bautizados, el matrimonio reviste la dignidad de signo sacramental de la gracia en tanto que representa la unión de Cristo y la Iglesia (Ef 5,32).

Bajo esta luz aparecen claramente las notas y las exigencias características del amor conyugal… Ante todo es un amor plenamente humano, es decir, a la vez sensible y espiritual. No es pues, de ninguna manera, un simple intercambio de instintos y sentimientos, sino también, y sobre todo, un acto de voluntad libre, destinado a mantener y hacer crecer el amor a través de los gozos y los sufrimientos de la vida cotidiana, de tal manera que los esposos lleguen a ser un solo corazón y una sola alma y juntos alcancen su perfección humana.

Es, seguidamente, un amor total, es decir, una forma del todo especial de amistad personal mediante la cual los esposos comparten generosamente todas las cosas, sin reservas indebidas ni cálculos egoístas. Quien verdaderamente ama a su cónyuge no le ama tan sólo por lo que de él recibe, sino por él mismo, dichoso de poderle enriquecer con el don de sí mismo.

Es también un amor fiel y exclusivo hasta la muerte. En efecto, es así que lo conciben el esposo y la esposa el día en que libremente y con plena conciencia asumen el compromiso matrimonial… Finalmente, es un amor fecundo que no se agota en la común unión entre los esposos, sino que está destinado a perpetuarse suscitando nuevas vidas.

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Evangelio Hoy

Miércoles de la décima semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 5,17-19. 

Jesús dijo a sus discípulos: 
«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. 
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.» 

Reflexionemos

Catecismo de la Iglesia Católica
§ 577-581

El cumplimiento de la Ley

Al comienzo del Sermón de la Montaña, Jesús hace una advertencia solemne presentando la Ley dada por Dios en el Sinaí con ocasión de la Primera Alianza, a la luz de la gracia de la Nueva Alianza: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he veniso a abolir sino a dar cumplimiento”…

Jesús, el Mesías de Israel, por lo tanto el más grande en el Reino de los cielos, se debía sujetar a la Ley cumpliéndola en su totalidad hasta en sus menores preceptos, según sus propias palabras. Incluso es el único en poderlo hacer perfectamente… El cumplimiento perfecto de la Ley no podía ser sino obra del divino Legislador que nació sometido a la Ley en la persona del Hijo (Gal 4,4). En Jesús la Ley ya no aparece gravada en tablas de piedra sino “en el fondo del corazón” (Jr 31,33) del Siervo, quien , por “aportar fielmente el derecho” (Is 42,3), se ha convertido en “la Alianza del pueblo” (Is 42,6). Jesús cumplió la Ley hasta tomar sobre sí mismo “la maldición de la Ley” (Gal 3,13) en la que habían incurrido los que no “practican todos los preceptos de la Ley” (Gal 3,10) porque, ha intervenido su muerte para remisión de las transgresiones de la Primera Alianza” (Heb 9,15)…

Jesús “enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas” (Mt 7,29). La misma Palabra de Dios, que resonó en el Sinaí para dar a Moisés la Ley escrita, es la que en Él se hace oír de nuevo en el monte de las Bienaventuranzas: Esta palabra n o revoca la Ley sino que la perfecciona aportando de modo divino su interpretación definitiva: “Habéis oído también que se dijo a los antepasados,… pero yo os digo” (Mt 5,33-34). Con esta misma autoridad divina , desaprueba ciertas “tradiciones humanas” (Mc 7,8) de los fariseos que “anulan la Palabra de Dios” (Mc 7,13).

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Evangelio Hoy

Martes de la décima semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 5,13-16. 

Jesús dijo a sus discípulos: 
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. 
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. 
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. 
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Reflexionemos

Sermón atribuido a San Máximo de Turín (¿-c. 420), obispo

Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo

El Señor dijo a sus apóstoles: “Vosotros sois la luz del mundo”. ¡Qué justas son las comparaciones que el Señor emplea para describir a nuestros padres en la fe! Los llama “sal”, a ellos que nos enseñan la sabiduría de Dios, y “luz”, a ellos que liberan nuestros corazones de la ceguera y las tinieblas de nuestra incredulidad.

