Category Archives: Santo Del Dia

Santoral

San_Raimondo_Nonnato_D31 de Agosto

San Ramón Nonato, religioso

En Cardona, de Cataluña, san Ramón Nonato, que fue uno de los primeros compañeros de san Pedro Nolasco en la Orden de Nuestra Señora de la Merced, y es tradición que, por el nombre de Cristo, sufrió mucho para la redención de los cautivos.
patronazgo: patrono de las mujeres embarazadas, madres lactantes y niños, protector de los inocentes injustamente acusados, para pedir un parto feliz, y contra la fiebre puerperal.
refieren a este santo: San Serapión

Cardenal. Año 1240.

Se le llama Nonato (no-nacido) porque nació después de morir su madre. Ella murió al dar a luz. Después de la muerte le hicieron cesárea para que el niño pudiera nacer.   San Ramón nació en Cataluña, España, en 1204. Muy joven entró en la Congregación de Padres Mercedarios que se dedicaban a rescatar cautivos que los mahometanos habían llevado presos a Arget.

Lo recibió el mismo San Pedro Nolasco, fundador de la comunidad.   Pocos años después de haber entrado de religioso fue enviado con una gran cantidad de dinero a rescatar a los católicos que estaban esclavizados por los musulmanes en África. Allá gastó todo el dinero en conseguir la libertad de muchos cristianos y enviarlos otra vez a su patria, de donde habían sido llevados secuestrados por los enemigos de nuestra religión.

Cuando se le acabó el dinero se ofreció el mismo a quedarse como esclavo, con tal de que libertaran a algunos católicos que estaban en grave peligro de perder su fe y su religión por causa de los atroces castigos que los mahometanos les infligían.   Como entre los musulmanes está absolutamente prohibido hablar de la religión católica, y Ramón se dedicó a instruir en la religión a sus compañeros de esclavitud y aun hasta a algunos mahometanos, le dieron terribles tormentos y lo azotaron muchas veces hasta dejarlo casi muerto.

Y al fin, como no se callaba, le amarraron la cara a una correa a la cual le echaron candado, para que no pudiera hablar, y no abrían el candado sino cuando iba a comer.   El jefe musulmán, con la esperanza de que Ramón volviera a España y le llevara más dinero para rescatar cristianos, lo dejó en libertad. Pero se dedicó a hablar de nuestra religión a cuantas más personas podía. Esto hizo arder en cólera a los mahometanos y lo volvieron a encarcelar y a atormentar.

San Pedro Nolasco envió a algunos de sus religiosos con una fuerte suma de dinero y pagaron su rescate y por orden de sus superiores volvió a España.   Como premio de tantos heroísmos, el sumo Pontífice Gregorio IX lo nombró Cardenal. Pero San Ramón siguió viviendo humildemente como si fuera un pobre e ignorado religioso.-   El Santo Padre lo llamó a Roma para que le colaborara en la dirección de la Iglesia, y el humilde Cardenal emprendió el largo viaje a pie. Pero por el camino lo atacaron unas altísimas fiebres y murió.

Era el año 1240. Apenas tenía 36 años. Pero había sufrido y trabajado muy intensamente, y se había ganado una gran corona para el cielo.   A San Ramón le rezan las mujeres que van a tener un hijo, para que les conceda la gracia de dar a luz sin peligro ni tormentos.

Santoral

Beato Idelfonso30 de Agosto

Beato Alfredo Ildefonso Schuster, abad y obispo

En Venegone, cerca de la ciudad de Varese, en Italia, beato Alfredo Ildefonso Schuster, obispo, que de abad de San Pablo de Roma fue elevado a la sede episcopal de Milán, donde con gran solicitud y diligencia desempeñó, con admirable sabiduría y doctrina, su ministerio de pastor paró el bien de su pueblo.

Alfredo Ludovico Schuster nació en Roma el domingo 18 de enero de 1880, entonces fiesta de la Cátedra de San Pedro, en el seno de una familia bávara; y bautizado dos días depués, 20 de enero, en el bautisterio de san Juan de Letrán. Su padre, Juan, había emigrado a Roma como sastre del ejército papal, creado para la defensa de Roma en plena unificación italiana, y durante veinticinco años presta su servicio al ejército pontificio. Se había casado en segundas nupcias con Ana Maria Tuzner y, aunque atendían un pequeño negocio romano, vivían en extrema pobreza económica. Después de Alfredo nació su hija Julia; y a los pocos años, la deficiente salud del padre le conduce a la muerte, el 19 de septiembre de 1889. La madre busca trabajo en casa del barón Pfiffer d’Altishofen, coronel de la Guardia Suiza, quien muestra interés por el huérfano niño y en 1891 facilita su ingreso como alumno en el monasterio benedictino de san Pablo Extramuros. A sus once años, Alfredo muestra interés y dotes para la formación académica y la vida monástica. Se muestra aplicado en los estudios y muestra desde niño su aprecio por el arte antiguo de la Urbe. Los domingos, por ejemplo, solía visitar las catacumbas de la via Apia y recogía inscripciones y epitafios de estos antiguos cementerios cristianos. En la vida espiritual fue formado, entre otros, por los grandes maestros beato Plácido Riccardi y Bonifacio Oslander, que le iniciaron en la oración, la ascesis y la liturgia.

 

Con la primera profesión religiosa, el 13 de noviembre de 1898, inicia su noviciado recibiendo el nombre de Ildefonso. Estudia filosofía en el Colegio de San Anselmo de Roma, donde conoce a dom Hildebrando de Hemptienne, abad alemán representante de los benedictinos del mundo y gran erudito en el ámbito de la liturgia y del arte sacro. Sus aptitudes litúrgicas le permiten también en estos años presenciar importantes acontecimientos eclesiales como la solemne apertura de la puerta santa de San Pablo Extramuros en el jubileo del año 1900, en la que ejerció como ceremoniero. Serán unos años muy significativos a nivel personal: en 1902 emite su profesión monástica; y un año más tarde, el 28 de mayo de 1903 concluye su tesis doctoral en filosofía; y al año siguiente es ordenado sacerdote. Tras estos acontecimientos pasa unos años en el monasterio de Montecasino donde completa sus estudios literarios y, a sus veintiocho años, es nombrado profesor de historia, maestro de novicios y posteriormente procurador general de la Congregación benedictina casinense.

 

A partir de este momento podríamos sintetizar su ingente labor en tres áreas: académica, monacal y pontificia. En primer lugar, su valía y excelente formación humanística, filosófica y teológica favorece su temprana dedicación al ámbito académico como profesor e investigador. En 1910 es profesor en la Pontificia Escuela de Música Sacra; en 1917 en el Pontificio Instituto Oriental, -por deseo expreso del Papa Benedicto XV-, del que llega a ser presidente; en la Pontificia Comisión de Arte Sacro; compaginando estas tareas con sus clases en el Pontificio Colegio de san Anselmo, cuya cátedra de Historia y Patrística regenta desde 1914. Alterna su dedicación académica con estudios de investigación en historia eclesiástica, arqueología cristiana y liturgia. Fruto de este interés y trabajo es la publicación de los nueve volúmenes del Liber sacramentorum en 1919. Es una obra enciclopédica donde sintetiza y expone científicamente la reflexión eclesial sobre la liturgia católica; en continuidad con el movimiento litúrgico europeo. En Italia contribuyó a difundir el amor por la piedad litúrgica de la Iglesia y a impulsar el renacimiento litúrgico tan deseado por los estratos intelectuales y monásticos de la Iglesia.

