Evangelio Hoy

Lunes de la trigésima tercera semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 18,35-43. 

Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. 
Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. 
Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. 
El ciego se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!”. 
Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”. 
Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: 
“¿Qué quieres que haga por ti?”. “Señor, que yo vea otra vez”. 
Y Jesús le dijo: “Recupera la vista, tu fe te ha salvado”. 
En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios. 

Reflexionemos

Odas de Salomón (texto cristiano hebraico de principio del siglo II)
§ 21

“Seguía a Jesús dando gloria a Dios”

Levanté los brazos al cielo,
hacia la gracia del Señor.
Echó lejos de mí mis cadenas;
mi protector me ha elevado
según su gracia y su salvación.

Me despojé de la oscuridad
y revestí la luz.
He encontrado unos miembros que no conocían
ni pena ni angustia ni dolor.

Me ha ayudado mucho pensar en el Señor,
así como su comunión incorruptible.
Su luz me ha exaltado,
he caminado en su presencia,
y me acercaré a él,
alabándolo y glorificándolo.
Se ha desbordado mi corazón,
se ha apoderado de mi boca,
ha brotado de mis labios.
La exultación del Señor y su alabanza
alegran mi rostro.

¡Aleluya!

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