Evangelio Hoy

Sábado Santo – En la noche : Santa Vigilia Pascual

Evangelio según San Mateo 28,1-10.

Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro.
De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Angel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella.
Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve.
Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.
El Angel dijo a las mujeres: “No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba,
y vayan en seguida a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán’. Esto es lo que tenía que decirles”.
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: “Alégrense”. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
Y Jesús les dijo: “No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán”.

Reflexionemos

San Hesiquio (¿-c. 451), monje, presbítero
1ª homilía para la Pascua, 1.5-6

“Esta es la noche en la que Cristo, rotas las cadenas de la muerte, asciende victorioso” (Exultet)

El cielo brilla cuando está iluminado por el coro de las estrellas, y el universo brilla más aún cuando se levanta la estrella de la mañana. Pero esta noche brilla menos por el resplandor de los astros que por el gozo que experimenta ante la victoria de nuestro Dios y Salvador. “Tened valor: Yo he vencido al mundo” (Jn 16,33). Después de esta victoria de Dios sobre el enemigo invisible, también nosotros, ciertamente, venceremos a los demonios. Permanezcamos, pues, cerca de la cruz de nuestra salvación, para recoger los primeros frutos de los dones de Jesús. Celebremos esta noche santa con antorchas sagradas; que brote de nosotros una música divina, cantemos un himno celestial. El “Sol de justicia” (Ml 3,20), nuestro Señor Jesucristo, ha iluminado este día para el mundo entero, por medio de la cruz se ha levantado, y ha salvado a los creyentes…

Nuestra asamblea, hermanos, es una fiesta de victoria, la victoria del Rey del universo, Hijo de Dios. Hoy el diablo ha sido derrotado por el Crucificado y, por el Resucitado, toda la humanidad se ha llenado de gozo… Este día grita: “Hoy he visto al Rey del cielo, ceñido de luz, subir por encima del rayo y de toda claridad, por encima del sol y de las aguas, por encima de las nubes”… Primero se escondió en el seno de una mujer, después en el seno de la tierra, santificando primero a los que son engendrados, seguidamente, por la Resurrección, dando la vida a los que estaban muertos, porque “pena y aflicción se alejarán” (Is 35,10)…

Hoy, el paraíso ha sido abierto por este Resucitado, Adán ha vuelto a la vida, Eva ha sido consolada, la llamada es escuchada, el Reino está preparado, el hombre está salvado, Cristo es adorado. Con sus pies ha pisoteado a la muerte, ha hecho prisionero a este tirano, ha vaciado el país de los muertos. Ha subido al cielo, victorioso como un rey, glorioso como un jefe…, y ha dicho a su Padre: “Heme aquí, o Dios, con los hijos que tú me has dado” (Hb 2,13). Gloria a él ahora y por los siglos de los siglos.

 

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