Con razón los apóstoles reciben el nombre de luz: anuncian en la oscuridad del mundo la claridad del cielo y el esplendor de la eternidad. ¿Acaso Pedro no se convirtió en luz para el mundo entero y para todos los fieles, cuando le dijo al Señor: ” Tu eres Cristo, el Hijo de Dios vivo “? (Mt 16,16) y ¿Qué mayor claridad habría podido recibir el género humano, que saber por Pedro, que el Hijo de Dios vivo era el creador de esta luz?

Y San Pablo no es una luz menor para que el mundo: mientras el mundo entero estaba cegado por las tinieblas del mal, ascendió al cielo (2 Corintios 12:2) y, a su regreso, reveló los misterios del esplendor eterno. Por eso no pudo ocultarse, la ciudad fundada sobre una montaña, ni se ocultarse debajo de la cama, porque Cristo, por la luz de su majestad, lo  había encendido como una lámpara de elección, repleta del aceite del Espíritu Santo. Por lo tanto, amados míos, al renunciar a las ilusiones de este mundo, estamos comprometidos a buscar el sabor de la sabiduría de Dios, degustar la sal de los apóstoles.

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Evangelio Hoy

Memoria de san Bernabé, apóstol

Evangelio según San Mateo 10,7-13. 

Jesús dijo a sus apóstoles: 
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. 
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.” 
No lleven encima oro ni plata, ni monedas, 
ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. 
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. 
Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. 
Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes. 

Reflexionemos

San Gregorio Magno (c. 540-604), papa y doctor de la Iglesia
Homilías sobre el Evangelio, nº30 (Trad. ©Evangelizo.org)

«San Bernabé, apóstol que proclama que el Reino de los cielos está cerca» (Trad. ©Evangelizo.org)

« ¿Cómo podría yo amar a alguien que no conozco?»…Si no podemos ver a Dios, tenemos sin embargo otros medios para levantar el ojo de nuestro espíritu hasta él. Si no nos es posible verle en él mismo, podemos desde ya verle en sus servidores. Viendo que cumplen maravillas, podemos estar seguros de que Dios mora en ellos…Ninguno de entre nosotros puede ver directamente el sol fijándolo al momento en el que se levanta con todo su brillo, pues los ojos quedan deslumbrados al fijarlos en sus rayos. Pero miramos las montañas que el sol ilumina, y vemos por esto que ya ha salido. De este modo, puesto que no podemos ver el Sol de justicia en él mismo (Ml 3:20), miremos las montañas que su claridad ilumina, es decir los santos apóstoles, que brillan por sus virtudes, que resplandecen por sus milagros…En efecto el poder de Dios en él mismo, es el sol en el cielo; el poder de Dios extendido sobre los hombres, es el sol sobre la tierra…

Pero la condición para no tropezar en el camino sobre la tierra es amar a Dios y a nuestro prójimo con todo nuestro espíritu (Mt 22:37s)…Es por esto que el Espíritu ha sido dado a los discípulos en dos ocasiones: primero por el Señor cuando vivía en la tierra, luego por el Señor cuando reinaba en el cielo (Jn 20:22; Hch 2). Nos es dado sobre la tierra para amar al prójimo, y del cielo para amar a Dios. Pero ¿por qué primero nos es dado sobre la tierra, y en seguida del cielo, sino para darnos a comprender claramente esta palabra de Juan: «quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve»? (1 Jn 4:20). De este modo hermanos míos, apreciemos a nuestro prójimo; amemos al que está cerca de nosotros, para que nos sea posible amar a aquel que está sobre nosotros… a fin de merecer disfrutar en Dios una alegría perfecta con el mismo prójimo.

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Evangelio Hoy

Décimo Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 3,20-35. 

Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. 
Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: “Es un exaltado”. 
Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: “Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios”. 
Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: “¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? 
Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. 
Y una familia dividida tampoco puede subsistir. 
Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. 
Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. 
Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. 
Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre”. 
Jesús dijo esto porque ellos decían: “Está poseído por un espíritu impuro”. 
Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. 
La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: “Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera”. 
El les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. 
Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. 
Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”. 

Reflexionemos

San Juan Pablo II (1920-2005), papa
Encíclica “Dominum et vivificantem”, § 46 (trad. © Libreria Editrice Vaticana)

El pecado contra el Espíritu Santo

¿Por qué la blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable? ¿En qué sentido hay que entender esta blasfemia? Santo Tomás de Aquino responde que se trata de un pecado “irremisible por su misma naturaleza porque excluye los elementos gracias a los cuales se concede la remisión de los pecados”. Según tal exégesis, esta blasfemia no consiste, propiamente, en decir palabras ofensivas contra el Espíritu Santo, sino que consiste en no querer recibir la salvación que Dios ofrece al hombre a través del Espíritu Santo que actúa en virtud del sacrificio de la cruz. Si el hombre rechaza la “manifestación del pecado” que viene del Espíritu Santo (Jn 16,8) y que tiene un carácter salvífico, rechaza, al mismo tiempo, la “venida” del Paráclito (Jn 16,7), “venida” que tiene lugar en el misterio de Pascua, en unión con el poder redentor de la Sangre de Cristo, Sangre que “purifica la conciencia de las obras muertas” (Heb 9,14).

Sabemos que el fruto de una tal purificación es la remisión de los pecados. En consecuencia, quien rechaza al Espíritu y la Sangre (cf 1Jn 5,8) permanece en las “obras muertas”, en el pecado. Y la blasfemia contra el Espíritu Santo consiste, precisamente, en el rechazo radical de esta remisión de la cual él es el dispensador íntimo, y que presupone la verdadera conversión que él opera en la conciencia. Si Jesús dice que el pecado contra el Espíritu Santo no puede ser perdonado ni en este mundo ni en el otro es porque esta “no-remisión” está ligada, como a su causa, a la “no-penitencia”, es decir, al rechazo radical de convertirse…

La blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado cometido por el hombre que presume y reivindica el “derecho” a perseverar en el mal –en el pecado, cualquiera que sea su forma- y por ahí mismo rechaza la Redención. El hombre permanece encerrado en el pecado, haciendo, pues, por su parte, imposible la conversión y, por consiguiente, también la remisión de los pecados, la cual él no juzga esencial ni importante para su vida. En este caso, hay una situación de ruina espiritual, porque la blasfemia contra el Espíritu Santo no permite al hombre salir de la cárcel en la cual él mismo se ha encerrado.

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Evangelio Hoy

Memoria del Inmaculado Corazón de María

Evangelio según San Lucas 2,41-51. 

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. 
Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, 
y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. 
Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. 
Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. 
Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 
Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. 
Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. 
Jesús les respondió: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?”. 
Ellos no entendieron lo que les decía. 
El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. 

Reflexionemos

San Vicente de Paúl (1581-1660), presbítero, fundador de la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad
Entrevistas a las Hijas de la Caridad, 31/07/1634 (Trad. ©Evangelizo.org)

«Y vivió sujeto a ellos»

Como la obediencia perfecciona todas mis obras, es necesario que, entre ustedes, haya siempre alguien que se ocupe de ser superiora. A veces será una, a veces será otra. Es lo que hacemos en las misiones; ¿esto no les parece necesario? ¡Que Dios encuentre agradable la sumisión que ustedes le hacen para honrar la sumisión de su Hijo a San José y a la Santa Virgen! Estén alerta, hijas mías, de mirar siempre a la que sea superiora como a la Virgen María; vean incluso a Dios en ella, y se beneficiarán más en un mes que lo que harían en un año sin esto. Obedeciendo aprenderán la santa humildad; y ordenando por obediencia, enseñarán a las demás de forma útil. Quiero decirles, para animarlas a practicar la santa obediencia, que, cuando Dios me puso ante la Señora Superiora General, me propuse obedecerle como a la Santa Virgen, y Dios sabe cuánto bien me hizo.

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