Category Archives: Papa Francisco-Novedades

El Papa en Sta. Marta:

santa-marta-or-05-02-2015“Si somos fieles a Dios no tendremos miedo al juicio final”

En la homilía de este martes, el Santo Padre pide reflexionar sobre la huella que dejará nuestra vida.

El papa Francisco, en la homilía de la misa celebrada esta mañana en Santa Marta, ha subrayado que “la fidelidad al Señor no decepciona”. También en el momento “de nuestra muerte y del juicio de Dios”, si hemos sido fieles, “no tendremos miedo”.

Así, el Santo Padre ha advertido sobre el engaño de la “alienación” del vivir, es decir, “como si nunca tuviéramos que morir”, invitando a pensar en esa “huella que deja nuestra vida”.

Además, ha invitado a reflexionar en la “llamada del Señor a pensar seriamente en el final”, “el final de cada uno de nosotros”, porque “cada uno de nosotros tendrá su final”. Al respecto, ha reconocido que “no nos gusta pensar en estas cosas” pero “es la verdad”.

“Y cuando uno de nosotros se vaya, pasarán los años y casi nadie nos recordará”, ha lamentado. Por eso ha contado que él tiene una agenda donde escribe “cuando muere una persona” y cada día ve ese “aniversario” y “cómo ha pasado el tiempo”.De este modo, el Santo Padre ha señalado que esto “nos obliga” a pensar qué dejamos, cuál es la “huella” de nuestra vida. Y después del final, como se cuenta en la página del día de la Apocalipsis de Juan, será el juicio “para cada uno de nosotros”.

En esta misma línea, el Pontífice ha asegurado que nos hará bien pensar “¿cómo será el día en el que estaré delante de Jesús?”, “cuándo Él me pregunte sobre los talentos que he dado, que he hecho”, “cuando Él me pregunte cómo ha estado mi corazón cuando ha caído la semilla, como un camino o como las espinas”. “¿Cómo he recibido la Palabra? ¿Con corazón abierto? ¿La he hecho brotar para el bien de todos o la he escondido?”.

Por otro lado, el Santo Padre ha pedido: “no os dejéis engañar”. Y el engaño del que habla es “la alienación”, “el alejamiento”, el engaño de las “cosas que son superficiales” que “no tienen trascendencia”; el engaño del “vivir como si nunca tuviéramos que morir”. Así, el Papa ha insistido en su homilía que debemos preguntarnos cómo me encontrará el Señor cuando venga.

Al respecto, el Santo Padre ha contado que él recuerda cuando iba a catequesis de niño les enseñaban cuatro cosas: muerte, juicio, infierno o gloria. “Si tú no cuidas el corazón para que el Señor esté contigo y tú vives alejado del Señor siempre, quizá esté el peligro, el peligro de continuar así alejado del Señor por la eternidad”, ha advertido el Papa.

Haciendo nuevamente referencia a la lectura del día, el Santo Padre ha aconsejado ser fiel “hasta la muerte” y el Señor “te dará la corona de la vida”. La fidelidad al Señor no decepciona, ha recordado Francisco. “Si cada uno de nosotros es fiel al Señor, cuando venga la muerte, diremos como Francisco, ‘hermana muerte, ven’… No nos asusta”, ha asegurado. Y cuando sea el día del juicio, miraremos al Señor: ‘Señor, tengo muchos pecados, pero he tratado de ser fiel’. Y el Señor es bueno, recuerda el Santo Padre.

Con esta fidelidad –ha concluido Francisco– no tendremos miedo al final, en nuestro final no tendremos miedo al día del juicio.


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En el Angelus del dia de Hoy

franciscoangelusFirmes en la esperanza, estemos seguros de que Dios lleva nuestras vidas.

Después de la Misa por el Jubileo de los Excluidos, el Papa Francisco presidió el Ángelus desde la ventana del estudio del Palacio Apostólico e invitó a estar firme en la voluntad de Dios y tener seguridad en que Él lleva la vida de cada uno

“Contienen la primera parte del discurso de Jesús sobre los últimos tiempos, en la redacción de San Lucas”. “Jesús –continuó– lo pronuncia mientras se encuentra de frente al templo de Jerusalén, y se inspira en las expresiones de admiración de la gente por la belleza del santuario y de su decoración”.

Jesús advierte que “no quedará piedra sobre piedra” y Francisco afirmó que “no quiere ofender al templo, sino hacer entender, a ellos y también a nosotros, que las construcciones humanas, también las más sagradas, son pasajeras y no hay que poner en ellas nuestras seguridades”.

“¡Cuántas presuntas certezas en nuestra vida pensábamos que serían definitivas y después se han revelado como efímeras! Por otro lado, ¡cuántos problemas que parecían no tenían salida después han sido superados!”.

Francisco recordó que Jesús pide no aterrorizarse y dejarse desorientar por las “guerras, revoluciones y calamidades” porque “también ellas forman parte de la realidad de este mundo”.

“La historia de la Iglesia es rica en ejemplos de personas que han sostenido tribulaciones y sufrimientos terribles con serenidad porque tenían conciencia de estar en las manos de Dios”.

Dios “es un Padre fiel y premuroso, que no abandona nunca a sus hijos”, subrayó entonces el Papa. “Permanecer firmes en el Señor, caminar en la esperanza, trabajar para construir un mundo mejor a pesar de las dificultades y los acontecimientos tristes que marcan la existencia personal y colectiva es lo que realmente cuenta”.

Además, recordó que final del Jubileo y el cierra de las Puertas Santas este domingo. El Año Santo “nos ha llevado, por un lado, a tener fija la mirada hacia el cumplimiento del Reino de Dios, y por otro, a construir el futuro sobre esta tierra, trabajando para evangelizar el presente”.

