Evangelio Hoy

Feria de tiempo de Navidad (3 ene.)

Evangelio según San Juan 1,29-34. 

Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 
A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. 
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel”. 
Y Juan dio este testimonio: “He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. 
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo’. 
Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios”. 

Reflexionemos

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa
Las Bodas del Cordero 14/09/1940

« He ahí el Cordero de Dios »

En el Apocalipsis, el apóstol Juan ve «un Cordero en pie con señales de haber sido degollado» (Ap 5:6). Junto al Jordán, Juan el Bautista señaló a Jesús como «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». El apóstol Juan había comprendido esa Palabra, y comprendía ahora esa imagen. El que caminaba junto al Jordán y que se le había manifestado en «vestiduras blancas, con ojos llameantes» y con la espada de juez, «el Primero y el Ultimo» (Ap 1:13-17), llevo verdaderamente a la plenitud todo lo que los ritos de la Antigua Alianza representaban simbólicamente.

Cuando en el día más santo y solemne del año el Sumo Sacerdote entraba en el Santo de los Santos, en el sacratísimo lugar de la Presencia de Divina, había tomado anticipadamente dos machos cabríos: el uno, para cargar sobre él los pecados del pueblo para que se los llevase al desierto; el otro, para rociar con su sangre la Tienda y el Arca de la Alianza (Lv 16). Ese era el sacrificio expiatorio ofrecido por el pueblo. Después sacrificaba un holocausto para sí mismo y para todo el pueblo quemando totalmente los restos del sacrificio expiatorio. Un día solemne y santo, era ese día de la Reconciliación.
Pero, ¿qué es lo que hizo posible la reconciliación? no fue ni la sangre de los animales inmolados, ni el Sumo Sacerdote de la descendencia de Aarón, tal y como lo dijo San Pablo en la Carta a los Hebreos (Cap. 8-9). Fue el verdadero sacrificio de reconciliación, el que estaba prefigurado en todos los sacrificios prescritos por la Ley, era «el Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec» (Sal 110:4). Él era también el auténtico Cordero pascual por cuya causa el ángel exterminador pasó de largo frente a las casas de los hebreos, cuando atacó a los egipcios (Ex 12:23). El mismo Señor les dio a entender esto a sus discípulos, cuando comió con ellos el cordero pascual por última vez, y se les ofreció a sí mismo como alimento.

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