Evangelio Hoy

Viernes de la undécima semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 6,19-23. 

Jesús dijo a sus discípulos: 
No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. 
Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben. 
Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón. 
La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. 
Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá! 

Reflexionemos

San Luís María de Griñón de Monfort (1673-1716) predicador, fundador de comunidades religiosas
El Secreto de María I, 3-4 (Trad. ©Evangelizo.org)

«Llamados a la santidad»

Alma, imagen viva de Dios y comprada por la Sangre preciosa de Jesucristo, la voluntad de Dios en ti es que seas santa como él en esta vida, y gloriosa como él en la otra.

La adquisición de la santidad de Dios es con toda seguridad tu vocación, es allí adónde tus pensamientos, tus palabras y tus acciones, tus sufrimientos y todos los movimientos de tu vida deben estar dirigidos; o bien resistes a Dios, no haciendo aquello por lo que te ha creado y por lo que te conserva ahora.

¡Oh! ¡Qué admirable obra! ¡el polvo cambiado en luz, la basura en pureza, el pecado en santidad, la creatura en el Creador y el hombre en Dios! ¡Oh admirable obra! lo repito, pero obra difícil en ella misma e imposible a la sola naturaleza; sólo Dios, por una gracia, y una gracia abundante y extraordinaria, puede cumplirla llegando hasta al termino; ni siquiera la creación de todo el universo es una gran obra maestra como esta otra…

Alma, ¿cómo le harás? que medios escogerás para subir hasta dónde Dios te llama? los medios de salvación y de santidad todos los conocen, están escritos en los Evangelios, están explicados por los maestros de la vida espiritual, son practicados por los santos y necesarios a todos aquellos que quieren salvarse, estos son: la humildad del corazón, la oración continua, la mortificación universal, el abandono a la divina Providencia, la conformidad con la voluntad de Dios.

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