Meditación de Cuaresma

Cuaresma

Viernes después del Miércoles de Ceniza

 

Leer textos: Isaías 58,1-9/ Salmo 50/ Mateo 9,14-15.

 

Reflexión:

El Ayuno verdadero.

 

En cada Viernes de cuaresma se invita a de manera especial a la practica del ayuno, de la oración, de la limosna… el Código de Derecho Canónico (CIC) especifica que “la ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años” CIC 1252). Sin embargo, el mismo Código aclara que cada Conferencia Episcopal puede determinar con mas detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlo por otras formas de penitencia (CIC 1253).

 

La primera lectura de hoy, tomada del libro del profeta Isaías (58,1-9), nos da elementos importantes para entender esta practica religiosa, mas allá de la norma, de la exterioridad, o de la costumbre. Se trata de un litigio entre Dios y su pueblo. Por una parte, se encuentran los reclamos de quien no siente la presencia ni la ayuda de Dios y exclama: “¿Qué ganamos con ayunar, si tu no lo ves? ¿De que nos sirve humillar nuestras alma, si no haces ningún caso?” (Is 58,3). Pero la respuesta de Dios no se hace esperar. Reconoce que su pueblo lo busca y quiere conocer los caminos de la ley de Dios (v. 2). Es decir, son gente practicante de su religión, pero se les ha olvidado algo muy importante, porque han separado sus practicas religiosas de la vida concreta. Algo así como decimos hoy en día: “Soy creyente, pero no practicante”. El señor reconoce que ayunan, pero en ese mismo día buscan su conveniencia y exploran a sus trabajadores; se la pasan en pleitos y peleas (v.3) ¿Acaso ese es el ayuno que agrada al Señor? ¿Creen que sea suficiente con cumplir con las normas?

 

De nada siervo poner cara triste y andar de mal humor porque no hemos comido, si eso no nos hace mejores personas. El ayuno y la abstinencia no es hacer una diete para recuperar la figura perdida. La motivación es mas profunda y, lejos de distanciarnos de los demás, debe comprometernos a crecer, a mejorar nuestras relaciones interpersonales, familiares, laborales; y a evitar a toda costa las injusticias.

 

Pero no solamente hoy, que es primer viernes de Cuaresma, sino que nos dispongamos a vivir así todos los días. “¿Acaso no consiste ese ayuno en dar parte de tu pan al hambriento, en alojar en tu casa al infeliz que no tiene, en vestir al que veas desnudo, a no volver la espalda al que no es de tu carne?” (v.7).

 

¿Cómo viviré este viernes de Cuaresma? ¿Hay algo que pueda hacer por los demás?

 

Oración personal:

Que mi ayuno sea el ayuno que agrade a tu corazón Señor. No quiero ofrecerte un ayuno vacío sino aquel que me ayude a penetrar los rincones de tu corazón. Que cuando me disponga a entrar en ayuno sea conforme a tu corazón Señor. Dame tu gracia que sea así, Amen!

 

Propósito: Hoy compartiré algo de lo que tengo: mi tiempo, mi comprensión, mi conocimiento, mi alegría, mis cosas…

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