Santoral

21 de Julio

San Alberico Crescitelli, presbítero y mártir

 

En Yanzibian, cerca de Yangpingguan, en China, san Alberico Crescitelli, presbítero del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras, que, en la persecución desencadenada por la secta de los Yihetuan, golpeado primero brutalmente hasta quedar casi muerto, fue arrastrado al día siguiente, atados sus pies, por un camino empedrado hasta cerca de un río, donde obtuvo la palma del martirio al ser despedazado y decapitado su cuerpo.

Alberico, el cuarto de los once hijos de Benjamín Crescitelli y de Digna Bruno, nació el 30 de junio de 1863, en Altavilla Irpina, provincia de Avellino. Su párroco advirtió su piedad e hizo que iniciara sus estudios. A los quince años, Alberico entró al seminario pontificio de San Pedro y San Pablo para las Misiones Extranjeras en Roma. Durante sus estudios, tuvo el dolor de perder a su padre y a una hermana, muertos por un terremoto en Casamicciola. Fue ordenado sacerdote el 4 de junio de 1887. Cuando pasaba unos días con su familia, se declaró una epidemia de cólera. Con el permiso de sus superiores, se quedó allí para ayudar a los enfermos. Su constancia y su dedicación le valieron el reconocimiento de Iodos, y el gobierno italiano le otorgó una medalla. Se alejó furtivamente de Altavilla Irpina la mañana del 31 de octubre. Su madre, al notar su ausencia, lo encomendó a la Virgen María con amargo llanto.

Después de haber tenido el honor de ser recibido por el Papa León XIII, dejó Roma el 2 de abril de 1888 y se embarcó para Marsella. Llegó a China el 18 de agosto. Fue designado para el vicariato apostólico de Shen-Si, que debía recorrer constantemente. Jamás retrocedió ante las fatigas ni las incomodidades de los alojamientos improvisados, atento sólo a penetrar lo más completamente posible en la mentalidad de las poblaciones medio salvajes que le habían sido confiadas.

La miseria era extrema y no vacilaba en reclamar para los cristianos las mismas cantidades de arroz que se distribuían entre los paganos. Nunca se sintió extranjero y empleó su tenacidad para estudiar los problemas del cultivo del arroz, pues creía que, al interesarse en los problemas vitales de la China, atraería a los chinos al Evangelio. El cálculo era justo. Construyó una iglesia en Han-Yang-Pin para los nuevos cristianos. En 1900, el vicario apostólico le pidió que se fuera a la región de Ning Kiang, que todavía no había sido evangelizada. Fue allí donde le sorprendió la revuelta de los boxers. Para no comprometer a sus amigos, se fue a Yan-Pin-Kouan en donde le reconocieron. Golpeado, torturado y arrastrado por los pies sobre las piedras del camino, fue finalmente decapitado, cerca de Yen-Tsé-Pien, el 21 de julio de 1900. Fue beatificado por Pío XII el 18 de febrero de 1951, y canonizado junto con los demás mártires chinos el 1 de octubre de 2000.

Carta Apostólica de SS Pío XII en ocasión de la beatificación, Acta Apostolicae Sedis, vol, XLIII, 1951, pp. 159-163, con un resumen en latínd e los hechos. Traducción del discurso de Pío XII en la Documemtation catholique, Vol. XLVIII, 1951, cols. 321-324.

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