 

En segundo lugar, hay que destacar sus responsabilidades tanto en los monasterios en los que vivió como en la orden benedictina. En abril de 1918, siendo aún muy joven, fue elegido abad ordinario de San Pablo Extramuros. Durante su abadiato restauró la abadía de Farfa y la reformó hasta convertirla en un centro de oración y estudio. En 1920, la asamblea de abades benedictinos le nombra miembro del consejo del Primado de la Orden; y los Padres Casineneses le eligen Procurador General de su Congregación ante la Curia Romana.

 

En tercer lugar, hay que destacar su colaboración y dedicación esmerada al servicio de diversos organismos de la Santa Sede. El Papa Benedicto XV le nombra Consultor de las sagradas Congregaciones de Ritos y Causas de los Santos; y presidente de la Comisión Pontificia de Arte Sacro. Pío XI le incorpora a la Sagrada Congregación de Estudios y Universidades y le incorpora al grupo de cinco personas que, con el Papa, componen el nuevo formulario para la misa y el oficio de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Le envía como Visitador Apostólico Extraordinario a los seminarios de Lombardía y Campaña; así como varios colegios internacionales, entre ellos, el Pontificio Colegio Español de San José de Roma. Culmina esta etapa el 26 de junio de 1929, cuando el Papa Pío XI le elige pastor de la que había sido su última diócesis y le nombra el 139º arzobispo de Milán; apenas un mes después, en el consistorio del 15 de julio, le crea cardenal presbítero del título de los Santos Silvestre y Martín ai Monti, antiguo monasterio benedictino que fue el título cardenalicio de Pío XI; y el 21 de julio siguiente fue ordenado obispo por el propio Papa en la Capilla Sixtina. Es evidente la estima y confianza que Pío XI tenía en él.

 

Desde este día se entrega a su diócesis como un pastor celoso, siendo admirado por su dedicación pastoral. Durante la segunda guerra mundial permaneció en el Milán ocupado por las tropas alemanas para evitar la destrucción de la ciudad y socorrer el sufrimiento y la miseria provocadas por el conflicto. Convocó cinco sínodos diocesanos, un concilio provincial, dos congresos eucarísticos y marianos; escribió numerosas cartas pastorales a la Diócesis; y trató de estar cercano a todos mediante las casi cinco veces que recorrió toda la vasta diócesis ambrosiana en visita pastoral.

 

Por encargo de Pío XI, reestructuró los diversos seminarios milaneses construyendo el Seminario de Venegono, inaugurado en 1935; que se convertirá en un centro de renovación teológica y espiritual de seminaristas y sacerdotes, especialmente del clero joven. Fomentó también la formación cristiana de todo el pueblo a través de la prensa católica y centros culturales como el Ambrosianeum, instituto dedicado al estudio de San Ambrosio, y el Didascaleion, instituto de música sagrada.

 

Pero el Beato Schuster destacó, sobre todo, como liturgo; por su modo de vivir y presidir las celebraciones litúrgicas. Al cuidado esmerado de las celebraciones correspondía una honda espiritualidad y dignidad que invitaba a todos a la alabanza divina. Esta honda espiritualidad litúrgica impactó a muchos de sus contemporáneos. Es la espiritualidad del monje llamado a ser pastor; del austero hombre de oración convertido en incansable apóstol; del obispo que comprende su ministerio episcopal como un ministerio de santificación.

 

A sus 74 años, es obligado por los médicos a tener unos días de reposo y descanso veraniego para fortalecer su debilidad física. Se retiró a su querido seminario de Venegono y allí murió en la madrugada del 30 de agosto de 1954. Fue enterrado en la catedral metropolitana de Milán. El 12 de mayo de 1996, a los cuarenta años de su muerte, fue beatificado por el papa Juan Pablo II.

Santoral

Beata_Giovanna_Maria_della_Croce-Giovanna_Jugan29 de Agosto

Santa María de la Cruz Jugan, virgen y fundadora

Cerca de Renes, en Francia, santa María de la Cruz (Juana) Jugan, virgen, que fundó la Congregación de las Hermanitas de los Pobres para pedir limosna para los necesitados y para Dios, pero injustamente alejada de la dirección del Instituto, pasó el resto de su vida en la oración y en la humildad.

Nació el 25 de octubre de 1792. Su padre era un honrado pescador en las costas de Terranova y un día el mar bravío lo engulló. Ella tenía cuatro años. Después fue de gran ayuda para su madre, que debía alimentar a todos los hijos; cuidaba un rebaño mientras rezaba y mantenía viva la presencia de Dios en su corazón. En 1810 obtuvo empleo como ayudante de cocina en casa de la vizcondesa de la Chouë. A los 18 años la cortejó un marinero. No quiso comprometerse entonces y al cumplir los 24 el enamorado insistió. Su madre juzgaba que el matrimonio sería ventajoso, pero a Juana le movía esta poderosa convicción: «Dios me quiere para Él. Él me guarda para una obra que no es aún conocida…». En 1816 participó en una «Misión». Y en medio de la oración brotó el afán de consagrarse a Dios y de asistir a los pobres por amor a Él, vinculada a la Tercera Orden del Corazón de la Madre Admirable, obra de san Juan Eudes. Comenzó a trabajar como ayudante de enfermería en el hospital «du Rosais» de Saint-Servan, hasta que en 1823 cayó enferma por causa de gran fatiga. Pero ya había hecho acopio de una excelente formación que iba a ayudarle en su misión, y mostrado gran sensibilidad para comprender y paliar el dolor ajeno. Convivió con Marie Lecoq doce años. Compartían el mismo ideal: misa diaria, oración, visitas a los pobres de la parroquia, y la formación catequética a los niños. Ella ayudó a Juana a restablecerse.

Lecoq murió en 1835. Pocos años más tarde, la santa alquiló una vivienda junto a François Aubert, que era conocida suya. Inició la fundación en el invierno de 1839 con la acogida de una anciana viuda, pobre, ciega y enferma de la que tenía referencia directa. La ubicó en su dormitorio portándola en sus brazos, y ella se mudó al granero. Las siguientes integrantes fueron Virginia, una joven de 17 años, que sanó gracias a sus cuidados, y otra persona mayor, soltera, que había servido gratuitamente a un matrimonio sin recursos y que no tenía a donde ir. La demanda crecía y pronto escaseó el espacio. Abnegada, generosa, llena de piedad y misericordia por los pobres desvalidos, los buscaba en barrios marginales y en toda clase de tugurios. En 1840 pusieron en marcha una asociación caritativa junto al vicario del lugar, Augusto Le Pailleur; éste sería su cruz. François tuvo en cuenta su avanzada edad, y prefirió quedarse en la retaguardia. Esta mujer, Juana y Magdalena Bourges, otra enferma cobijada en casa que la fundadora auxilió, fueron las primeras integrantes de las Hermanitas de los Pobres.

Para alimentar a tantas personas recogidas y a falta de ingresos, mendigaban. Lo habían hecho antes las ancianas, pero pidieron a Juana que las sustituyera. Y ella aceptó animada por un religioso de san Juan de Dios. Tuvo que vencerse y hacer un ímprobo esfuerzo, pero salió a la calle y plantó cara muchos desplantes y chanzas. Sufrió las inclemencias meteorológicas y la penalidad de los largos trayectos. Tenía dotes para la colecta, y obtenía no solo dinero sino también ayuda en especies. Un día le dieron una bofetada, y ella respondió mansamente: «Gracias; eso es para mí. ¡Pero ahora deme algo para mis pobres, por favor!». Una persona que poseía cuantiosos bienes juzgó que era suficiente con la notable cantidad que le entregó; no llevó bien que Juana volviese de nuevo en otra ocasión y la trató sin miramiento. Pero ella no se arredró. Le recordó que precisaban comer todos los días. El hombre, impresionado, se avergonzó y se convirtió en uno de sus benefactores. La santa también infundía el amor al trabajo a los ancianos, que ayudaban con lo que sabían hacer para costear los gastos.

