Evangelio Hoy

Dedicación de la basílica de Letrán, fiesta 

Evangelio según San Juan 2,13-22.

Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén
y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas
y dijo a los vendedores de palomas: “Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio”.
Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
Entonces los judíos le preguntaron: “¿Qué signo nos das para obrar así?”.
Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar”.
Los judíos le dijeron: “Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”.
Pero él se refería al templo de su cuerpo.
Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.
Reflexionemos

San Agustín (354-430)

obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia

Sermón Morin 3, 4; PLS 2, 664

“El templo del que hablaba, era su cuerpo” (Trad. ©Evangelizo.org©)

Porque era profeta Salomón hizo un templo de madera y de piedra para el Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra y cuya morada está en los cielos ¿Por qué Dios pidió que un templo fuera construido? ¿Estaba privado de morada? Escuchen el discurso de Esteban en el momento de su pasión: «Salomón le edificó una casa, pero el Altísimo no habita en templos de hechos por manos de hombre» (Hech. 7:48). ¿Por qué, entonces, quiso construir un templo o hacer que un templo fuese construido? Para prefigurar el cuerpo de Cristo. El primer templo no era más que una sombra (Col. 2,17); cuando llegó la luz, la sombra se marchó ¿Buscas el templo construido por Salomón? son las ruinas lo que encontrarás ¿Por qué ese templo se convirtió en ruinas? Porque la realidad que anunciaba se cumplió. El verdadero templo, el cuerpo del Señor, también se derrumbó, pero se levantó de tal manera que no podrá jamás derrumbarse de nuevo. ¿Y nuestros cuerpos? Son los miembros de Cristo. Escuchen a san Pablo: ¿No saben acaso que sus cuerpos son miembros de Cristo? (1 Co 6:15) Cuando dijo: «sus cuerpos son miembros de Cristo», ¿qué otra cosa mostró sino que nuestros cuerpos, unidos a nuestra cabeza que es Cristo (Col 1, 18), forman juntos el templo de Dios? Con el cuerpo de Cristo, nuestros cuerpos son el templo de Dios […]. Déjense construir en la unidad, para no caer en ruinas quedándose separados.

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