Evangelio Hoy

Martes de la vigésima quinta semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 8,19-21. 

Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud. 
Entonces le anunciaron a Jesús: “Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte”. 
Pero él les respondió: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”. 

Reflexionemos

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa
La mujer y su destino

«Mi madre y mis hermanos»

A pesar de la unidad real existente entre la cabeza y el cuerpo, la Iglesia está al lado de Cristo como una persona independiente. Cristo, en tanto que Hijo del Padre eterno, vivía ya antes del comienzo del tiempo y es anterior a toda existencia humana. Después, por el acto de la creación, la humanidad vivía antes que Cristo tomara su naturaleza y se integrara a ella. Pero por su encarnación, le trajo su vida divina; por su obra de redención la hizo capaz de recibir la gracia de tal manera que la recreó una segunda vez… La Iglesia es la humanidad rescatada, creada nuevamente de la misma sustancia de Cristo.

La célula primitiva de esta humanidad rescatada es María; es en ella que se llevó a cabo por primera vez la purificación y la santificación por Cristo, ella es la primera que quedó llena del Espíritu Santo. Antes que el Hijo de Dios naciera de la Virgen Santa, creó esta Virgen llena de gracia y, en ella y con ella, a la Iglesia…

Toda alma purificada por el bautismo y elevada al estado de gracia es, por esta misma razón, creada por Cristo y nacida para Cristo. Pero es creada en la Iglesia y nace por la Iglesia… Así la Iglesia es la madre de todos aquellos a quienes está dirigida la redención. Y lo es por su unión íntima con Cristo, y porque permanece a su lado en calidad de Esposa de Cristo para colaborar a su obra de redención.

 

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