En 1843 fue unánimemente reelegida superiora por sus compañeras. En 1845 la Academia Francesa le concedió el premio Montyon por su labor humanitaria; el dinero que le dieron lo invirtió en reparar un techo. También la logia masónica premió su labor con una medalla de oro que fundió para hacer un cáliz. Su fama crecía, aunque ella no la buscara. Sin embargo Le Pailleur tenía aspiraciones que no discurrían por el camino evangélico. Su intención era manejar a su antojo la fundación y pensando que no podría intervenir en ella si Juana estaba al frente, poco tiempo después de la elección, dando por inválida su designación, la relegó a la colecta sin más atribuciones. Como siempre, un santo obra milagros en la adversidad y arrebata las gracias con su virtud. Juana, que no perseguía el poder, obedeció y asumió con mansedumbre la decisión y las humillaciones que siguieron después, incluido el trato prepotente y altivo de la nueva y joven superiora.

Enviada a Rennes a mendigar, fundó allí en 1846 y luego abrió casas en distintos puntos del sur de Francia. Devotísima de san José, logró que los ancianos se encomendaran a él, y obtuvieran lo que pedían. En 1852 Le Pailleur, que le prohibió también pedir limosna, la envió a la casa fundadora. Allí permaneció cerca de tres décadas realizando tareas domésticas, completamente postergada, íntima y profundamente unida a Cristo, amando a los pobres, en quienes le veía: «No olviden nunca que el pobre es nuestro Señor». Desde el anonimato se ocupó de mantener en pie la Orden, impulsándola, gozándose íntimamente en su sencillez de los frutos que se cosechaban. ¡Qué corazón tan grande! Con sus propios matices, es la noble y conmovedora historia que late en las fundaciones porque quienes las impulsaron murieron día a día a sí mismos buscando únicamente la gloria de Dios. La obra fue aprobada por León XIII en marzo de 1879. El 29 de agosto de ese año ella murió en silencio, como hizo en las décadas de humano ostracismo mientras que su espíritu iba inundándose con la luz divina. Muchas de las hermanas supieron después que era la fundadora. Juan Pablo II la beatificó el 3 de octubre de 1982. Benedicto XVI la canonizó el 11 de octubre de 2009.

Santoral

San Agustin28 de Agosto

San Agustín de Hipona, obispo y doctor de la Iglesia

Memoria de san Agustín, obispo y doctor eximio de la Iglesia, que, convertido a la fe católica después de una adolescencia inquieta por los principios doctrinales y las costumbres, fue bautizado en Milán por san Ambrosio y, vuelto a su patria, llevó con algunos amigos una vida ascética y entregada al estudio de las Sagradas Escrituras. Elegido después obispo de Hipona, en la actual Argelia, durante treinta y cuatro años fue maestro de su grey, a la que instruyó con sermones y numerosos escritos, con los cuales también combatió valientemente los errores de su tiempo y expuso con sabiduría la recta fe.

San Agustín ha sido uno de los santos más famosos de la Iglesia católica. Después de Jesucristo y de San Pablo es difícil encontrar un líder espiritual que haya logrado ejercer mayor influencia entre los católicos que este enorme santo.

Su inteligencia era sencillamente asombrosa, su facilidad de palabra ha sido celebrada por todos los países. De los 400 sermones que dejo escritos, han sacado y seguirán sacando material precioso para sus enseñanzas, los maestros de religión de todos los tiempos.    Cuando Agustín se convirtió al catolicismo escribió el libro Confesiones, que lo ha hecho famoso en todo el mundo.

Su lectura ha sido la delicia de millones de lectores en muchos países por muchos siglos. El comentaba que a la gente le agrada leer este escrito por gozan leyendo de los defectos ajenos, pero no se esmeran en corregir los propios. La lectura de “Las Confesiones de San Agustín” ha convertido a muchos pecadores. Por ejemplo Santa Teresa cambio radicalmente de comportamiento al leer esas páginas.   Cuando joven tuvo una grave enfermedad y ante el temor de la muerte se hizo instruir en la religión católica y se propuso hacerse bautizar.

Pero apenas recobro la salud se le olvidaron sus buenos propósitos y siguió siendo pagano. Más tarde criticara fuertemente a los que dejan para bautizarse cuando ya son bastante mayores, para poder seguir pecando.   Luego leyó una obra que le hizo un gran bien y fue el “Hortensio” de Cicerón. Este precioso libro lo convenció de que cada cual vale más por lo que es y por lo que piensa que por lo que tiene.    Pero luego sucedió que tuvo un retroceso en su espiritualidad. Ingreso a la secta de los Maniqueos, que decía que este mundo lo había hecho el diablo y enseñaban un montón de errores absurdos.

Luego se fue a vivir en unión libre con una muchacha y de ella tuvo un hijo al cual llamo Adeodato ( que significa : Dios me lo ha dado)   Luego leyó las obras del sabio filosofo Platón y se dio cuenta de que la persona humana vale muchísimo más por su espíritu que por su cuerpo y que lo que más debe uno esmerarse en formar es su espíritu y su mente. Estas lecturas del sabio Platón le fueron inmensamente provechosas y lo van a guiar después durante toda su existencia.

Se dedico a leer la Santa Biblia y se desilusiono, ya que le pareció demasiado sencilla y sin estilo literario, como los libros mundanos. Y dejo por un tiempo de leerla. Después dirá, suspirando de tristeza : “Porque la leía con orgullo y por aparecer sabio, por eso no me agradaba. Porque yo en esas páginas no buscaba santidad, sino vanidad por eso me desagradaba su lectura. ¡ Oh sabiduría siempre antigua y siempre nueva. Cuan tarde te he conocido!”.

Al volver al África fue ordenado sacerdote y el obispo Valerio de Hipona, que tenía mucha dificultad para hablar, lo nombró su predicador. Y pronto empezó a deslumbrar con sus maravillosos sermones. Predicaba tan hermoso, que nadie por ahí, había escuchado hablar a alguien así, a gente escuchaba hasta por tres horas seguidas sin cansarse. Los temas de sus sermones, eran todos sacados de la santa Biblia, pero con un modo tan agradable y sabio que la gente se entusiasmaba.

Y sucedió que al morir Valerio, el obispo, el pueblo lo aclamo como nuevo obispo y tuvo que aceptar. en adelante será un obispo modelo, un padre bondadoso para todos. Vivirá con sus sacerdotes en una amable comunidad sacerdotal donde todos se sentirán hermanos. El pueblo siempre sabia que la casa del obispo Agustín siempre estará abierta para los que necesitan ayuda espiritual o material.

Será gran predicador invitado por los obispos y sacerdotes de comunidades vecinas y escritor de libros bellísimos que han sido y serán la delicia de los católicos que quieran progresar en la santidad. El tenía la rara cualidad de hacerse amar por todos.    Había en el norte de África unos herejes llamados Donatistas, que enseñaba que la Iglesia no debe perdonar a los pecadores y que como católicos solamente deben ser admitidos los totalmente puros ( pero ellos no tenían ningún reparo en asesinar a quienes se oponían en sus doctrinas ) Agustín se les opuso con sus elocuentes sermones y brillantísimos escritos, y ellos no eran capaces de responderles a sus razones y argumentos.

Al fin el Santo logró llevar a cabo una reunión en Cartago con todos los obispos católicos de la región y todos los jefes de los Donatistas y allí los católicos dirigidos por nuestro santo derrotaron totalmente en todas las discusiones a los herejes, restos fueron abandonados por la mayor parte de sus seguidores, y la secta se fue acabando poco a poco.

