Evangelio Hoy

Martes de la cuarta semana de Pascua

Evangelio según San Juan 10,22-30. 

Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno, 
y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón. 
Los judíos lo rodearon y le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente”. 
Jesús les respondió: “Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, 
pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. 
Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. 
Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. 
Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. 
El Padre y yo somos una sola cosa”. 

Reflexionemos

San Elredo de Rieval (1110-1167), monje cisterciense
Oración de un pastor (Trad. ©Evangelizo.org)

« Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen»

Buen Pastor, Jesús, pastor verdaderamente bueno, pastor lleno de bondad y de ternura, hacia ti sube el grito de un pastor pobre y miserable: pastor frágil, pastor torpe, pastor cualquiera (Lc 17:10), pero pese a todo, pastor de tus ovejas. Si, hacia ti, Buen Pastor, sube el grito de este pastor que está lejos de ser bueno; hacia ti grita, inquieto por él mismo, inquieto por tus ovejas…Tú conoces mi corazón, Señor: tú sabes que mi deseo es gastar totalmente por aquellos que me confiaste todo lo que le has dado a tu servidor…, y más que todo, gastarme por ellos sin contar (1 Cor 12:15).

Tú mismo, no despreciaste el gastarte por ellos. Enséñame entonces, Señor, a mi tu servidor, enséñame, por tu Espíritu Santo, como gastarme por ellos…Dame, Señor, por tu gracia inexpresable, el soportar con paciencia sus debilidades, de compadecerme de ellos con bondad, de socorrerlos con discreción. Que las enseñanzas de tu Espíritu me enseñen a consolar a los afligidos, a fortificar a los temerosos, a levantar a aquellos que caen, a ser débil con los débiles, a compartir el ardor de aquellos que tropiezan, a hacerme todo para todos para ganarlos a todos (1 Co 11:29; 1 Co 9:19.22).
Pon en mis labios una palabra verdadera, una palabra derecha, una palabra justa, afín de que crezcan en la fe, en la esperanza y en el amor, en la castidad y en la humildad, en la paciencia y en la obediencia, en el fervor de espíritu y en la pureza de corazón. Ya que fuiste tú quién les diste a este guía ciego (Mt 15:14), a este maestro ignorante, a este jefe incapaz, enséñale a aquél que has establecido como maestro, conduce a aquél a quién has ordenado conducir a los demás.

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