Evangelio Hoy

Sábado de la Octava de Pascua

Evangelio según San Marcos 16,9-15. 

Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. 
Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. 
Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. 
Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. 
Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron. 
En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. 
Entonces les dijo: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.” 

Reflexionemos

San Romano el Melódico (?-c. 560), compositor de himnos
Himno «La misión de los apóstoles», 13 s; SC 283

«Proclamad la buena noticia a toda la creación»

Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos… (Mt 28,18-19). Porque todo me ha sido devuelto por El que me engendró, el cielo y la tierra de los que ya era dueño antes de haber tomado carne. Ahora he tomado posesión de mi realeza sobre todo el universo, y en vosotros tengo un consejo de ministros sagrado, sólo yo que conozco el fondo de los corazones.»
“Id a todas las naciones. Habiendo echado en tierra el grano del arrepentimiento, regadlo con vuestras enseñanzas”. Escuchando estas palabras, los apóstoles se miraban unos otros meneando la cabeza: “¿De dónde nos vendrán las palabras y la lengua para hablar a todos? ¿Quién nos dará la fuerza para luchar con los pueblos y las naciones como nos lo has dicho, nosotros que no tenemos letras ni cultura, que somos humildes pescadores, el único que conoces el fondo de los corazones?”
“No se atormenten más vuestros corazones, que el Enemigo no turbe vuestro espíritu. No penséis más como niños… No quiero vencer por la fuerza, sino por la debilidad. No busco filósofos: escogí ‘lo necio del mundo’ (1Co 1,27), yo que sólo conozco el fondo de los corazones.»
“Id, pues, a toda la creación. Regad con vuestras enseñanzas el grano de arrepentimiento que sembrasteis. Procurad que ningún alma arrepentida se quede fuera de vuestra red. Me complazco en aquellos que vuelven, como bien sabéis vosotros. ¡Oh, si el que me traicionó, hubiera vuelto después de haberme vendido! Borrando su pecado, lo habría reunido con vosotros, yo que sólo conozco el fondo de los corazones…»
“Decid que soy Dios y que yo, el Indecible, tomé la condición de esclavo (Fl 2,7). Mostrad cómo hice mías las heridas de la carne… Fui enterrado porque había sido condenado, descendí al infierno porque soy el Señor…” Confortados por estas palabras, los apóstoles decían al Creador: “Tu eres el Dios que existía antes de los siglos, y no tendrás fin… Te proclamaremos como lo ordenaste. Estate con nosotros, sé nuestro defensor, tú que sólo conoces el fondo de los corazones”.

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