Vino enseguida otro hereje muy peligroso. Un tal Pelagio, que enseñaba que para ser santo no hacía falta recibir gracias o ayudas de Dios, sino que uno mismo por su propia cuenta y propios esfuerzos logra llegar a la santidad. Agustín que sabía por triste experiencia que por 32 años había tratado de ser bueno por sus propios esfuerzos y que lo único que había logrado era ser malo, se le opuso con sus predicaciones y sus libros y escribió un formidable tratado de “La Gracia”, el cual prueba que nadie puede ser bueno, ni santo, si Dios no le envía gracias ni ayudas especiales para serlo, en este tratado tan lleno de sabiduría, se han basado después de los siglos, los teólogos de la Iglesia católica para enseñar acerca de la gracia.

Cuando Roma fue saqueada y casi destruida por los bárbaros de Genserico, los antiguos paganos habían dicho que todos estos males habían llegado por haber dejado de rezar a los antiguos dioses paganos y por haber llegado la religión católica. Agustín escribió entonces un nuevo libro, el más famoso después de las Confesiones, “La Ciudad de Dios” ( empleó 13 años redactándolo ).

Allí defiende poderosamente a la religión católica y demuestra que las cosas que suceden, aunque a primera vista son para nuestro mal, están todas en un plan que Dios hizo en favor nuestro que al final veremos que era para nuestro bien. ( Como dice San Pablo: “Todo sucede para bien de los que aman a Dios”) .   En el año 430 el santo empezó a sentir continuas fiebres y se dio cuenta de que la muerte lo iba alcanzar, tenía 72 años y cumplía 40 años de ser fervoroso católico, su fama de sabio, de santo y de amable pastor era inmensa.

Los bárbaros atacaban su ciudad de Hipona para destruirla, y el murió antes de que la ciudad cayera en manos de semejantes criminales. A quién le preguntaba que si no sentía temor de morir, el les contestaba : “Quien ama a Cristo, no debe temer miedo de encontrarse con El”. Pidió que escribieran sus salmos preferidos en grandes carteles dentro de su habitación para irlos leyendo continuamente ( él en sus sermones, había explicado los salmos ) durante su enfermedad curó un enfermo, con solo colocarle las manos en la cabeza y varías personas que estaban poseídas por malos espíritus quedaron libres ( San Posidio, el obispo que lo acompaño hasta sus últimos días, escribió después su biografía ).

Santoral

Saint_Monique_and_Saint_Augustin27 de Agosto

Santa Mónica, madre de familia

Memoria de santa Mónica, que, aún jovencísima, fue dada en matrimonio a Patricio, con quien tuvo hijos, entre ellos a Agustín, por cuya conversión derramó abundantes lágrimas y oró mucho a Dios, y, anhelante de la vida celestial, abandonó la terrenal en Ostia Tiberina, en Italia, cuando regresaba de África.

 

Madre de San Agustín, Año 387  Santa Mónica es famosa por haber sido la madre de San Agustín y por haber logrado la conversión de su hijo. Mónica nació en Tagaste(África del Norte ) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332.

Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad ( como su nombre lo indica ) pero sus padres dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamada Patricio. Este era un buen trabajador, pero terriblemente malgeniado, y además mujeriego, jugador y sin religión , ni gusto por lo espiritual.

La hará sufrir lo que no esta escrito y por treinta años ella tendrá aguantar los tremendos estallidos de ira de su marido que grita por el menor disgusto, pero este jamás se atreverá a levantar la mano contra ella. Tuvieron tres hijos : dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por docenas de años.

En aquella región del norte de África, donde las gentes eran sumamente agresivas, las demás esposas le preguntaban a Mónica porque su esposo era uno de los hombres de peor genio en toda la ciudad, pero no la golpeaba nunca a ella, y en cambio los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les respondió : “Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando el grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto la pelea, pues….no peleamos”. Esta fórmula se ha hecho celebre en el mundo y ha servido a millones de mujeres para mantener la paz en la casa.

Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad tan grande con los pobres, nunca se oponía a que ella se dedicara a estas buenas obras. y quizás por eso mismo logro su conversión. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año de 371 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo lo hiciera la suegra, mujer terriblemente colérica que por meterse demasiado en el hogar de su nuera le había amargado harto la vida a la pobre Mónica.Un año después de su bautismo, murió santamente Patricio, dejando a la pobre viuda con el problema de su hijo mayor.

Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarleaMónica noticias cada vez peores, de que el joven llevaba una vida nada santa. que en una enfermedad, ante el temor a la muerte se había hecho instruir acerca de la religión y propuesto hacerse católico, pero que sanado de la enfermedad había abandonado el propósito de hacerlo.

Y que finalmente, se había hecho socio de una secta llamada de los Maniqueos, que afirmaban que el mundo no lo había hecho Dios, sino el Diablo. Y Mónica que era bondadosa pero no cobarde, ni floja, al volver su hijo a vacaciones y empezar a oírle mil barbaridades contra la verdadera religión, lo hecho sin más de la casa y le cerró las puertas, porque bajo su techo no quería alberga enemigos de Dios.

Pero sucedió que en esos días Mónica tuvo un sueño en el que vio que ella estaba en bosque llorando por la pérdida espiritual de su hijo y que en ese momento se le acercaba un personaje muy resplandeciente y le decía :”tu hijo volverá contigo ” y enseguida vio a Agustín junto a ella. Le narro al muchacho el sueño tenido y el dijo lleno de orgullo que eso significaba que la madre se iba a volver maniqueísta como el. Pero ella le respondió : “En el sueño no me dijeron, mama ira a donde su hijo, sino tu hijo volverá contigo” Esta hábil respuesta impresionó mucho a su hijo, quien mas tarde la consideraba como una inspiración del cielo. Esto sucedió en el año 437.

Por muchos siglos ha sido muy comentada la bella respuesta que un obispo le dio a Mónica cuando ella le contó que llevaba años y años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a sacerdotes y amigos por la conversión de Agustín. El obispo le respondió : “Este tranquila, es imposible que se pierda el Hijo de tantas lagrimas”. Esta admirable respuesta y lo que había oído en el sueño, la llenaban de consuelo y esperanza, a pesar de que Agustín no daba la menor señal de arrepentimiento.   Y sucedió que en año 387, Agustín al leer unas frases de San Pablo sintió una impresión extraordinaria y se propuso cambiar de vida.

Envió lejos a la mujer con la cual vivía en unión libre, dejo sus vicios y malas costumbres.Se hizo instruir en la religión y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese año se hizo bautizar.

YO PUEDO MORIR TRANQUILA :  Agustín, ya convertido, dispuso volver con su madre y su hermano, a su tierra, en el África, y se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había conseguido todo lo que anhelaba es esta vida, que era ver la conversión de su hijo. Ya podía morir tranquila. Y sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, por la noche al ver el cielo estrellado platicando con Agustín acerca de como serán las alegrías que tendremos en el cielo, y ambos se emocionaban comentando y meditando los goces celestiales que nos esperan. En determinado momento exclamo entusiasmada : ” ¿ Y a mí que más me puede amarrar a la tierra ? Ya he obtenido mi gran deseo, el verte cristiano católico. Todo lo que deseaba lo he conseguido de Dios”. Poco después le invadió la fiebre, y en pocos días se agravo y murió.

Lo único que pidió a sus dos hijos es que no dejaran de rezar por el descanso de su alma. Murió en el año 387 a los 55 años de edad.   Miles de madres y de esposas se han encomendado en todos estos siglos a Santa Mónica, para que les ayude a convertir a sus esposos e hijos, y han conseguido conversiones admirables.

