Evangelio Hoy

Jueves de la quinta semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 7,24-30. 

Después Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto. 
En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies. 
Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio. 
El le respondió: “Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros”. 
Pero ella le respondió: “Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos”. 
Entonces él le dijo: “A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija”. 
Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio. 

Reflexionemos

Concilio Vaticano II
Declaración sobre la Iglesia y las religiones no cristianas, “Nostra Aetate” 1-2

“La mujer era pagana.” (Mc 7,26)

En nuestra época, en la que le género humano se une cada vez más estrechamente y las relaciones entre los diferentes pueblos aumenta, la Iglesia considera más atentamente cuál ha de ser su relación con las religiones no cristianas. En su misión de fomentar la unidad y la caridad entre los hombres y también entre los pueblos, considera aquí, ante todo, aquello que tiene en común y les conduce a la mutua solidaridad.

Todos los pueblos forman una única comunidad y tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la entera faz de la tierra; tienen también un único fin último, Dios, cuya providencia, testimonio de bondad y designios de salvación se extienden a todos hasta que los elegidos se unan en la Ciudad Santa, que el resplandor de Dios iluminará y en la que los pueblos caminarán a su luz.

Los hombres esperan de las diferentes religiones una respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana que, hoy como ayer, conmueven íntimamente sus corazones… Las religiones, en contacto con el progreso de la cultura, se esfuerzan por responder a estas cuestiones con nociones más precisas y un lenguaje más elaborado…proponiendo caminos, es decir, doctrinas y normas de vida y ritos sagrados.

La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones es verdadero y santo. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, aunque discrepen mucho de los que ella mantiene y propone, no pocas veces reflejan, sin embargo, un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Anuncia, y tiene la obligación de anunciar sin cesar a Cristo, que es camino, verdad y vida (Jn 14,5) en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa, en quien Dios reconcilió cosigo todas las cosas.

[Referencias bíblicas: Hech 17, 17,26; Sab 8,1; Hech 14,17; 1Tm 2,4; Ap 21,23; Jn 14,6; 2 Cor 5,18-1]

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