Evangelio Hoy

Sábado de la vigésima semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 23,1-12

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
“Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;
ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.
Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar ‘mi maestro’ por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar ‘maestro’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.
A nadie en el mundo llamen ‘padre’, porque no tienen sino uno, el Padre celestial.
No se dejen llamar tampoco ‘doctores’, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros,
porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”.
Reflexionemos

San Antonio de Padua (1195-1231)

franciscano, doctor de la Iglesia

Sermones

“Dicen pero no hacen”

El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas (Hech 2,4). Estas diversas lenguas son los diversos testimonios que se dan de Cristo, como la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia. Los hablamos cuando, practicándolos nosotros mismos, los damos a conocer a los otros. La palabra se hace viva cuando son las acciones las que hablan. Os lo pido, que callen las palabras y sean las acciones las que hablen. Estamos llenos de palabras, pero vacíos de acciones; es por ello que el Señor nos maldice, él que maldijo a la higuera en la que no encontró frutos sino tan sólo hojas (Mc 11,13s). “La ley, dice san Gregorio, ha sido presentada al predicador para que practique lo que predica”. Pierde el tiempo el que difunde el conocimiento de la ley pero con sus acciones destruye su enseñanza. Pero los apóstoles hablaban según el don del Espíritu. Dichoso el que habla según el don del Espíritu, y no según su propio sentimiento… Hablemos, pues, según lo que el Espíritu nos dé para decir. Pidámosle humilde y piadosamente que difunda su gracia en nosotros.

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