 

Santoral

Beati_Luigi_Beltrame_Quattrocchi_e_Maria_Corsini26 de Agosto

Beata María Beltrame Quattrocchi, madre de familia

En Roma, beata María Beltrame Quattrocchi, que, madre de familia, vivió ejemplarmente su vida matrimonial, mostrando su comunión de fe y de caridad hacia el prójimo e iluminando con la luz de Cristo la familia y la sociedad.

Aunque quedan inscriptos en el Martirologio, como es práctica, cada uno en su fecha de «nacimiento a la vida eterna» correspondiente, verdaderamente la beatificación de Luis y y su viuda María fue ocasión -al igual que con los padres de Santa Teresa de Lisieux, los beatos Beatos Celia Guérin y Luis Martin-, para que SS Juan Pablo II no sólo exaltara las virtudes del matrimonio cristiano, sino que además mostrara que en el caso de estos beatos, fue el matrimonio como tal el camino privilegiado de su santificación. No sólo han sido beatificados juntos marido y mujer, sino que deben evocarse juntos. Reproducimos un fragmento de la homilía de SS Juan Pablo II en la misa de beatificación de este matrimonio, el Domingo 21 de octubre de 2001.

 

No podía haber ocasión más feliz y más significativa que ésta [es decir: la beatificación del matrimonio Beltrame-Corsini] para celebrar el vigésimo aniversario de la exhortación apostólica “Familiaris consortio”. Este documento, que sigue siendo de gran actualidad, además de ilustrar el valor del matrimonio y las tareas de la familia, impulsa a un compromiso particular en el camino de santidad al que los esposos están llamados en virtud de la gracia sacramental, que “no se agota en la celebración del sacramento del matrimonio, sino que acompaña a los cónyuges a lo largo de toda su existencia” (Familiaris consortio, 56). La belleza de este camino resplandece en el testimonio de los beatos Luis y María, expresión ejemplar del pueblo italiano, que tanto debe al matrimonio y a la familia fundada en él.

 

Estos esposos vivieron, a la luz del Evangelio y con gran intensidad humana, el amor conyugal y el servicio a la vida. Cumplieron con plena responsabilidad la tarea de colaborar con Dios en la procreación, entregándose generosamente a sus hijos para educarlos, guiarlos y orientarlos al descubrimiento de su designio de amor. En este terreno espiritual tan fértil surgieron vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, que demuestran cómo el matrimonio y la virginidad, a partir de sus raíces comunes en el amor esponsal del Señor, están íntimamente unidos y se iluminan recíprocamente.

 

Los beatos esposos, inspirándose en la palabra de Dios y en el testimonio de los santos, vivieron una vida ordinaria de modo extraordinario. En medio de las alegrías y las preocupaciones de una familia normal, supieron llevar una existencia extraordinariamente rica en espiritualidad. En el centro, la Eucaristía diaria, a la que se añadían la devoción filial a la Virgen María, invocada con el rosario que rezaban todos los días por la tarde, y la referencia a sabios consejeros espirituales. Así supieron acompañar a sus hijos en el discernimiento vocacional, entrenándolos para valorarlo todo “de tejas para arriba”, como simpáticamente solían decir.

 

La riqueza de fe y amor de los esposos Luis y María Beltrame Quattrocchi es una demostración viva de lo que el concilio Vaticano II afirmó acerca de la llamada de todos los fieles a la santidad, especificando que los cónyuges persiguen este objetivo “propriam viam sequentes”, “siguiendo su propio camino” (Lumen gentium, 41). Esta precisa indicación del Concilio se realiza plenamente hoy con la primera beatificación de una pareja de esposos: practicaron la fidelidad al Evangelio y el heroísmo de las virtudes a partir de su vivencia como esposos y padres.

 

En su vida, como en la de tantos otros matrimonios que cumplen cada día sus obligaciones de padres, se puede contemplar la manifestación sacramental del amor de Cristo a la Iglesia. En efecto, los esposos, “cumpliendo en virtud de este sacramento especial su deber matrimonial y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, con el que toda su vida está impregnada por la fe, la esperanza y la caridad, se acercan cada vez más a su propia perfección y a su santificación mutua y, por tanto, a la glorificación de Dios en común” (Gaudium et spes, 48).

 

Queridas familias, hoy tenemos una singular confirmación de que el camino de santidad recorrido juntos, como matrimonio, es posible, hermoso y extraordinariamente fecundo, y es fundamental para el bien de la familia, de la Iglesia y de la sociedad.

 

Esto impulsa a invocar al Señor, para que sean cada vez más numerosos los matrimonios capaces de reflejar, con la santidad de su vida, el “misterio grande” del amor conyugal, que tiene su origen en la creación y se realiza en la unión de Cristo con la Iglesia (cf. Ef 5, 22-33).

Santoral

San_Giuseppe_Calasanzio_A25 de Agosto

San José de Calasanz, presbítero y fundador

San José de Calasanz, presbítero, que promovió escuelas populares para la formación de los niños y adolescentes en el amor y en la sabiduría del Evangelio, y fundó en Roma la Orden de Clérigos Regulares de las Escuelas Pías (escolapios).

José era el menor de los cinco hijos de Pedro Calasanz y María Gastón. Nació en 1556, en el castillo de su padre, cerca de Peralta de la Sal, en Aragón. Estudió humanidades en Estadilla, donde sus compañeros se burlaban continuamente de su virtud y de su fidelidad en el cumplimiento de sus deberes religiosos. Su padre deseaba que fuese militar; pero José tenía otros planes y logró persuadirle de que le dejase ir a estudiar en la Universidad de Lérida, donde se doctoró en leyes antes de trasladarse a Valencia. Se cuenta que salió de ahí para huír de una joven pariente suya, que le sometió a una tentación semejante a la que muchos siglos antes había sufrido otro José en la corte del faraón. En la Universidad de Alcalá prosiguió sus estudios de teología y, en 1583, fue ordenado sacerdote, a los veintiocho años de edad. Pronto se extendió la fama de la sabiduría y bondad del P. José; más tarde, el obispo de Urgel le nombró vicario general de la provincia de Trempe. Tuvo ahí mucho éxito que aumentó cuando fue enviado a la región de la diócesis más próxima a los Pirineos, es decir, a Andorra, de la que el obispo de Urgel era a la vez «Pastor y Soberano», un título que conserva hasta la actualidad. Esa región solitaria e inaccesible se hallaba en un estado lamentable de decadencia moral y religiosa. San José visitó hasta el último rincón, tratando de renovar en el clero el sentido de sus responsabilidades y obligaciones. Después volvió a Trempe, donde estuvo hasta que fue nombrado vicario general de toda la diócesis. Pero desde tiempo atrás, José se sentía llamado a una tarea muy diferente. Así pues, resolvió renunciar u su oficio y beneficios, repartió su patrimonio entre sus hermanas y los pobres (guardando para sí lo necesario) y dotó varias instituciones de caridad. En 1592, salió de España con rumbo a Roma.

