Evangelio Hoy

Vigésimo noveno Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 22,15-21. 

Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. 
Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie. 
Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?”. 
Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: “Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? 
Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto”. Ellos le presentaron un denario. 
Y él les preguntó: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?”. 
Le respondieron: “Del César”. Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”.

Reflexionemos

San Lorenzo de Brindisi (1559-1619), capuchino, doctor de la Iglesia
Sermón para el 22 domingo después de Pentecostés

Ser imagen de Dios

“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.” Hay que dar a cada uno lo que le toca. He aquí una palabra llena de sabiduría y de ciencia celestial. Nos enseña que hay dos maneras de poder, el uno terreno y humano, el otro del cielo y divino… Nos enseña que debemos atenernos a dos obediencias, una a las leyes humanas y la otra a las leyes divinas… Hay que pagar al César la moneda que lleva su efigie y la inscripción del César, a Dios lo que ha sido sellado con el sello de su imagen y semejanza: “Haz brillar, Señor, sobre nosotros la luz de tu rostro.” (Sal 4,7)

Hemos sido creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26). Eres hombre, ¡oh cristiano! Eres la moneda del tesoro divino, una moneda que lleva el sello y la inscripción del emperador divino. Por tanto, pregunto con Cristo: “¿De quién son esta imagen y esta inscripción?” Tú respondes: “De Dios.” Yo te respondo: ¿Por qué, entonces, no das a Dios lo que es suyo?”

Si queremos ser realmente imagen de Dios, debemos asemejarnos a Cristo, ya que él es la imagen de la bondad de Dios y la “impronta de su ser”. (Hb 1,3) Y Dios “nos ha destinado a ser imágenes de su Hijo” (Rm 8,29). Cristo dio al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Observó de manera perfecta los preceptos que contienen las tablas de la ley divina “haciéndose obediente hasta la muerte en cruz” (cf Fl 2,8) y así fue levantado a lo más alto de los cielo.

 

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