El Pontífice finalizó destacando que en el Evangelio Jesús invita a tener “en la mente y en el corazón la certeza de que Dios conduce nuestra historia y conoce el fin último de las cosas y de los acontecimientos”.

Fuente: AciPrensa

Foto: El Papa en el Ángelus. Foto: L’Osservatore Romano



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Homilía del Papa:

 misasantosAlcancemos la santidad en la unidad

En la Solemnidad de Todos los Santos, durante la segunda y última jornada del Viaje Apostólico a Suecia, el Papa celebró la Santa Misa en el Swedbank Stadion. En su homilía el Obispo de Roma recordó que la llamada a la santidad es para todos y hay que recibirla del Señor con espíritu de fe. Además, Francisco afirmó que “los santos nos alientan con su vida e intercesión ante Dios”, mientras nosotros, por nuestra parte, “nos necesitamos unos a otros para hacernos santos”. De ahí que el Santo Padre haya invitado a pedir la gracia de acoger con alegría esta llamada para trabajar unidos para llevarla a plenitud.

En sus palabras el Sucesor de Pedro destacó que en esta Solemnidad y con toda la Iglesia, recordamos no sólo a aquellos que han sido proclamados santos a lo largo de la historia, sino también a tantos hermanos nuestros que han vivido su vida cristiana en la plenitud de la fe y del amor, en medio de una existencia sencilla y oculta. Y añadió que con toda seguridad, entre ellos también hay muchos de nuestros familiares, amigos y conocidos.

Por tanto – dijo Francisco – celebramos la fiesta de la santidad. Esa santidad que, tal vez, no se manifiesta en grandes obras o en sucesos extraordinarios, sino la que sabe vivir fielmente y día a día las exigencias del bautismo. Una santidad hecha de amor a Dios y a los hermanos. Amor fiel hasta el olvido de sí mismo y la entrega total a los demás, como la vida de esas madres y esos padres, que se sacrifican por sus familias sabiendo renunciar, a pesar de que no siempre sea fácil, a tantas cosas, a tantos proyectos o planes personales.

Sin embargo, el Obispo de Roma agregó que hay algo que caracteriza a los santos, y es que que son realmente felices. Sí, porque han encontrado el secreto de esa felicidad auténtica, que se anida en el fondo del alma y que tiene su fuente en el amor de Dios. Por esta razón – prosiguió – a los santos se los llama bienaventurados. Porque las bienaventuranzas – explicó el Papa – son su camino, su meta y su patria.

Texto de la Homilia:

Con toda la Iglesia celebramos hoy la solemnidad de Todos los Santos. Recordamos así, no sólo a aquellos que han sido proclamados santos a lo largo de la historia, sino también a tantos hermanos nuestros que han vivido su vida cristiana en la plenitud de la fe y del amor, en medio de una existencia sencilla y oculta. Seguramente, entre ellos hay muchos de nuestros familiares, amigos y conocidos.

Celebramos, por tanto, la fiesta de la santidad. Esa santidad que, tal vez, no se manifiesta en grandes obras o en sucesos extraordinarios, sino la que sabe vivir fielmente y día a día las exigencias del bautismo. Una santidad hecha de amor a Dios y a los hermanos. Amor fiel hasta el olvido de sí mismo y la entrega total a los demás, como la vida de esas madres y esos padres, que se sacrifican por sus familias sabiendo renunciar gustosamente, aunque no sea siempre fácil, a tantas cosas, a tantos proyectos o planes personales.

Pero si hay algo que caracteriza a los santos es que son realmente felices. Han encontrado el secreto de esa felicidad auténtica, que anida en el fondo del alma y que tiene su fuente en el amor de Dios. Por eso, a los santos se les llama bienaventurados. Las bienaventuranzas son su camino, su meta hacia la patria. Las bienaventuranzas son el camino de vida que el Señor nos enseña, para que sigamos sus huellas. En el Evangelio de hoy, hemos escuchado cómo Jesús las proclamó ante una gran muchedumbre en un monte junto al lago de Galilea.

Las bienaventuranzas son el perfil de Cristo y, por tanto, lo son del cristiano. Entre ellas, quisiera destacar una: «Bienaventurados los mansos». Jesús dice de sí mismo: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11, 29). Este es su retrato espiritual y nos descubre la riqueza de su amor.

La mansedumbre es un modo de ser y de vivir que nos acerca a Jesús y nos hace estar unidos entre nosotros; logra que dejemos de lado todo aquello que nos divide y nos enfrenta, y se busquen modos siempre nuevos para avanzar en el camino de la unidad, como hicieron hijos e hijas de esta tierra, entre ellos santa María Elisabeth Hesselblad, recientemente canonizada, y santa Brígida, Brigitta Vadstena, copatrona de Europa. Ellas realizaron y trabajaron para estrechar lazos de unidad y comunión entre los cristianos.

Un signo muy elocuente es el que sea aquí, en su país, caracterizado por la convivencia entre poblaciones muy diversas, donde estemos conmemorando conjuntamente el quinto centenario de la Reforma. Los santos logran cambios gracias a la mansedumbre del corazón. Con ella comprendemos la grandeza de Dios y lo adoramos con sinceridad; y además es la actitud del que no tiene nada que perder, porque su única riqueza es Dios.

Las bienaventuranzas son de alguna manera el carné de identidad del cristiano, que lo identifica como seguidor de Jesús. Estamos llamados a ser bienaventurados, seguidores de Jesús, afrontando los dolores y angustias de nuestra época con el espíritu y el amor de Jesús. Así, podríamos señalar nuevas situaciones para vivirlas con el espíritu renovado y siempre actual: Bienaventurados los que soportan con fe los males que otros les infligen y perdonan de corazón; bienaventurados los que miran a los ojos a los descartados y marginados mostrándoles cercanía; bienaventurados los que reconocen a Dios en cada persona y luchan para que otros también lo descubran; bienaventurados los que protegen y cuidan la casa común; bienaventurados los que renuncian al propio bienestar por el bien de otros; bienaventurados los que rezan y trabajan por la plena comunión de los cristianos…

Todos ellos son portadores de la misericordia y ternura de Dios, y recibirán ciertamente de él la recompensa merecida.

