Evangelio Hoy

Miércoles de la duodécima semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 7,15-20. 

Jesús dijo a sus discípulos: 
Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 
Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? 
Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. 
Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos. 
Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego. 
Por sus frutos, entonces, ustedes los reconocerán.

Reflexionemos

Beato Columba Marmion (1858-1923), abad
La unión a Dios en Cristo según las cartas de dirección de Dom Marmion (Trad. ©Evangelizo.org)

«Los reconocerán por sus frutos»

En toda alma, tres espíritus tienden a dominar. El espíritu de falsedad y de blasfemia que, desde el comienzo, sugiere siempre el contrario a lo que Dios sopla al oído. Está el espíritu del mundo, que nos hace inclinarnos a juzgar las cosas según las máximas se los sentidos y de la prudencia carnal. «La prudencia de este mundo es la locura ante Dios» (1Cor 3:19).

Está el Espíritu de Dios inspirándonos a siempre elevar nuestros corazones por encima de la naturaleza (“Sursum corda*”) y a vivir de la fe («Mi justo vive de la fe» He 10:38). Este Espíritu nos inclina sin cesar hacia una fe que ama simplemente, y que nos hace abandonarnos entre las Manos de Dios. Nos llena «del gozo y de la paz que da la fe» (Rm 15:13), y produce los frutos de los que habla san Pablo. Nuestro Señor ha dicho: «los reconocerán por sus frutos» que producen en su alma.

Les recomiendo una gran fidelidad a los movimientos del Espíritu Santo. Su bautismo, su confirmación lo han establecido como una fuente viva en sus almas. Escuchen sus murmullos, y ahuyenten las otras inspiraciones de un solo. Si guardan esta fidelidad, poco a poco ese Espíritu divino se convertirá en su guía, y los llevará consigo hasta el Seno de Dios.

*Sursum corda: «Elevemos nuestro corazón» introducción en el prefacio de la liturgia.

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