Evangelio Hoy

Viernes de la vigésima primera semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 25,1-13. 

Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. 
Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. 
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, 
mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. 
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. 
Pero a medianoche se oyó un grito: ‘Ya viene el esposo, salgan a su encuentro’. 
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. 
Las necias dijeron a las prudentes: ‘¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?’. 
Pero estas les respondieron: ‘No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado’. 
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. 
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’, 
pero él respondió: ‘Les aseguro que no las conozco’. 
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora. 

Reflexionemos

San Gregorio Nacianceno (330-390), obispo y doctor de la Iglesia
Sobre el santo Bautismo, Disertación 40, 46 ; PG 36, 425  

«¡Que llega el esposo!»

Inmediatamente después de tu bautismo, permanecerás de pie ante el gran santuario significando así la gloria del mundo venidero. El canto de los salmos con que serás acogido es preludio de las alabanzas eternas. Las lámparas que encenderás  prefiguran este cortejo de luces que conducirá a nuestras almas resplandecientes y vírgenes, provistas de las lámparas resplandecientes de la fe, delante del Esposo.

Vigilemos para no quedarnos dormidos ya sea por despreocupación o por miedo a que aquél que esperamos no se presente de improviso sin que le hayamos visto venir. No nos quedemos desprovistos de aceite y de buenas obras, no sea que seamos excluidos de la sala de bodas… El Esposo hará su entrada con mucha prisa. Las almas prudentes entrarán con él. Las demás, muy ocupadas en preparar sus lámparas, no llegarán a tiempo para entrar y serán dejadas a fuera en medio de lamentos. Tarde se darán cuenta de lo que han perdido por su despreocupación…

Se parecerán a estos otros invitados a bodas que un noble padre celebra en honor de un noble esposo, y que rechazan tomar parte en ellas: uno porque se acaba de casar; otro porque acaba de comprar un campo; un tercero porque ha adquirido un par de bueyes (Lc 14,18-20)… Porque no hay lugar en el cielo para el orgulloso y despreocupado, para el hombre sin vestido adecuado, que no lleva el traje de bodas (Mt 22,11), aunque en la tierra se haya creído digno del esplendor celestial y, furtivamente, se introdujo en el grupo de los fieles abrigando falsas esperanzas.

¿Qué será de él después? El Esposo conoce eso que nos enseñará cuando estaremos en el cielo, y sabe qué relaciones tendrá con las almas que habrán entrado con él. Creo que vivirá en su compañía y que les enseñará los misterios más perfectos y más puros.

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