Queridos hermanos y hermanas, la llamada a la santidad es para todos y hay que recibirla del Señor con espíritu de fe. Los santos nos alientan con su vida y su intercesión ante Dios, y nosotros nos necesitamos unos a otros para hacernos santos. Ayudarnos a hacernos santos. Juntos pidamos la gracia de acoger con alegría esta llamada y trabajar unidos para llevarla a plenitud.

A nuestra Madre del cielo, Reina de todos los Santos, le encomendamos nuestras intenciones y el diálogo en busca de la plena comunión de todos los cristianos, para que seamos bendecidos en nuestros esfuerzos y alcancemos la santidad en la unidad.


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DIJO EL PAPA EN EL ANGELUS

papa-angelus‘La mirada de Jesús va más allá de los pecados y los prejuicios’

El papa Francisco, como cada domingo, se ha asomado a la ventana del estudio en el Palacio Apostólico del Vaticano, para rezar el ángelus con los fieles y los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

Estas son las palabras del Santo Padre para introducir la oración mariana:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy nos presenta un hecho sucedido en Jericó, cuando Jesús llegó a la ciudad y fue acogido por la multitud (cfr Lc 19,1-10). En Jericó vivía Zaqueo, el jefe de los “publicanos”, es decir, de los recaudadores de impuestos. Zaqueo era un colaborador rico de los odiados ocupantes romanos, un explotador de su pueblo. También él, por curiosidad, quería ver a Jesús, pero su condición de pecador público no le permitía acercarse al Maestro; aún más, era de baja estatura; por eso sube a un árbol, una higuera, en el camino por donde Jesús tenía que pasar.

Cuando llega cerca de ese árbol, Jesús levanta la mirada y le dice: Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa” (v. 5). ¡Podemos imaginar el estupor de Zaqueo! ¿Pero por qué Jesús dice ‘he de quedarme en tu casa’? ¿De qué deber se trata? Sabemos que su deber supremo es realizar el diseño del Padre sobre la humanidad, que se cumple en Jerusalén con su condena a muerte, la crucifixión y, al tercer día, la resurrección. Es el diseño de salvación de la misericordia del Padre. Y en este diseño está también la salvación de Zaqueo, un hombre deshonesto y despreciado por todos, y por eso necesitado de conversión. De hecho, el Evangelio dice que, cuando Jesús lo llamó, “comenzaron todos a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en casa de un pecador” (v. 7). El pueblo ve en él un villano, que se ha enriquecido a costa del prójimo. Y si Jesús hubiera dicho “baja tú, explotador, traidor del pueblo y ven a hablar conmigo para hacer cuentas’ seguro el pueblo hubiera aplaudido. Pero aquí comenzaron a murmurar. Jesús va a su casa, el pecador, el explotador.

Pero Jesús, guiado por la misericordia, le buscaba precisamente a él. Y cuando entra en casa de Zaqueo dice: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham. Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido” (vv. 9-10). La mirada de Jesús va más allá de los pecados y los prejuicios; y esto es importante  y debemos aprenderlo, la mirada de Jesús va más allá de los pecados y los prejuicios, ve a la persona con los ojos de Dios, que no se detiene en el mal pasado, sino que ve el bien futuro; no se resigna a la clausura, sino que se abre siempre a nuevos espacios de vida; no se detiene a las apariencias, sino que mira al corazón. Y aquí ha mirado el corazón herido de este hombre, herido del pecado, la avaricia, cosas feas que había hecho Zaqueo y mira este corazón herido y va ahí.

A veces tratamos corregir y convertir a un pecador reprochándole, echándole en cara sus errores y su comportamiento injusto. La actitud de Jesús con Zaqueo nos indica otro camino: el de mostrar a quien se equivoca su valor, ese valor que Dios continúa viendo a pesar de todo. A pesar de todos sus errores. Esto puede provocar una sorpresa positiva, que enternece el corazón y empuja a la persona a sacar lo bueno que tiene. Es el dar confianza a las personas que le hace crecer y cambiar. Así se comporta Dios con todos nosotros: no está bloqueado por nuestro pecado, sino que lo supera con el amor y nos hace sentir la nostalgia del bien. Y esto, todos hemos sentido esta nostalgia del bien después de un error. Y así hace nuestro Padre Dios, así hace Jesús. No existe una persona que no tiene algo bueno. Esto mira Dios para sacarlo del mal.

La Virgen María nos ayude a ver lo bueno que hay en las personas que encontramos cada día, para que todos sean animados a sacar la imagen de Dios impresa en su corazón. ¡Y así podemos alegrarnos por las sorpresas de la misericordia de Dios! Nuestro Dios, que es el Dios de las sorpresas.


Después del ángelus:

Queridos hermanos y hermanas, ayer, en Madrid, fueron proclamados beatos José Antón Gómez, Antolín Pablos Villanueva, Juan Rafael Mariano Alcocer Martínez y Luis Vidaurrázaga, mártires, asesinados en España el siglo pasado, durante la persecución contra la Iglesia. Eran sacerdotes benedictinos. Alabamos al Señor y encomendamos a su intercesión a los hermanos y las hermanas que lamentablemente todavía hoy, en distintas partes del mundo, son perseguidos por la fe en Cristo.

Expreso mi cercanía a la población del centro de Italia afectada por el terremoto. También esta mañana ha habido un fuerte movimiento. Rezo por los heridos y por las familias que han sufrido mayores daños, como también por el personal que trabaja en las labores de socorro y asistencia. El Señor Resucitado les dé fuerza y la Virgen les cuide.

