Evangelio Hoy

Miércoles de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 6,20-26.

Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»
Reflexionemos
Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157)

abad cisterciense

Sermón para Todos los Santos, 6-7; SC 202

«Bienaventurados los pobres… desdichados los ricos»

Con razón el Señor, proclamando la bienaventuranza de los pobres, no dice: “El Reino de los cielos será” pero “es a ellos “… los que están próximos al Reino de Dios, son aquellos que ya poseen y llevan en su corazón al Rey que dijo que servir, es reinar… Otros se pelean por compartir el legado de este mundo: «El Señor es el lote de mi heredad y mi copa» (Sal. 15,5). Que disputen entre ellos quién será el más miserable: yo no envidio nada de lo que buscan, porque mi alma y yo, «tendremos nuestras delicias en el Señor» (Sal. 103,34). Tú, ¡la herencia gloriosa de pobres! ¡Bienaventurada riqueza de quienes no tienen nada! Tú, no sólo nos proporcionas todo lo que necesitamos, sino que también, estás llena de gloria y desbordas de alegría, porque eres «la medida sobreabundante que se derrama en nuestro seno” (Lc 6,38)… Que vuestra alma…se gloríe en su humildad, vosotros los pobres, y que mire con desdén toda grandeza de este mundo… Los bienes eternos están preparados y tú ¿los preferirás a las cosas pasajeras, similares a un sueño?… Como son desafortunados, los que la bienaventurada pobreza hacía dignos de ser herederos del cielo, admirados por el mundo y temidos por el infierno, y que a continuación, en la ceguera de su espíritu, han considerado la pobreza como una miseria y la humildad como una cobardía; que han querido hacerse ricos y han caído en las trampas del diablo, ¡cuando todas las cosas les pertenecían!… En cuanto a vosotros, que tenéis por amiga a la pobreza y encontráis suave la humildad de corazón, la eterna Verdad os hace dignos de poseer el Reino de los cielos; y os guarda fielmente este Reino que os está reservado.

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