Evangelio Hoy

Miércoles de la tercera semana de Adviento

Evangelio según San Lucas 7,19-23.

Los envió a decir al Señor: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?”.
Cuando se presentaron ante él, le dijeron: “Juan el Bautista nos envía a preguntarte: ‘¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?'”.
En esa ocasión, Jesús curó mucha gente de sus enfermedades, de sus dolencias y de los malos espíritus, y devolvió la vista a muchos ciegos.
Entonces respondió a los enviados: “Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos oyen, los muertos resucitan, la Buena Noticia es anunciada a los pobres.
¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!”.

Reflexionemos

San Clemente de Alejandría (150-c. 215), teólogo
Protréptico I, 4-7; SC 2, pag. 38-39

“Los cojos andan”

Dice el apóstol Pablo: “…también nosotros fuimos en otro tiempo insensatos, rebeldes, descarriados, esclavos de toda clase de concupiscencias y placeres, llenos de maldad y de envidia; éramos aborrecidos y nos odiábamos unos a otros. Pero ahora  ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres. El nos salvó,, no por nuestras buenas obras, sino en virtud de su misericordia…” (Tito 3,3-5). ¡Considerad la fuerza del “cántico nuevo” (Sal 149,1) del Verbo de Dios: de las piedras saca hijos de Abrahán. (cf Mt 3,9) Los que se comportaban como bestias salvajes los transformó en hombres civilizados. Y los que estaban muertos, -que no tenían parte en la vida verdadera y real-, cuando escucharon el cántico nuevo resucitaron a la vida.

Todo lo ordenó con sabiduría y equidad…para hacer del mundo entero una sinfonía…. Este descendiente de David, el músico, que existía antes que David, el Verbo de Dios, dejando el arpa y la cítara (Sal 57,9) instrumentos sin alma, afinó todo el universo, particularmente este universo en pequeño que es el hombre, su cuerpo y su alma, mediante el Espíritu Santo. El toca este instrumento de mil voces para alabar a Dios y canta con su voz al acorde de este instrumento humano… El Señor, enviando su soplo  a este hermoso instrumento que es el hombre (cf Gn 2,7) reprodujo su propia imagen. El mismo es también un instrumento de Dios, armonioso, afinado y santo, sabiduría más allá de este mundo y Palabra que viene de lo alto. ¿Qué quiere este instrumento, el Verbo de Dios, el Señor, y su cántico nuevo? Quiere abrir los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos, conducir a los cojos y los descarriados a la justicia, manifestar a Dios a los hombres insensatos, acabar con la corrupción, vencer la muerte, reconciliar con el Padre los hijos desobedientes…

Este cantor y salvador ¡no penséis que es nuevo como un mueble o una casa son nuevos! Porque él “existía antes de la aurora” (Sal 109,3) y “Al principio ya existía la Palabra. La palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios” (Jn 1,1).

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