Saludo con afecto a todos los peregrinos de Italia y de distintos países, en particular a los procedentes de Ljubliana (Eslovenia) y de Sligo (Irlanda). Saludo a los participantes de la peregrinación mundial de los peluqueros y esteticistas, la Federación Nacional Procesiones y Juegos históricos, los grupos juveniles de Petosino, Pogliano Milanese, Carugate y Padua. Saludo también a los peregrinos de Unitalsi de Cerdeña.

Los próximos dos días realizará un viaje apostólico a Suecia, con ocasión de la conmemoración de la Reforma, que verá a católicos y luteranos reunidos en el recuerdo y en la oración. Os pido a todos que recéis para que este viaje sea una nueva etapa en el camino de fraternidad hacia la plena comunión.

Os deseo un feliz domingo, hay buen sol, y una buena fiesta de Todos los Santos. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!


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AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA FRANCISCO

audiencia-gralLa catequesis del Papa Francisco en la Audiencia Jubilar habló de la acogida y la ayuda al refugiado y al inmigrante, una actitud que todo cristiano debe tener, según afirmó el Pontífice.

“A veces parece que la obra silenciosa de muchos hombres y mujeres que, de diversos modos, se ofrecen para ayudar y asistir a los prófugos y a los migrantes sea opacada por el murmullo de otros que dan voz a un instintivo egoísmo. Pero la cerrazón no es la solución, al contrario, termina por favorecer los tráficos criminales. La única vía de solución es aquella de la solidaridad. Solidaridad, solidaridad con los migrantes, solidaridad con los forasteros”, afirmó.

A continuación, el texto completo de la catequesis del Papa:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Proseguimos con la reflexión sobre las Obras de misericordia corporales, que el Señor Jesús nos ha transmitido para mantener siempre viva y dinámica nuestra fe. Estas obras, de hecho, muestran que los cristianos no están cansados e inactivos en la espera del encuentro final con el Señor, sino que cada día van a su encuentro, reconociendo su rostro en aquel de tantas personas que piden ayuda. Hoy nos detenemos en estas palabras de Jesús: «Estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron» (Mt 25,35-36).

En nuestro tiempo es todavía actual la obra que se refiere a los forasteros. La crisis económica, los conflictos armados y los cambios climáticos llevan a tantas personas a emigrar. Sin embargo, las migraciones no son un fenómeno nuevo, sino que pertenecen a la historia de la humanidad. Es falta de memoria histórica pensar que estas sean algo propio de nuestro tiempo.

La Biblia nos ofrece muchos ejemplos concretos de migración. Basta pensar en Abrahán. La llamada de Dios lo llevó a dejar su país para ir a otro: «Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré» (Gen 12,1). Y así también fue para el pueblo de Israel, que de Egipto, donde era esclavo, caminó marchando por cuarenta años en el desierto hasta cuando llegó a la tierra prometida por Dios.

La misma Sagrada Familia – María, José y el pequeño Jesús – fue obligada a emigrar para huir de las amenazas de Herodes: «José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes» (Mt 2,14-15). La historia de la humanidad es una historia de migraciones: en cada latitud, no existe un pueblo que no haya conocido el fenómeno migratorio.

En el curso de los siglos hemos asistido a propósito a grandes expresiones de solidaridad, a pesar que no han faltado tensiones sociales. Hoy, el contexto de la crisis económica favorece lamentablemente el surgir de actitudes de cerrazón y de no acogida. En algunas partes del mundo surgen muros y barreras.

A veces parece que la obra silenciosa de muchos hombres y mujeres que, de diversos modos, se ofrecen para ayudar y asistir a los prófugos y a los migrantes sea opacada por el murmullo de otros que dan voz a un instintivo egoísmo. Pero la cerrazón no es la solución, al contrario, termina por favorecer los tráficos criminales. La única vía de solución es aquella de la solidaridad. Solidaridad … solidaridad con los migrantes, solidaridad con los forasteros…

El compromiso de los cristianos en este campo es urgente hoy como en el pasado. Para mirar sólo al siglo pasado, recordemos la estupenda figura de Santa Francisca Cabrini, que dedicó su vida junto a la de sus compañeras a los migrantes hacia los Estados Unidos de América. También hoy tenemos necesidad de estos testimonios para que la misericordia pueda alcanzar a tantos que se encuentran en necesidad.

Es un compromiso que involucra a todos, ninguno excluido. Las diócesis, las parroquias, los institutos de vida consagrada, las asociaciones y movimientos, como también cada cristiano, todos estamos llamados a acoger a los hermanos y a las hermanas que huyen de la guerra, del hambre, de la violencia y de condiciones de vida deshumanos.

Todos juntos somos una gran fuerza de ayuda para cuantos han perdido la patria, la familia, el trabajo y la dignidad. Hace algunos días, ha sucedido una pequeña historia, de ciudad. Había un refugiado que buscaba una calle y una señora se le acercó y le dijo: “¿Usted busca algo?”. Estaba sin zapatos, este refugiado. Y él dijo: “Yo quisiera ir a San Pedro para pasar por la Puerta Santa”. Y la señora pensó: “Pero, no tiene zapatos, ¿cómo iremos caminando?”. Y llamó un taxi.

Para este migrante, aquel refugiado olía mal y el conductor del taxi casi no quería que subiera, pero al final lo dejó subir al taxi. Y la señora, junto a él. Y la señora le preguntó un poco de su historia de refugiado y de migrante, en el recorrido del viaje, los diez minutos para llegar hasta aquí. Este hombre narró su historia de dolor, de guerra, de hambre y porque había huido de su Patria para migrar aquí.

Cuando llegaron, la señora abrió la cartera para pagar al taxista y el taxista, el hombre, el conductor que al inicio no quería que este migrante subiera porque olía mal, le dijo a la señora: “No, señora, soy yo quien debo pagar a usted porque usted me ha hecho escuchar una historia que me ha cambiado el corazón”.

