Evangelio Hoy

Miércoles Santo

Evangelio según San Mateo 26,14-25. 

Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes 
y les dijo: “¿Cuánto me darán si se lo entrego?”. Y resolvieron darle treinta monedas de plata. 
Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo. 
El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: “¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?”. 
El respondió: “Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: ‘El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'”. 
Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. 
Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce 
y, mientras comían, Jesús les dijo: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”. 
Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: “¿Seré yo, Señor?”. 
El respondió: “El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. 
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!”. 
Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: “¿Seré yo, Maestro?”. “Tú lo has dicho”, le respondió Jesús. 

Reflexionemos

Benedicto XVI, papa 2005-2013
Audiencia general del 18•10•06

“Uno de vosotros me va a entregar”

¿Por qué Judas traicionó a Jesús? La pregunta sugiere diversas hipótesis. Algunos recurren al hecho de su avaricia; otros sostienen una explicación de orden mesiánico: Judas se habría decepcionado al ver que Jesús, no insertaba en su programa, la liberación político-militar de su país. En realidad, los textos evangélicos insisten en otro aspecto: Juan dice expresamente que “el diablo había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, la intención de entregarlo” (Jn 13,2). Lucas escribe de manera análoga: “Satán entró dentro de Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce” (Lc 22,3). De esta manera, se sobrepasan las motivaciones históricas y se explica el asunto desde la responsabilidad personal de Judas, quien, miserablemente, cedió a una tentación del Maligno. En todo caso la traición de Judas permanece en el misterio. Jesús le llamó amigo (Mt 26,50), pero en sus invitaciones a seguirle sobre el camino de las bienaventuranzas, no forzó las voluntades ni les dejó inmunes contra las tentaciones de Satán, respetando su libertad humana…

Acordémonos de que también Pedro quiso oponerse a Jesús y a lo que le esperaba en Jerusalén, pero recibió un fuertísimo reproche: “¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!” (Mc 8, 32-33). Después de su caída Pedro se arrepintió y encontró perdón y misericordia. También Judas se arrepintió, pero su arrepentimiento degeneró hasta la desesperación y llegó así a la autodestrucción… Tengamos presentes dos cosas. La primera: Jesús respeta nuestra libertad. La segunda: Jesús espera nuestra disponibilidad al arrepentimiento y a la conversión; él es rico en misericordia y en perdón.

Además, cuando pensamos en el papel negativo desempeñado por Judas, debemos insertarlo en cómo Dios conduce los acontecimientos. Su traición llevó a Jesús a la muerte, pero éste transformó el horrible suplicio en un espacio de amor salvífico y en la entrega de sí mismo a su Padre (Gal 2,20; Ef 5, 2.25). El verbo “traicionar” es la traducción de una palabra griega que significa “devolver, entregar”. A veces el sujeto es el mismo Dios en persona: es él quien por amor “entregó” a Jesús por todos nosotros (Rm 8,32). En su misterioso proyecto salvífico, Dios coge el gesto inexcusable de Judas como una ocasión de don total del Hijo para la redención del mundo.

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