Category Archives: Evangelio Del Dia

Evangelio Hoy

El Bautismo del Señor, Fiesta
Evangelio según San Lucas 3,15-16.21-22.

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías,
él tomó la palabra y les dijo: “Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.
Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo
y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”.

Reflexionemos

San Cromacio de Aquilea (¿-407)

obispoSermones sobre la Epifanía, 34; CCL 9A, 156-157

Del bautismo de Cristo a nuestro bautismo

¡Qué gran misterio encierra el bautismo de nuestro Señor y Salvador! El Padre se deja oír desde lo alto del cielo, el Hijo es visto en la tierra, el Espíritu Santo se muestra bajo la forma de una paloma. Porque no hay verdadero bautismo ni verdadera remisión de los pecados allí donde no hay la verdadera Trinidad… El bautismo que da la Iglesia es único y verdadero, sólo se da una vez y, siendo sumergidos una sola vez, somos purificados y renovados. Purificados porque se deja la suciedad del pecado; renovados, porque se resucita para una vida nueva después de haberse despojado de la vetustez del pecado. En el bautismo del Señor, pues, los cielos se abren a fin de que, por el baño del nuevo nacimiento, descubramos que el Reino de los cielos se abre a los creyentes, tal como lo dice la palabra del Señor: “El que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios” (Jn 3,5). Entra en él, pues, el que renace y no descuida perseverar en su bautismo… Puesto que nuestro Señor vino a darnos el nuevo bautismo para la salvación del género humano y la remisión de todos los pecados, ha querido él mismo ser bautizado primero, no para ser despojado del pecado pues no lo había cometido, sino para santificar las aguas del bautismo y así destruir los pecados de todos los creyentes renacidos por las aguas del bautismo.


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Evangelio Hoy

Sábado de tiempo de Navidad después de la Epifanía del Señor
Evangelio según San Juan 3,22-30.

Después de esto, Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba.
Juan seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar.
Juan no había sido encarcelado todavía.
Se originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación.
Fueron a buscar a Juan y le dijeron: “Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a él”.
Juan respondió: “Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo.
Ustedes mismos son testigos de que he dicho: ‘Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de él’.
En las bodas, el que se casa es el esposo; pero el amigo del esposo, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto.
Es necesario que él crezca y que yo disminuya.

Reflexionemos

San Agustín (354-430)

obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la IglesiaSermón 194, onceavo sermón sobre la Natividad del Señor (frm trad. ©evangelizo.org©)

“Es mi alegría, y estoy colmado de ella”

Escuchen, hijos de la luz, ustedes que han sido adoptados en vista del Reino de Dios; escuchen, queridos hermanos; escuchen y salten de júbilo en el Señor, ustedes los justos, ya que “a sus corazón rectos, les es propia la alabanza” (Sal 33,1). ¡Escuchen lo que ya saben, mediten lo que han escuchado, amen lo que creen, proclamen lo que aman!… Cristo nació, Dios por su Padre, hombre por su madre; nació de la inmortalidad de su Padre y de la virginidad de su madre. De su padre, sin la ayuda de una madre; de su madre, sin el del padre. De su Padre, sin el tiempo; de su madre, sin la simiente. De su Padre, es el principio de vida; de su madre, el fin de la muerte. De su Padre, nació para fijar el orden de los días; de su madre, para consagrar este mismo día. Delante de él envió a Juan el Bautista, a quién hizo nacer cuando los días comienzan a decrecer, y él mismo nació cuando los días comienzan a alargarse, prefigurando de este modo las palabras del mismo Juan: “Él, tiene que crecer, y yo tengo que disminuir”. En efecto, la vida humana debe debilitarse en ella misma y aumentarse en Jesucristo, “afín de que los que viven ya no vivan su vida centrados en ellos mismos, sino en él, que murió y resucitó por ellos” (2 Co 5,15). Para que cada uno de nosotros pueda repetir estas palabras del apóstol Pablo: “yo ya no vivo, pero Cristo que vive en mí” (Ga 2,20).


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Evangelio Hoy

Viernes de tiempo de Navidad después de la Epifanía del Señor
Evangelio según San Lucas 5,12-16.

Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante él y le rogó: “Señor, si quieres, puedes purificarme”.
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. Y al instante la lepra desapareció.
El le ordenó que no se lo dijera a nadie, pero añadió: “Ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”.
Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades.
Pero él se retiraba a lugares desiertos para orar.

Reflexionemos

San Buenaventura (1221-1274)

franciscano, doctor de la IglesiaVida de San Francisco, Leyenda mayor, c. 1

«Jesús extendió la mano y lo tocó»

Un día que Francisco estaba en la soledad orando y, llevado por su fervor estaba totalmente absorto en Dios, se le apareció Cristo en la cruz. Ante esta visión «su alma se le salió de sí» (Ct 5,6) y el recuerdo de la Pasión de Cristo le penetró tan profundamente que a partir de aquel momento difícilmente podía retener el llanto y dejar de suspirar cuando pensaba en el Crucificado; él mismo lo confesó un día poco antes de su muerte. Y es así cómo comprendió que era dirigida a él la palabra del Evangelio: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mt 16,24). Desde aquel momento se entregó al espíritu de pobreza, al gusto por la humildad y a los impulsos de una profunda piedad. Así como antiguamente no tan sólo la compañía sino el mero hecho de ver a un leproso, aunque fuera de lejos, le horrorizaba, ahora y desde aquel momento, con un perfecto olvido de sí, se entregaba a darles todos lo servicios posibles, siempre humilde y muy humano, por Cristo crucificado que, según la palabra del profeta, fue considerado y «despreciado como a un leproso» (Is 53,3).