Esta señora sabía qué cosa era el dolor de un migrante, porque tenía sangre armenia y sabía el sufrimiento de su pueblo. Cuando nosotros hacemos una cosa de este tipo, al inicio nos negamos porque nos da un poco de incomodidad, “pero, huele mal…”. Pero al final, la historia nos perfuma el alma y nos hace cambiar. Piensen en esta historia y pensemos que cosa podemos hacer por los refugiados.

Y la otra cosa es vestir a quien está desnudo: ¿no quiere decir otra cosa que restituir la dignidad a quien lo ha perdido? Ciertamente dando de vestir a quien no tiene; pero pensemos también en las mujeres víctimas de la trata arrojadas a las calles, o a los demás, modos de usas el cuerpo humano como mercancía, incluso de los menores.

Y así también no tener un trabajo, una casa, un salario justo es una forma de desnudez, o ser discriminado por la raza o per la fe, son todas formas de “desnudez”, ante las cuales como cristianos estamos llamados a estar atentos, vigilantes y listos a actuar.

Queridos hermanos y hermanas, no caigamos en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, indiferentes a las necesidades de los hermanos y preocupados sólo de nuestros intereses.

Es justamente en la medida en la cual nos abrimos a los demás que la vida se hace fecunda, la sociedad consigue la paz y las personas recuperan su plena dignidad. Y no se olviden de aquella señora, no se olviden de aquel migrante que olía mal y no se olviden del taxista al cual el migrante había cambiado el alma. Gracias.

Fuente: AciPrensa


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¿Quieres conocer a Jesús a profundidad?

 papasantamartaeucaristialossservatorer_201016El Papa Francisco ofrece 3 claves

Para poder comprender el “mar sin fondo y sin costas” del misterio de Cristo, el Papa Francisco señaló tres condiciones indispensables: orar, adorar y reconocernos pecadores, durante su homilía en la Misa celebrada esta mañana en la Casa Santa Marta.

“Cristo está presente en el Evangelio –indicó–, y leyendo el Evangelio podemos conocer a Cristo. Todos leemos el Evangelio, o al menos lo escuchamos en Misa. También, cuando estudiamos el Catecismo, podemos aprender de Cristo, pues el Catecismo nos enseña quién es Cristo. Pero esto no es suficiente”, dijo.

“Para encontrarnos en situación de entender cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad de Cristo, es necesario entrar en un contexto”, explicó.

A partir de la primera lectura de hoy, de la Carta de San Pablo a los Efesios, el Pontífice indicó que “para entrar en ese mar sin fondo y sin costas, que es el misterio de Jesucristo, es necesaria la oración, la adoración y el reconocerme pecador”.

La oración: El Obispo de Roma sugirió la oración que hizo San Pablo de rodillas, “Padre, envíame el Espíritu para conocer a Jesucristo”.

La adoración: “No se puede conocer al Señor sin el hábito de adorarle, de adorarle en silencio”, indicó Francisco, y señaló que “si no me equivoco, esta oración es la que menos conocemos, la que menos hacemos, perder el tiempo, me permito decir, delante del Señor, delante del misterio de Jesucristo. Adorarle. En el silencio, en el silencio de la adoración. Él es el Señor, y yo le adoro”.

Por último, el tercer pilar que debe sostener nuestra relación con Cristo, según explicó el Papa, debe ser el reconocernos pecadores: “No puedo adorarle sin culparme a mí mismo”, aseguró. “Para conocer a Cristo es necesario tener conciencia de nuestros pecados, coger la costumbre de acusarnos a nosotros mismos, de reconocernos pecadores”, concluyó.

Lectura comentada por el Papa:

Efesios 3:14-21

14 Por eso doblo mis rodillas ante el Padre,

15 de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra,

16 para que os conceda, según la riqueza de su gloria, que seáis fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior,

17 que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor,

18 podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad,

19 y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios.

20 A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros,

21 a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén.

Fuente: AciPrensa

Foto: L’Osservatore Romano


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Consagración del Mundo al Inmaculado Corazón de Maria

v-fatimaEl Papa consagrará el mundo al Inmaculado Corazón de María ante la Virgen de Fátima

El Obispo de Leiria-Fátima (Portugal), Mons. Antonio Marto, anunció que la imagen de Nuestra Señora de Fátima, que es venerada en su santuario en la capilla de las Apariciones, será llevada a Roma el 12 y 13 de octubre en ocasión de la Jornada Mariana que promueve el Vaticano. El día 13 el Papa Francisco, ante esa imagen, consagrará el mundo al Inmaculado Corazón de María. Ese mismo día en 1917, y como cumplimiento de la promesa de la Madre de Dios, ocurrió el llamado “Milagro del sol” que fue atestiguado por unas 70 mil personas.

Así lo indica una nota publicada en el sitio web del Santuario de Fátima, en la que se explica que la Jornada Mariana es promovida por el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, presidido por el Arzobispo italiano Rino Fischella.

La Jornada Mariana, señala la nota, “es uno de los grandes eventos pontificios previstos en el calendario de celebración del Año de la Fe y congregará en Roma a centenares de movimientos e instituciones ligadas a la devoción mariana”.

En carta dirigida al Obispo de Leiria-Fátima, Mons. Antonio Marto, el Arzobispo Fisichella escribe que “todas las realidades eclesiales de la espiritualidad mariana” están invitadas a participar en esta Jornada. El día 12 de octubre se hará una peregrinación a la tumba del apóstol San Pedro, así como varios momentos de oración y de meditación.

El día 13 de octubre el Papa Francisco presidirá una Misa en la Plaza de San Pedro. “Es un deseo vivo del Santo Padre que la Jornada Mariana pueda tener como especial señal uno de los iconos marianos entre los más significativos para los cristianos en todo el mundo y, por ese motivo, pensamos en la amada estatua original de Nuestra Señora de Fátima”, señala en su misiva Mons. Fisichella.