 

En la Ciudad Eterna encontró a un antiguo amigo de Alcalá, Ascanio Colonna, que era ya cardenal. El santo estuvo cinco años bajo la protección de los Colonna. Durante la peste de 1595, se distinguió por su generosidad y valor, porfiando con su amigo Camilo de Lelis por ver quién de los dos se entregaba más ardientemente al cuidado de los enfermos y moribundos. Sin embargo, José no perdía de vista el proyecto que le había movido a ir a Roma, a saber: el problema de la instrucción de los niños huérfanos y abandonados, que tan urgentemente necesitaban que alguien se ocupase de ellos. Para entonces, el santo ya se había hecho miembro de la cofradía de la Doctrina Cristiana, que tenía por finalidad instruir a los niños y a los adultos los domingos y días de fiesta. En esa forma, el P. José pudo ver con sus propios ojos la miseria e ignorancia en que vivían los niños. Pronto se convenció de que no bastaba con ofrecer un poco de instrucción una vez por semana y de que hacía falta establecer escuelas gratuitas. Empezó, pues, por persuadir a los directores de las escuelas parroquiales de que admitiesen gratuitamente a algunos alumnos pobres, pero resultaba imposible resolver el problema, sin elevar los salarios de los profesores, y el Senado Romano se negó a proporcionar fondos para ello. El santo acudió a los jesuitas y a los dominicos, pero los miembros de ambas órdenes estaban ya tan cargados de trabajo, que no podían soñar en ampliar aún más sus actividades. El P. José llegó a la conclusión de que Dios quería que él se ocupase personalmente del problema y tratase de resolverlo solo. El párroco de Santa Dorotea, Antonio Brendani, puso a disposición del santo dos habitaciones y sus propios servicios; otros dos sacerdotes se ofrecieron a colaborar en la empresa y, en noviembre de 1597, se inauguró una escuela gratuita.

 

Al cabo de una semana, había ya cien alumnos y el número creció rápidamente. El fundador hubo de comprometerse a pagar profesores escogidos entre los clérigos que carecían de beneficio. En 1599, San José consiguió una nueva casa para la escuela y obtuvo del cardenal Ascanio Colonna permiso para vivir en ella con los otros profesores. José actuaba como superior de la pequeña comunidad. En los dos años siguientes, el número de alumnos llegó a setecientos y, en 1602, la escuela tuvo que mudarse de nuevo a una casa más espaciosa, contigua a la iglesia de Sant’Andrea della Valle. Un día en que el P. José colgaba una campana en el patio, se cayó de la escalera y se rompió una pierna: a resultas del accidente quedó cojo y sufrió durante el resto de su vida. Clemente VIII hizo un préstamo a la escuela y los personajes de importancia empezaron a enviar a sus hijos a ella, lo cual provocó violentas críticas de parte de los profesores de las escuelas parroquiales y de algunas otras personas. Cuando las acusaciones llegaron a oídos del Pontífice, éste pidió a los cardenales Antoniani y Baronio que visitasen la escuela por sorpresa. Así se hizo y los informes de los prelados fueron tan buenos, que Clemente VIII tomó la escuela bajo su protección. La visita volvió a repetirse en circunstancias semejantes durante el pontificado de Paulo V, quien duplicó la pensión de la escuela. Pero esas dificultades no eran más que el comienzo de las persecuciones de que San José de Calasanz sería objeto durante toda su vida. No obstante, continuó el crecimiento y prosperidad de la obra. En 1611, el santo compró para la escuela un «palazzo» próximo a la iglesia de San Pantaleón. Había ya cerca de mil alumnos, entre los que se contaba cierto número de judíos, a quienes el santo abría las puertas y trataba con suma bondad. Poco a poco se inauguraron otras escuelas; en 1621, la Santa Sede aprobó la nueva congregación religiosa de enseñanza, y san José fue nombrado superior general. Las preocupaciones del superiorato no apartaron al santo de la más estricta observancia ni del cuidado de los menesterosos, de los enfermos y de todos aquellos a quienes podía prestar alguna ayuda. Por entonces, llegó a Roma con su esposa un inglés llamado Tomás Cocket, quien había quedado fuera de la ley en Inglaterra por haber abjurado del protestantismo. El santo le ayudó cuanto pudo, y el Papa, siguiendo su ejemplo, asignó una pensión a los refugiados. La congregación se extendió en los diez años siguientes en Italia y en el Imperio.

 

En 1630, ingresó en la congregación en Nápoles un sacerdote de unos cuarenta años de edad, llamado Mario Sozzi, quien hizo la profesión a su debido tiempo. Durante varios años, la perversa conducta de dicho sacerdote fue una rémora para sus hermanos. Habiendo conseguido cierta influencia en el Santo Oficio, el P. Sozzi se las ingenió para obtener el puesto de provincial de los Clérigos Regulares de las Escuelas Cristianas en Toscana, con poderes extraordinarios e independencia total del superior general. Su gobierno de la provincia, caprichoso y malévolo, puso en mala situación al P. José ante las autoridades romanas. No contento con ello, el P. Sozzi le denunció al Santo Oficio. El cardenal Cesarini, protector de la congregación, mandó confiscar todas las cartas y papeles del P. Sozzi para reivindicar al santo; pero entre los papeles del P. Sozzi había algunos documentos del Santo Oficio, el cual, incitado por Sozzi, le mandó arrestar y conducir por las calles de Roma como un malhechor. San José compareció ante los asesores, y sólo se salvó de la prisión gracias a la intevención del cardenal Cesarini. Pero el P. Sozzi quedó impune y siguió buscando la manera de apoderarse del gobierno de la congregación, haciendo valer que el santo estaba ya muy anciano y achacoso para gobernar. Finalmente, logró que el P. José fuese suspendido del generalato y que se nombrase un visitador apostólico que le era favorable. El P. Sozzi y el visitador se apoderaron prácticamente del mando y sometieron al fundador al trato más injusto y humillante que se pueda imaginar. El desorden que reinaba en la congregación era tal, que los súbditos leales no conseguían convencer de la verdad a las autoridades eclesiásticas.

 

A fines de 1643, murió el P. Sozzi y le sucedió en el gobierno el P. Cherubini, quien siguió la misma política. San José soportó esas pruebas con maravillosa paciencia, urgiendo a sus hermanos a obedecer a la autoridad «de facto». En cierta ocasión, llegó hasta ofrecer refugio al P. Cherubini, contra el que se habían rebelado los sacerdotes más jóvenes, indignados por su conducta. La Santa Sede había nombrado desde hacía algún tiempo una comisión de cardenales para estudiar el asunto y, en 1645, restituyó finalmente al santo el puesto de superior general. La noticia llenó de gozo a la mayor parte de los religiosos; pero los descontentos, apoyados por una pariente del Papa, apelaron nuevamente al Pontífice. La suerte les favoreció y, en 1646, un breve de Inocencio X redujo la Congregación de los Clérigos Regulares de las Escuelas Cristianas a la categoría de simple asociación sujeta a los obispos de las respectivas diócesis. Así, a los noventa años de edad, el santo tuvo la pena de ver desmoronarse aparentemente su obra, por autoridad de la Santa Sede, a la que tanto amaba, y de verse humillado a los ojos del mundo. Cuando se enteró de la noticia, murmuró simplemente las palabras de Job: «Dios me lo dio, Dios me lo quitó. ¡Bendito sea!»

 

El P. Cherubiui fue encargado de la tarea de redactar las nuevas reglas y constituciones. Pero unos cuantos meses después, los auditores de la Rota comprobaron los cargos que se habían hecho contra él de malversación de fondos del Colegio Nazareno, del que era rector. El P. Cherubini salió de Roma en desgracia. Volvió al año siguiente, arrepentido del papel que había desempeñado en la conspiración contra san José y murió en brazos de éste. San José de Calasanz murió pocos meses después, el 25 de agosto de 1648 y fue sepultado en la iglesia de San Pantaleón. Tenía entonces noventa y dos años. A nadie escapa la semejanza de la vida de san José con la de san Alfonso María de Ligorio. Durante los días turbulentos de la historia de la fundación de los redentoristas, san Alfonso solía consolarse leyendo la vida de san José de Calasanz. Este último fue canonizado en 1767, seis años antes de la muerte de Alban Butler, quien sólo le consagró un breve artículo. En él le calificaba de «segundo Job, perpetuo milagro de fortaleza». El cardenal Lambertini, que más tarde fue Papa con el nombre de Benedicto XIV, empleó la misma comparación ante la Sagrada Congregación de Ritos, en 1728. El fracaso de la obra de san José fue sólo aparente. La supresión de la congregación despertó oposición y protestas en varias ciudades; en 1656, se concedió a los Clérigos Regulares de las Escuelas Cristianas la profesión de votos simples y, en 1669, se aprobó de nuevo la congregación. Los hijos de San José de Calasanz (comúnmente llamados escolapios) se hallan actualmente establecidos en varias partes del mundo.

