Evangelio Hoy

Decimoquinto Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 6,7-13. 

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. 
Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; 
que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas. 
Les dijo: “Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. 
Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos”. 
Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; 
expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

Reflexionemos

San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia
Comentario del Evangelio de San Juan 12:1

«Los envía por primera vez» (Trad. ©Evangelizo.org)

Nuestro Señor Jesucristo instituyó guías e instructores para el mundo entero, y también «administradores de los misterios de Dios» (1 Co 4:1). Les mandó a brillar y a iluminar como antorchas no solamente en el país de los judíos…, sino también en todo lugar bajo el sol, para los hombres que viven sobre la faz de la tierra (Mt 5:14).

Quería enviar a sus discípulos como el Padre lo envió a él mismo (Jn 20:21): los que estaban destinados a ser sus imitadores debían entonces descubrir para qué misión el Padre había enviado a su Hijo. Y él mismo nos explicó de diversas maneras el carácter de su misión. Un día dijo: «No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores» (Lc 5:32). Y también: «he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado» (Jn 6:38).Y en otra ocasión dijo: «Dios no ha enviado a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Jn 3:17).

Al decir que los enviaba como el Padre lo había enviado a él mismo, estaba resumiendo en algunas palabras la función de los apóstoles. De este modo sabrían que deben llamar a los pecadores a convertirse, sanar a los enfermos corporalmente y espiritualmente, en sus funciones de administradores no buscar de ninguna manera a hacer su voluntad, sino la voluntad de aquél que los había enviado, y finalmente, salvar al mundo en la medida en que éste reciba las enseñanzas del Señor.

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