Así, la Imagen de Nuestra Señora dejará el Santuario de Fátima en Portugal en la mañana del día 12 de octubre y regresará en la tarde del día 13. En su lugar en la Capilla de las Apariciones será colocada la primera imagen de la Virgen Peregrina de Fátima, entronizada en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario desde el 8 de noviembre de 2003.

Fuente: AciPrensa


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10 Secretos…

felizLos 10 Secretos del PAPA FRANCISCO para la Felicidad


Todos queremos ser felices y, en nuestro mundo de hoy, hay muchas personas que nos están diciendo como alcanzar esta meta. Aun así, muchos de estos caminos hacia la felicidad están basados en promesas falsas o sugerencias superficiales que ofrecen momentos fugaces de placer que se desvanecen rápidamente.


La buena noticia es que el Papa Francisco, quien tiene un aura de alegría en todo lo que dice y hace, ha identificado ahora diez secretos para la felicidad que son ciertos y perdurables.


  1. Vivir y dejar vivir. Muchos de nosotros ponemos nuestra felicidad en peligro cuando tratamos de controlar la vida de los demás. No obsesionados con lo que las otras personas están haciendo y perdemos la perspectiva de lo que Dios nos pide que hagamos. Jesús lo dijo de manera un poco más directa cuando pregunto: “Ves la pelusa en el ojo de tu hermano, ¿y no te das cuenta del tronco que hay en el tuyo? (Mt. 7,3)

  1. Darse a los demás. Ser abiertos y generosos con los demás, especialmente con los necesitados, nos lleva a un encuentro intimo con Cristo, quien es la fuente de toda dicha, Jesús nos asegura que lo que sea que hagamos con nuestras hermanas y hermanos, más pequeños, lo estamos haciendo por El (ver Mt. 25,40). Cada vez que compartimos bienes materiales, ofrecemos apoyo emocional, brindamos ayuda o damos alimento espiritual, no solo aligeramos la carga de alguien, sino que además descubrimos que la experiencia también enriquece nuestra vida. El Papa Francisco advierte que: “Si uno se estanca, corre el riesgo de ser egoísta. Y el agua estancada es la primera que se corrompe”.

  1. Proceder con calma. La felicidad está amenazada cuando nuestra vida se vuelve agitada y fuera de control. El Papa usa la imagen del remanso de un rio y nos exhorta a tener “la capacidad de moverse con benevolencia y humildad, el remanso de la vida”. Al tratar de cultivar la calma en la vida, es importante que entendamos que la vida no está gobernada tanto por lo que nos sucede sino por la manera en que reaccionemos a las influencias perjudiciales. Una manera de mantener la calma, sin importar lo que suceda, es estableciendo una vida espiritual profunda. Cuando nos centramos en Dios, lo que suceda en la superficie de nuestra vida puede que nos altere un poco, pero esto no perturbara nuestra profunda paz interior.

 

  1. Desarrollar un sano sentido del ocio. Vivimos en un mundo secular que opera 24 horas al día, los 7 días de la semana. Muchos de nosotros tenemos que lidear con exigencias laborales estresantes y otros compromisos. Los padres deben compatibilizar las exigencias del trabajo además del horario ocupado de los hijos con la escuela, deportes, y otras actividades. El Papa Francisco destaca que el miedo verdadero es que las ocupaciones de la vida diaria nos hagan perder los placeres del arte, de la literatura, de jugar con los niños y de pasar un tiempo en familia. Las actividades de esparcimiento les dan a nuestro cuerpo y mente la oportunidad de restablecerse y renovarse, y nos dan la oportunidad de renovar el vínculo entre nosotros. Es importante reservar tiempo para apagar el televisor, comunicarnos mutuamente, leer juntos, participar de juegos y comer juntos en familia, así como también explorar las artes, la cultura y la naturaleza.

 

  1. Hacer del Domingo un día de Precepto. El Papa Francisco sugiere que una manera garantizada de encontrar la felicidad es reclamar el domingo como un día de precepto. También sugiera que el domingo debería ser un día para la familia. Puede empezar a santificar el domingo yendo a Misa todas las semanas. Santificar el resto del día depende de su estilo de vida. Si trabaja en un lugar cerrado, las aventuras del aire libre le permitirán disfrutar de la creación de Dios. Si es activo toda la semana, tal vez quiera reservar un tiempo de tranquilidad para el domingo. Guardar el domingo como un día de precepto nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el lado espiritual de nuestra existencia, apreciar las bendiciones de la familia descubrir la felicidad verdadera.

 

  1. Crear empleos para jóvenes. Encontramos el propósito de nuestra vida a través del trabajo relevante; se nos anima a ir mas allá y a asegurarnos de que los jóvenes tengan lo que el Papa Francisco llama “trabajos dignos”. Podemos comenzar el proceso temprano en nuestra propia familia al asignar a nuestros hijos tareas del hogar que les enseñen la importancia de contribuir a la familia. Podemos involucrar a los pre-adolescentes y adolescentes para que sean voluntarios en proyectos de servicio donde puedan usar los dones y talentos que Dios les dio. El Papa nos exhorta: “Hay que ser creativos con esta franja. Si faltan oportunidades, caen en la droga… hay que inventarles cursos de un año… La dignidad te la da el llevar el pan a casa”.

