Evangelio Hoy

Sábado de la vigésima semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 23,1-12. 

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
“Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; 
ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. 
Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. 
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar ‘mi maestro’ por la gente. 
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar ‘maestro’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. 
A nadie en el mundo llamen ‘padre’, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. 
No se dejen llamar tampoco ‘doctores’, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. 
Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, 
porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”.

Reflexionemos

Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul
Discurso 58, primera serie

“Quien se humilla será ensalzado”. (Lc 18,14)

Hay una humildad que viene del temor de Dios y hay una humildad que de Dios mismo. Hay quien es humilde porque teme a Dios y hay quien es humilde porque conoce el gozo. El primero, que teme a Dios recibe la dulzura en su cuerpo, en el equilibrio de sus sentidos y un corazón contrito en todo tiempo. El segundo, el que se humilla porque conoce el gozo, recibe una gran simplicidad y un corazón dilatado a quien nada ni nadie puede retener en el amor.

 

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