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Evangelio Hoy

Jueves de tiempo de Navidad después de la Epifanía del Señor
Evangelio según San Lucas 4,14-22a.

Jesús volvió a Galilea con el poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región.
Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca.


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Evangelio Hoy

Miércoles de tiempo de Navidad después de la Epifanía del Señor
Evangelio según San Marcos 6,45-52.

Después que los cinco mil hombres se saciaron, en seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud.
Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar.
Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra.
Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo.
Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar,
porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló enseguida y les dijo: “Tranquilícense, soy yo; no teman”.
Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor,
porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.

Reflexionemos

  • San Bernardo (1091-1153)monje cisterciense y doctor de la Iglesia1er Sermón para Epifanía (frm trad. ©evangelizo.org©)“Vino en la oscuridad de la noche”“Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador” (Tt 3,4 Vulg.) y su amor al hombre. Gracias sean dadas a Dios, que nos da abundantemente su consuelo en medio de esta peregrinación, en este destierro, en esta miseria… Antes de que apareciese la humanidad de nuestro Salvador, su bondad se hallaba también oculta. Ciertamente, ésta ya existía, pues “la misericordia del Señor es eterna” (Sal 102,17). ¿Pero cómo hubiéramos podido saber que era tan grande? Porque era una promesa y no una experiencia. He allí porque no muchos creían en ella… Pero ahora los hombres pueden creer en lo que ven, ya que los testimonios de Dios se han vuelto absolutamente creíbles. Y para que no estén escondidos a nadie, puso su tienda al sol (Sal 92,5; 18,5). He aquí que la paz no es más una promesa, sino que ya ha sido enviada; no dejada para más tarde, sino dada; no más profetizada sino propuesta. He aquí que Dios envió sobre la tierra el tesoro de su misericordia; ese tesoro que debe ser abierto por la Pasión, para esparcir el precio de nuestra salvación que en él está escondido… porque si es tan solo un niñito se nos ha dado (Is 9,5), “en él habita toda la plenitud de la divinidad” (Col 2,9). En la plenitud de los tiempos, vino en la carne para poder ser visible a nuestros ojos de carne para que al ver su humanidad, su benevolencia reconociésemos su bondad… ¿Hay algo que pueda mostrar su misericordia que el hecho de ver que tomó nuestra miseria? ¿Qué es el hombre Señor para que te acuerdes de él, y para que tu corazón se encariñe de él? (Sal.143,3; Jb 7,17 Vulg)

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Evangelio Hoy

Martes de tiempo de Navidad después de la Epifanía del Señor
Evangelio según San Marcos 6,34-44.

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Este es un lugar desierto, y ya es muy tarde.
Despide a la gente, para que vaya a las poblaciones cercanas a comprar algo para comer”.
El respondió: “Denles de comer ustedes mismos”. Ellos le dijeron: “Habría que comprar pan por valor de doscientos denarios para dar de comer a todos”.
Jesús preguntó: “¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver”. Después de averiguarlo, dijeron: “Cinco panes y dos pescados”.
El les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde,
y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta.
Entonces él tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente.
Todos comieron hasta saciarse,
y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado.
Los que comieron eran cinco mil hombres.


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Evangelio Hoy

Feria de tiempo de Navidad (5 ene.)
Evangelio según San Juan 1,43-51.

Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: “Sígueme”.
Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.
Felipe encontró a Natanael y le dijo: “Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret”.
Natanael le preguntó: “¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?”. “Ven y verás”, le dijo Felipe.
Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: “Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez”.
“¿De dónde me conoces?”, le preguntó Natanael. Jesús le respondió: “Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera”.
Natanael le respondió: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”.
Jesús continuó: “Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía”.
Y agregó: “Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.”


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Evangelio Hoy

Feria de tiempo de Navidad (4 ene.)
Evangelio según San Juan 1,35-42.

Estaba Juan Bautista otra vez allí con dos de sus discípulos
y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: “Este es el Cordero de Dios”.
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.
El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué quieren?”. Ellos le respondieron: “Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?”.
“Vengan y lo verán”, les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías”, que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas”, que traducido significa Pedro.


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Evangelio Hoy

Feria de tiempo de Navidad (3 ene.)
Evangelio según San Juan 1,29-34.

Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo.
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel”.
Y Juan dio este testimonio: “He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo’.
Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios”.


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Evangelio Hoy

Feria de tiempo de Navidad (2 ene.)
Evangelio según San Juan 1,19-28.

Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: “¿Quién eres tú?”.
El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: “Yo no soy el Mesías”.
“¿Quién eres, entonces?”, le preguntaron: “¿Eres Elías?”. Juan dijo: “No”. “¿Eres el Profeta?”. “Tampoco”, respondió.
Ellos insistieron: “¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?”.
Y él les dijo: “Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”.
Algunos de los enviados eran fariseos,
y volvieron a preguntarle: “¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?”.
Juan respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen:
él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”.
Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.


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