 

  1. Respetar y cuidar da la naturaleza. Somos los administradores corresponsables de la creación de Dios y tenemos la responsabilidad de preservarla y protegerla –no solo par a nosotros sino también para las generaciones futuras – incluyendo el aire puro y el agua potable, los humedales y los bosques, los sembradíos y recursos naturales. El Papa Francisco pregunta: “La humanidad con el uso indiscreto y tiránico de la naturaleza, ¿no se está suicidando? Podemos comenzar en nuestro hogar, escuela y lugar de trabajo y reciclar, volver a usar y reducir el uso de contaminantes y desperdicios. Nuestra campaña personal para respetar y cuidad de la naturaleza nos da felicidad porque sabemos que estamos dedicando tiempo y dando pasos importantes para respetar y conservar nuestro medio ambiente.

 

  1. Dejar de ser negativo. Las quejas permanentes, las criticas incisivas, las traiciones y los chismes son como veneno que mata la felicidad. El Papa Francisco explica: “La necesidad de hablar mal del otro indica una baja autoestima, es decir: yo me siento tan abajo que, en vez de subir, bajo al otro”. No es fácil hacer el cambio de ser negativo a ser positivo. El primer paso es concientizarnos de que ser negativo o positivo es una elección personal. El segundo paso es aunar esfuerzos para evitar que tengamos pensamientos y palabras negativas lo antes posible. “Olvidarse rápido de lo negativo es sano”, agrega el papa y esto lleva a una perspectiva en la vida más positiva y feliz.

 

  1. Respetar las creencias de los demás. Todos tenemos familiares, amigos y conocidos que no comparten nuestra fe católica. Aun así, las críticas y las presiones no traerán felicidad a nadie. El Papa Francisco explica: “Podemos inquietar al otro desde el testimonio para que ambos progresen en esa comunicación”. Cuando vivimos como testigos verdaderos de Cristo, otras personas son atraídas por la paz interior y el gozo que emana de nosotros. Ellos quieren esa paz y gozo para sí mismos. Ya sea que algún día compartan nuestra fe o no, cuando los tratamos con respeto, creamos un vínculo de felicidad entre nosotros.

 

  1. Trabajar por la Paz. Estamos llamados a defender la paz. El Papa Francisco nos dice: “Y el clamor por la paz hay que gritarlo. La paz a veces da la idea de quietud, pero nunca es quietud, siempre es una paz activa”. Tal vez no podamos traer la paz a escala global, pero podemos rezar por la paz mundial. Podemos trabajar para que haya paz en nuestro hogar, nuestro vecindario, nuestra escuela y nuestro lugar de trabajo. Cuando tomamos una posición en contra de la violencia de cualquier tipo, no hacemos mediadores de paz. Jesús llama a los que trabajan por la paz “felices” les de la distinción de ser “hijos de Dios” (Mt. 5,9)

 

Cuando leemos entre líneas los diez secretos del papa para la felicidad, encontramos la esencia del mensaje del Evangelio. Ciertamente, vivir como discípulos verdaderos de Jesucristo traerá esa clase de paz y felicidad interior profundas que jamás nada nos podrá quitar.


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Imiten el “pequeño camino” de Santa Teresita para llegar a Dios, exhorta el Papa

santateresitadelninojesus-1octubre-1En la homilía que pronunció este sábado en el estadio Mikheil Meskhi, en Georgia, el Papa Francisco invitó a los católicos a seguir el ejemplo del “pequeño camino” de Santa Teresita del Niño Jesús, cuya fiesta se celebra hoy 1 de octubre, y que consiste en confiar en Dios y en su consolación con la fe de un niño pequeño.

“Ella nos señala su ‘pequeño camino’ hacia Dios: ‘el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre’, porque ‘Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud’”, afirmó el Santo Padre al recordar los “Manuscritos autobiográficos” de la Doctora de la Iglesia.

“Lamentablemente –como escribía entonces, y ocurre también hoy–, Dios encuentra ‘pocos corazones que se entreguen a él sin reservas, que comprendan toda la ternura de su amor infinito’”, añadió el Papa.

En ese sentido, afirmó que la joven Doctora de la Iglesia “era experta en la ‘ciencia del Amor’, y nos enseña que ‘la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar’; nos recuerda también que ‘la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón’”.

Durante su homilía, Francisco también agradeció a las muchas abuelas y madres que en Georgia “siguen conservando y transmitiendo la fe, sembrada en esta tierra por Santa Nino, y llevan el agua fresca del consuelo de Dios a muchas situaciones de desierto y conflicto.

El Santo Padre celebró la Misa después de atravesar y bendecir la Puerta Santa colocada a la mitad del estadio y que en un principio debía en una iglesia de la ciudad Rustavi. Sin embargo, este templo aún no se ha podido construir. Por otro lado, el altar fue decorado por un artista de Georgia que trabaja con los asistidos y operadores del Centro de Asistencia de los Padres Camilianos, a quienes el Papa visitará en horas de la tarde.

Ante los fieles reunidos, el Pontífice también reflexionó sobre la primera lectura del profeta Isaías: “Como a un niño a quien su madre consuela, así yo los consolaré”.

“Como una madre toma sobre sí el peso y el cansancio de sus hijos, así quiere Dios cargar con nuestros pecados e inquietudes; Él, que nos conoce y ama infinitamente, es sensible a nuestra oración y sabe enjugar nuestras lágrimas”, aseguró.

Dios es la “fuente del verdadero consuelo, que libera del mal, que trae la paz y acrecienta la alegría”; y por tanto, debemos “dejar que entre en nuestra vida”, añadió.

Sin embargo, recordó que “hay una condición fundamental para recibir el consuelo de Dios, y que hoy nos recuerda su Palabra: hacerse pequeños como niños, ser ‘como un niño en brazos de su madre’. Para acoger el amor de Dios es necesaria esta pequeñez del corazón: en efecto, sólo los pequeños pueden estar en brazos de su madre”.

El Obispo de Roma destacó que “para ser grande ante el Altísimo no es necesario acumular honores y prestigios, bienes y éxitos terrenales, sino vaciarse de sí mismo”.

Jesús, explicó, enseña que quien se hace pequeño como un niño “es el más grande en el reino de los cielos”.

