Evangelio Hoy

Martes de la séptima semana del tiempo ordinario servir

Evangelio según San Marcos 9,30-37.

Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,
porque enseñaba y les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará”.
Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: “¿De qué hablaban en el camino?”.
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”.
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
“El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado”.

Reflexionemos

Afraates (¿-c. 345), monje, obispo cerca de Mossul
Las Disertaciones, nº 6

Ser el último y el servidor de todos

Amigo, parezcámonos a aquél que nos da la vida. Siendo rico se empobreció a sí mismo. Estando situado en lo más alto, abajó su grandeza. Habitando en las alturas, no tuvo lugar donde reposar la cabeza. Siendo así que vendrá sobre las nubes, cabalgó sobre un asno para entrar en Jerusalén. Siendo Dios e hijo de Dios, se hizo semejante a un siervo.

Él, que es el descanso de todas las penas, se cansó de la dureza del camino. Él, que es la fuente que apaga toda sed, sintió sed y pidió agua para beber.  Él, que es la saciedad que sacia nuestra hambre, tuvo hambre cuando ayunó en el desierto para ser tentado. Él, que es el centinela que no duerme, se durmió y se acostó en la barca en alta mar. Él, que es servido en la mansión de su Padre, se dejó servir por manos de hombre. Él, que es el médico de todos los enfermos, sus manos fueron traspasadas por los clavos. A él, cuya boca anunciaba cosas buenas, se le dio hiel para beber.

Él, que no había hecho ningún mal ni perjudicad a nadie, fue golpeado con látigos  y soportó los ultrajes. Él, que da vida a todos los muertos, se entregó él mismo a la muerte de cruz.

Si nuestro Vivificador ha hecho él mismo experiencia de todo este abajamiento, abajémonos también nosotros, amigos míos.

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