Evangelio Hoy

Lunes de la vigésima octava semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 11,29-32. 

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: “Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. 
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. 
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón. 
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás. 

Reflexionemos

Atribuido a San Romano el Melódico (¿-c. 560), compositor de himnos
Himno « Nínive » ; SC 99

Jonás fué un signo para los habitantes de Nínive : lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación

Preveniste la desesperación de Nínive, desviaste la amenaza ya anunciada, y tu misericordia venció tu cólera, Señor. Ten piedad, todavía hoy, de tu pueblo y de tu ciudad; derriba a nuestros adversarios con tu mano poderosa, por la intercesión de la Madre de Dios, acogiendo nuestro arrepentimiento.

El hospital del arrepentimiento está abierto a todas las enfermedades morales: venid, apresurémosnos a ir allá, y a adquirir fuerza para nuestras almas. Es en el arrepentimiento donde la pecadora encontró la salud, donde Pedro fue liberado de su negación, David dió fin al sufrimiento de su corazón y los Ninivitas fueron curados (Lc 7,50; 22,62; 2S 12,13). No vacilemos, pues, y levantémosnos, mostrémosle nuestras heridas al Salvador y dejémonos vendar. Porque sobrepasa todo deseo, en la acogida que hace a nuestro arrepentimiento.

Jamás ha sido exigido honorario alguno a los que van, porque no podrían ofrecer un regalo del mismo valor que la cura. Recobraron la salud gratuitamente, pero dieron lo que podían dar: en lugar de regalos, lágrimas, porque éstas son allí para este Libertador, preciosos objetos de amor y de deseo. Lo demuestran la pecadora, Pedro, David y los Ninivitas, porque justamente aportando solo sus sollozos, llegaron los pies del Libertador, y este recibió su arrepentimiento.

Las lágrimas son a menudo más fuertes que Dios, si se puede decir, y verdaderamente le fuerzan: porque el Misericordioso se deja encadenar con alegría por las lágrimas, por las lágrimas del espíritu de los pequeños (cf 2Co 7,10)… Lloremos pues de corazón, a la manera de los Ninivitas, que gracias a su contricción, abrieron el cielo y fueron vistos por el Libertador, que recibió  su arrepentimiento.

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