No obstante, el Santo Padre también advirtió que cuando “la puerta del corazón se cierra”, es entonces cuando “nos acostumbramos al pesimismo, a lo que no funciona bien (…) y terminamos por encerrarnos dentro de nosotros mismos en la tristeza”.

Destacó, además, que es en la Iglesia donde se encuentra consuelo: “La Iglesia es la casa del consuelo: aquí Dios desea consolar.”.

“Recibir y llevar el consuelo de Dios: esta misión de la Iglesia es urgente. Queridos hermanos y hermanas, sintámonos llamados a esto; no a fosilizarnos en lo que no funciona a nuestro alrededor o a entristecernos cuando vemos algún desacuerdo entre nosotros”, añadió.

Finalmente se dirigió al pueblo de Georgia: “acoge el aliento que te infunde el Buen Pastor, confíate a Aquel que te lleva sobre sus hombros y te consuela. Pidamos hoy, todos juntos, la gracia de un corazón sencillo, que cree y vive en la fuerza bondadosa del amor, pidamos vivir con la serena y total confianza en la misericordia de Dios”.

Al término de la Misa el Papa agradeció el recibimiento de Mons. Giuseppe Pasotto, administrador apostólico de los latinos del Cáucaso, y de las comunidades latina, armenia y asirio-caldea. También dio gracias a las autoridades, la Iglesia Apostólica Armenia y la Iglesia Ortodoxa de Georgia.


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Te sientes triste, deprimido y sin ganas de vivir?…

papa-francisco-dice-que-hagas-estoPapa Francisco nos dice que hagas esto:

El Papa Francisco desarrolló la homilía de la Misa de la mañana en la Capilla de la Casa Santa Marta –en la fiesta de San Vicente de Paúl– sobre la primera lectura que cuenta la historia de Job, quien vivía una gran “desolación espiritual” y “había perdido todo”, y ofreció algunos consejos para todo aquel que se siente triste y deprimido.

“La desolación espiritual es algo que nos sucede a todos nosotros: puede ser más fuerte, más débil, pero es un estado del alma oscuro, sin esperanza, cauteloso, que hace no tener ganas de vivir, sin ver el final del túnel, con mucha agitación en el corazón y también en los pensamientos”.

Pero también, “la desolación espiritual nos hace sentir como si tuviésemos el alma dura: falla, falla y no se quiere vivir: ‘¡Es mejor morir’!, añadió el Papa.

Esto mismo es lo que le ocurre a Job, “mejor morir que vivir así”. “Tenemos que entender cuándo nuestro espíritu se encuentra en este estado de tristeza grande, con el que casi no se puede respirar: a todos nos pasa esto. Fuerte o no fuerte, pero a todos nos sucede. Hay que entender qué pasa en nuestro corazón”, aconsejó.

Francisco invitó entonces a preguntarse las razones de esta situación. “Qué debemos hacer cuando vivimos estos momentos oscuros, por una tragedia familiar, una enfermedad, o cualquier cosa que nos lleva a estar hacia abajo”. Quizás –continuó– alguno piensa “tomar una pastilla para dormir”  y huir “de los acontecimientos”, o “tomar dos, tres, cuatro copas de alcohol”. Pero esto “no ayuda”, aseguró el Papa.

En cambio, la liturgia del día “nos hace ver qué hacer con esta desolación espiritual, cuando somos tibios, cuando estamos deprimidos, sin esperanza”.

Francisco reveló que la respuesta está en el salmo 87: “Llegue hasta Ti mi oración, Señor”. Por tanto, se necesita orar: “Es una oración de llamar a la puerta, ¡pero con fuerza!”, exclamó.

“Señor, estoy harto de aflicciones. Mi vida está al borde del infierno. Estoy entre aquellos que descienden a la fosa, soy como un hombre que no tiene fuerzas”, dijo el Papa.

“Cuántas veces nos sentimos así, sin fuerzas. Esta es la oración. El mismo Señor nos enseña como orar en estos momentos tan feos. ‘Señor, me has arrojado a la fosa más profunda. Pesa sobre mi tu furor. Llegue hasta Ti mi oración’”.

Francisco dijo de nuevo que “así tenemos que rezar en los momentos más feos, oscuros, de desolación, más duros, que nos endurecen. Esto es orar con autenticidad, es también desahogarse, como ha hecho Job con los hijos. Como un hijo”.

El Pontífice destacó que el personaje de la Biblia vivió también el silencio de los amigos en esta situación. Ante una persona que sufre, “las palabras pueden hacer mal” y por eso lo importante es estar con él, mostrar cariño y “no hacer discursos”.

“Cuando una persona sufre, cuando una persona está en la desolación espiritual se debe hablar lo menos posible y se debe ayudar con el silencio, la cercanía, las caricias, con la oración ante el Padre”.

A continuación, el Santo Padre dijo que 3 cosas se deben hacer:

“Primero, reconocer en nosotros momentos de desolación espiritual, cuando estamos en la oscuridad, sin esperanza, y preguntarnos por qué. Segundo, rezar al Señor como hoy la liturgia con este salmo 87 que nos enseña a orar en el momento de oscuridad”, prosiguió el Papa.

“Y tercero, cuando yo me acerco a una persona que sufre, sea por una enfermedad, por cualquier sufrimiento, pero que está en la desolación, silencio; pero silencio con mucho amor, cercanía, con caricias. Y no hacer discursos que al final no ayudan e incluso hacen mal”.

Francisco concluyó orando a Dios “para que nos de estas tres gracias: la gracia de reconocer la desolación espiritual, la gracia de orar cuando seamos sometidos a este estado, y también la gracia de saber acompañar a las personas que sufren momentos feos de tristeza y de desolación espiritual”.


Fuente: Aciprensa

Photo:El Papa en la Misa. Foto: L’Osservatore Romano


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