Evangelio Hoy

Sábado de la vigésima novena semana del tiempo ordinariooportunidad

Evangelio según San Lucas 13,1-9.

En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios.
El les respondió: “¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás?
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.
¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera”.
Les dijo también esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró.
Dijo entonces al viñador: ‘Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?’.
Pero él respondió: ‘Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré.
Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'”.

Reflexionemos

La Didajé (c. 60-120), catequesis judeo-cristiana
§ 1-6

«Escoge, pues, la vida» (Dt 30,19)

Hay dos caminos: uno el de la vida, otro el de la muerte; pero entre los dos hay una gran diferencia. Pues bien, el camino de la vida es el siguiente: Primero amarás a Dios que te ha creado; en segundo lugar, amarás a tu prójimo como a ti mismo; y lo que no quieres que te hagan a ti, no lo hagas tampoco tú a los demás. Y esta es la enseñanza que viene de estas palabras: Bendecid a los que os maldicen, pedid por vuestros enemigos, ayunad por los que os persiguen. ¿Qué mérito tiene, en efecto, amar a los que os aman? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por eso vosotros amad a los que os odian y no tendréis enemigos. Abstente de los deseos carnales y corporales…

El segundo mandamiento de la doctrina es éste: No matarás, no serás un adúltero, no seducirás a los muchachos, no cometerás ni fornicación, ni robo, ni magia, ni envenenamiento; no matarás bajo ningún pretexto a niños ni por aborto o después de nacer; no desearás los bienes de tu prójimo. No perjurarás, ni dirás falso testimonio, ni mantendrás propuestas difamatorias, ni guardarás rencor. No tendrás dos maneras de pensar ni dos palabras: porque la duplicidad en el lenguaje es una trampa mortal. Tu palabra no será mentirosa, ni vana, sino efectiva. No serás ni avaro, ni rapaz, ni hipócrita, ni malvado, ni orgulloso; no tendrás malos proyectos contra tu prójimo. No debes odiar a nadie, sino que debes reprender a uno y orar por ellos, y amar a los demás más que a tu propia vida.

Hijo mío, huye del mal y de todo lo que se parece al mal… Vigila que nadie te desvíe de este camino de la doctrina, porque éste tal te enseña lejos de Dios. Si puedes llevar todo entero el yugo del Señor, serás perfecto; si no, por lo menos haz lo que esté en tu mano.

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