Santoral

Venerabile_Alfonsa_Clerici24 de Agosto

Beata Alfonsa Clerici

VERCELLI, martes 24 de agosto de 2010 –  El compromiso de la hermana Alfonsa Clerici con sus alumnos iba más  allá de una “asistencia piadosa”. El amor y la entrega a cada uno de  ellos se tradujo en “propuestas e iniciativas de todo tipo, en el plano  religioso, espiritual y cultural para su auténtica y más completa  posible promoción humana y cristiana”, así testimonió una de sus alumnas  durante el proceso para su beatificación.

La hermana Alfonsa  será beatificada el próximo 23 de octubre en la diócesis de Vercelli,  región del Piamonte, al norte de Italia. La ceremonia será presidida por  monseñor Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los  Santos en representación del Papa Benedicto XVI.

Alfonsa  nació en Linate el 14 de febrero de 1860. A los 15 años entró al  colegio de las Hermanas de la preciosísima Sangre en Monza. En 1879  consiguió el diploma de maestra en grado superior y comenzó a enseñar en  la escuela pública de Linate.

A los 23 años ingresó en la  comunidad del colegio donde había estudiado: “Yo que tengo el honor de  llevar el nombre de Hermana de la Preciosísima Sangre”, escribió la  religiosa cuando emitió sus votos temporales, “estaré contenta donde  haya más sacrificio, estaré contenta de derramar la sangre de la  voluntad, del amor propio”,  dijo.

La congregación a la que  perteneció la hermana Alfonsa tiene el carisma de la vida comunitaria  intensa, así como la educación en la que resaltan a sus alumnos la  dignidad como hijos de Dios. También se dedican a la asistencia a los  enfermos y a la promoción de la mujer. Actualmente se encuentran en  Italia, Brasil, Kenya, Timor Oriental y Myanmar.

Luego de emitir  sus votos, la hermana Alfonsa enseñó en el colegio donde había  estudiado. Allí fue también la directora de 1898 a 1907.  El principal  desafío que enfrentó fue la solución de una gran crisis económica que  sufrió su instituto. Ella misma admitió que se trataba de “una comunidad  que reordenar, que reformar pero no que deshacer”.

La hermana Alfonsa fue llamada en 1911 a dirigir el colegio Retiro de la providencia,  ubicado en Vercelli. Se trataba de un instituto de acogida de personas  huérfanas o que vivían en una situación familiar difícil.

“Era el  consejo de administración el que guiaba y seguía este colegio, pero  tenían pocos recursos”, ( hermana Santina  Dino).

“Encontraron estos chicos, algunos pequeños que no  lograban tener una educación completa porque faltaba el dinero. Ella  buscaba mejorar la situación”, comentó la religiosa.

Su santidad  se fue forjando en pequeñas acciones de caridad que tenía con sus  alumnos y con las personas más necesitadas que llegaban a este  instituto.

“Muchos pobres y atribulados iban diariamente al  Instituto para obtener un pedazo de pan o un vestido y, sobre todo un  poco de amor, que la hermana Alfonsa sabía dan con alegría. Ninguno se  iba desilusionado, todos recibían algo de ella, sea material o  espiritual”, asegura su postuladora.

Una caridad que se fundaba en una vida espiritual muy profunda y particular. Por ello su biografía se titula Con la fronte per terra, (Con la frente por tierra n.d.t), “Oraba de rodillas y ponía su frente en la tierra”, indicó su postuladora.

Hermana Santina cuenta que un día, durante la Primera Guerra Mundial,  un soldado fue a pedirle dinero. La hermana Alfonsa sólo tenía la  cantidad exacta para comprar una lámpara para el Santísimo. Ella le dijo  que no lo podía ayudar económicamente. En la noche no pudo dormir y  decidió darle ese dinero al soldado.

Al día siguiente fue una  condesa a visitarla y a darle una ofrenda. “Era la misma cantidad que le  había dado al soldado. ¡El Señor se lo había devuelto!”, cuenta su  postuladora.

Entre el 12 y el 13 de enero de 1930, la hermana  Alfonsa sufrió una fuerte hemorragia cerebral mientras que oraba con su  habitual posición de la cabeza en el suelo. Así fue encontrada. Murió al  día siguiente.

Durante su proceso de beatificación, cinco de sus  alumnas, cuyas edades oscilaban entre 85 y 87 años, dieron su  testimonio sobre los actos de caridad de esta religiosa: “Lo más bello  es que todas las interrogadas decían lo mismo: eran bien tratadas, ella  sabía estar cercana a todas y buscar para cada una la mejor solución,  sea llevarlas de vacaciones, ayudar a resolver su situación familiar.  Ella vivió en el silencio y en la pobreza en este instituto”, concluyó  su postuladora.

Santoral

Santa_Rosa_da_Lima_M23 de Agosto

Santa Rosa de Lima, virgen

Santa Rosa, virgen, que, insigne desde muy niña por su austera sobriedad de vida, en Lima, en el Perú, vistió el hábito de las Hermanas de la Tercera Orden de Santo Domingo. Entregada a la penitencia y a la oración, y ardiente de celo por la salvación de los pecadores y de la población indígena, aspiraba a dar la vida por ellos, sometiéndose de buena gana a toda clase de sufrimientos para ganarlos para Cristo. Su muerte tuvo lugar el día veinticuatro de agosto. (1617)
patronazgo: patrona de América del Sur, de Perú, Filipinas, y Lima, de los jardineros y floristas; auxilio en las disputas familiares; para pedir un buen parto, protectora contra las lesiones y el sarpullido.

 

tradiciones, refranes, devociones: El día 30 de agosto (antigua fiesta litúrgica, que aun se celebra en Perú) se asocia con una tormenta a la que se llama precisamente «tormenta de santa Rosa».
Refrán: San Marcos llena los charcos, Santa Rosa los rebosa y Santa Lucía los vacía.

Santa Rosa de Lima, Año 1617 .

El Papa Inocencio IX dijo de esta santa un elogio admirable: “Probablemente no ha habido en América un misionero que con sus predicaciones haya logrado más conversiones que las que Rosa de Lima obtuvo con su oración y sus mortificaciones”. Lo cual es mucho decir.

Nacida en Lima, Perú, en 1586 (año de la aparición de la Virgen en Chiquinquirá, [ 9 julio] ) fue la primera mujer americana declarada santa por la Iglesia Católica.   En el bautizo le pusieron el nombre de Isabel, pero luego la mamá al ver que al paso de los años su rostro se volvía sonrosado y hermoso como una rosa, empezó a llamarla con el nombre de Rosa.

Y el Sr. Arzobispo al darle la confirmación le puso definitivamente ese nombre, con el cual es conocida ahora en todo el mundo.   Desde pequeñita Rosa tuvo una gran inclinación a la oración y a la meditación. Un día rezando ante una imagen de la Virgen María le pareció que el niño Jesús le decía: “Rosa conságrame a mí todo tu amor”.

