Evangelio Hoy

Martes de la segunda semana de Cuaresma

Evangelio según San Mateo 23,1-12.

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
“Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;
ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.
Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar ‘mi maestro’ por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar ‘maestro’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.
A nadie en el mundo llamen ‘padre’, porque no tienen sino uno, el Padre celestial.
No se dejen llamar tampoco ‘doctores’, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros,
porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”.

Reflexionemos

San Pascasio Radbert (¿- c. 849), monje benedictino
Comentario al Evangelio de Mateo, 10, 23

«Uno solo es vuestro Señor, Cristo»

Si a alguno le parece bien desear una alto cargo en la Iglesia (cf 1Tm 3,1), que desee la obra que éste le permite realizar y no el honor que le subsigue; que desee ayudar y servir a todos los hombres, más que ser ayudado y servido por todos. Porque el deseo de ser servido procede del orgullo, como el de los fariseos, y el deseo servir nace de la sabiduría y de la enseñanza de Cristo. Los que buscan los honores por ellos mismos son los que se enaltecen, y los que se alegran de llevar su ayuda y servir son los que se abajan para que el Señor los eleve.

Cristo no habló de aquel que el Señor eleva, sino que dijo; «El que se enaltece a sí mismo, será humillado», evidentemente por el Señor. Tampoco habló del que el Señor humilla, sino que dijo: «El que se humilla voluntariamente será enaltecido», en consecuencia, también por el Señor… Así pues, pocas veces Cristo se reservó particularmente el título de «señor» del que habla la regla de sabiduría en virtud de la cual «el que quiera ser grande debe ser el servidor de todos (Mc 10,43)… Esta regla la expresó en otros términos: «Aprended de mí que soy manos y humilde de corazón» (Mt 11,29).

Desde entonces, cualquiera que quiera ser su discípulo no debe tardar en aprender esta sabiduría de Cristo, porque «un discípulo, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro» (Lc 6,40). Por el contrario, el que habrá rechazado aprender la sabiduría enseñada por el Maestro, lejos de llegar a ser un maestro, no será ni tan sólo un discípulo.

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