Evangelio Hoy

Martes de la séptima semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 9,30-37. 

Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, 
porque enseñaba y les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará”. 
Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas. 
Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: “¿De qué hablaban en el camino?”. 
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. 
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”. 
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: 
“El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado”. 

Reflexionemos

San Gregorio Nacianceno (330-390), obispo y doctor de la Iglesia
Homilía para la fiesta de Pascua: PG 36, 624

«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos»

Algunos están sumergidos en la incertidumbre a causa de los estigmas de la Pasión sobre el cuerpo de Cristo y se preguntan: «¿Quién es ese Rey de la gloria?» (Sl 23,7). Respóndeles que es Cristo fuerte y poderoso (v.8) en todo lo que siempre ha hecho y sigue haciéndolo… Hazles ver la belleza de la túnica que llevaba el cuerpo sufriente de Cristo, embellecido por su Pasión y transfigurado por el resplandor de la divinidad, esta túnica de gloria que hace de él el mas bello y más digno de ser amado en el mundo… ¿Acaso es pequeño porque se ha hecho humilde por ti? ¿Acaso es despreciable por haber ofrecido, como Buen Pastor, su vida por su rebaño (Jn 10,1), porque vino a buscar la oveja perdida y, habiéndola encontrado, se la pone sobre sus hombros que por ella han llevado la cruz, y habiéndola vuelto al redil, la cuenta entre el número de las ovejas fieles que habían quedado en el establo? (Lc 15,4s). ¿Acaso crees que es menos grande porque se ciñe con una toalla para lavar los pies a sus discípulos enseñándoles así que el medio más seguro para llegar a ser grande es abajarse? (Jn 13,4; Mt 23,12) ¿Por qué inclinando su alma hacia el suelo se abaja a fin de levantar hasta él a los que se doblan bajo el peso del pecado? ¿Le echas tú en cara el haber comido con publicanos y pecadores para salvarlos? (Mt 9,10)

Conoció la fatiga, el hambre, la sed, la angustia y las lágrimas, según la ley de la naturaleza humana. Pero, como Dios ¿qué es lo que no ha hecho?… Tenemos necesidad de un Dios hecho hombre, hecho mortal para poder vivir. Hemos compartido su muerte que nos purifica; por su muerte nos hace participar de su resurrección; por su resurrección nos hace compartir su gloria.

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