Y en adelante se propuso no vivir sino para amar a Jesucristo. Y al ir a su hermano decir que si muchos hombres se enamoraban perdidamente era por la atracción de una larga cabellera ó de una piel muy hermosa, se cortó el cabello y se propuso llevar el rostro cubierto con un velo, para no ser motivo de tentaciones para nadie. Quería dedicarse únicamente a amar a Jesucristo.

Se propuso irse de monja Agustina. Pero el día en que fue a arrodillarse ante la imagen de la Virgen Santísima para pedirle que le iluminara si debía irse de monja ó no, sintió que no podía levantarse del suelo donde estaba arrodillada. Llamó a su hermano a que le ayudara a levantarse pero él tampoco fue capaz de moverla de allí. Entonces se dio cuenta de que la voluntad de Dios era otra y le dijo a Nuestra Señora: “Oh Madre Celestial, si Dios no quiere que yo me vaya a un convento, desiste desde ahora de su idea”.

Tan pronto pronunció estas palabras quedó totalmente sin parálisis y se pudo levantar del suelo fácilmente.   Entonces vino a saber que la más famosa terciaria dominica es Santa Catalina de Siena (29 de abril) y se propuso estudiar su vida e imitarla en todo. Y lo logró de manera admirable. Se fabricó una túnica blanca y el manto negro y el velo también negro para la cabeza, y así empezó a asistir a las reuniones religiosas del templo.   Su padre fracasó en el negocio de una mina y la familia quedó en gran pobreza.

Entonces Rosa se dedicó durante varias horas de cada día a cultivar un huerto en el solar de la casa y durante varias horas de la noche a hacer costuras, para ayudar a los gastos del hogar.   Es difícil encontrar en América otro caso de mujer que haya hecho mayores penitencias. No las vamos a describir todas aquí porque muchas de ellas no son para imitar. Pero sí tenemos que decir que lo primero que se propuso mortificar fue su orgullo, su amor propio, su deseo de aparecer y de ser admirada y conocida. Y en ella, como en todas las cenicientas del mundo se ha cumplido lo que dijo Jesús: “quien se humilla será enaltecido”.   Una segunda penitencia de Rosa de lima fue la de los alimentos.

Su ayuno era casi continuo. Y su abstinencia de carnes era perpetua. Comía lo mínimo necesario para no desfallecer de debilidad. Aún los días de mayores calores, no tomaba bebidas refrescantes de ninguna clase, y aunque a veces la sed la atormentaba, le bastaba mirar el crucifijo y recordar la sed de Jesús en la cruz, para tener valor y seguir aguantando su sed, por amor a Dios.   Dormía sobre duras tablas, con un palo por almohada. Alguna vez que le empezaron a llegar deseos de cambiar sus tablas por un colchón y una almohada, miró al crucifijo y le pareció que Jesús le decía: “Mi cruz, era mucho más cruel que todo esto”. Y desde ese día nunca más volvió a pensar en buscar un lecho más cómodo.

Los últimos años vivía continuamente en un ambiente de oración mística, con la mente casi ya más en el cielo que en la tierra. Su oración y sus sacrificios y penitencias conseguían numerosas conversiones de pecadores, y aumento de fervor en muchos religiosos y sacerdotes. En la ciudad de Lima había ya una convicción general de que esta muchacha era una verdadera santa.   Desde 1614 ya cada año al llegar la fiesta de San Bartolomé, el 24 de agosto, demuestra su gran alegría. Y explica el porqué de este comportamiento: “Es que en una fiesta de San Bartolomé iré para siempre a estar cerca de mi redentor Jesucristo”. Y así sucedió. El 24 de agosto del año 1617, después de terrible y dolorosa agonía, expiró con la alegría de irse a estar para siempre junto al amadísimo Salvador. Tenía 31 años.

Los milagros empezaron a sucederse en favor de los que invocaban la intercesión de Rosa, y el sumo pontífice la declaró santa y la proclamó Patrona de América Latina.-

Rosa de Lima: la más bella rosa que ha producido nuestro continente: no dejes un solo día de rezar a tu gran amigo Jesucristo, por este continente americano tan supremamente necesitado de las bendiciones de Dios.

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* NOTA: En el caso de santa Rosa de Lima, su vida ocurrió en el cruce de caminos de las tradiciones populares y la fijación normativa de las cuestiones relativas al culto. Así, a pesar de que murió un 23 de agosto, se la comenzó a celebrar el día 30 de agosto, ya desde el principio, posiblemente porque en ese día se haya trasladado alguna reliquia, o por algún otro acontecimiento semejante. Con esa fecha quedó inscripta en el breviario romano, pero cuando se relaizó su proceso canónico, se le asignó la fecha del 26 de agosto (no 23). Un siglo más tarde del proceso, cuando los Bolandistas publican, en 1745, sus “Acta Sanctorum”, erudito monumento al saber hagiográfico, ya nadie recuerda exactamente por qué se la celebra el 30 de agosto, así que dicen respectod e esta fecha: “en este día [es decir, el 30 de agosto] la recoge el breviario romano, pero nosotros seguimos la fecha del Calendario Romano [es decir, en ese momento, el 26]” (Acta Sanctorum, agosto, t. VI, pág 543).

Ya más tarde, la fecha del 26 de agosto, que ni era popular ni era la de su muerte, desapareció como fecha de celebración, y la inscripción en el calendario osciló entre el 23 y el 30 de agosto. El 23 por ser la propia, y el 30 por ser la arraiganda popularmente.

En la actualidad, con la reforma dle calendario litúrgico, se tomó la determinación de colocar su fecha litúrgica donde correspondería, es decir, el 23 de agosto, excepto en aquellos territorios donde el 30 de agosto sea tan tradicional, que no tenga sentido moverla, como ocurre en Perú y en muchas diócesis del continente americano.

Santoral

Beato_Simeone-Symeon-Lukac22 de Agosto

Beato Simeón Lukac, obispo y mártir

25 mártires del siglo XX en Ucrania
El 27 de junio de 2001, SS Juan Pablo II, en su visita pastoral a Ucrania, beatificó a 25 mártires, testigos de la fe en Ucrania en el contexto de las persecuciones del siglo XX.

Palabras de SS. Juan Pablo II en la misa de beatificación:

«Los siervos de Dios, inscritos hoy en el catálogo de los beatos, representan a todos los componentes de la comunidad eclesial: hay entre ellos obispos y sacerdotes, monjes, monjas y laicos. Fueron probados de muchos modos por los partidarios de las ideologías nefastas del nazismo y el comunismo. Mi predecesor Pío XII, consciente de los sufrimientos que padecían estos fieles discípulos de Cristo, con íntima participación manifestó su solidaridad con “los que perseveran en la fe y resisten a los enemigos del cristianismo con la misma fuerza indómita con que resistieron un tiempo sus antepasados”, y elogió su valentía por permanecer “fielmente unidos al Romano Pontífice y a sus pastores” (encíclica Orientales Ecclesias, 15 de diciembre de 1952: AAS 45 [1953] 8).

Sostenidos por la gracia divina, recorrieron a fondo el camino de la victoria. Es un camino que pasa por el perdón y la reconciliación; un camino que lleva a la luz resplandeciente de la Pascua, después del sacrificio del Calvario. Estos hermanos y hermanas nuestros son los representantes conocidos de una multitud de héroes anónimos -hombres y mujeres, esposos y esposas, sacerdotes y consagrados, jóvenes y ancianos-, que durante el siglo XX, el “siglo del martirio”, afrontaron la persecución, la violencia y la muerte con tal de no renunciar a su fe.»