Evangelio Hoy

Jueves de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 17,20-25.

Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: “El Reino de Dios no viene ostensiblemente,
y no se podrá decir: ‘Está aquí’ o ‘Está allí’. Porque el Reino de Dios está entre ustedes”.
Jesús dijo después a sus discípulos: “Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán.
Les dirán: ‘Está aquí’ o ‘Está allí’, pero no corran a buscarlo.
Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día.
Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación.”
Reflexionemos

Orígenes (c. 185-253)

presbítero y teólogo

Tratado sobre la oración, 25; GCS 3, 356

«El reino de Dios está en medio de nosotros y dentro de nosotros» (Trad.©Evangelizo.org©)

Como dice nuestro Señor y Salvador: «el reino de Dios viene sin que nos podamos dar cuenta. Nadie dirá: aquí está, o: está allí. Pues el reino de Dios está dentro de ustedes». Y en efecto, «está muy cerca de nosotros, esta Palabra, está en nuestra boca y en nuestro corazón» (Dt 30:14). En ese caso, es evidente que aquél que ora para que venga el reino de Dios tiene razón de orar para que ese reino de Dios germine, dé fruto y se cumple en él mismo. En todos los santos en los que Dios reina y que obedecen a sus leyes espirituales, él habita como en una ciudad bien organizada. El Padre está presente en él y Cristo reina con el Padre en esta alma perfecta, de acuerdo con su palabra: «Vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14:23). Este reino de Dios que está dentro de nosotros, mientras que nosotros progresamos, llegará a su perfección cuando se realice lo que dice el apóstol Pablo: Cristo «después de haber sometido» a todos sus enemigos, «entregará su poder real a Dios Padre para que Dios sea todo en todos» (1 Cor 15:28). Por esto, rogando incesantemente, con las disposiciones divinizadas por el Verbo, digamos: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino» (Mt 6:9)

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