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Hoy en la Audiencia General

papa-francisco-audiencia-general-efePapa Francisco: La Iglesia no necesita dinero sucio, sino corazones abiertos a Dios.

La catequesis del Papa Francisco este miércoles en la Audiencia General trató la figura de Dios Padre que “ama a sus hijos, los ayuda, los cuida, los perdona”.

El Pontífice aseguró que “el pueblo de Dios, es decir la Iglesia, no necesita dinero sucio, necesita de corazones abiertos a la misericordia de Dios”.

“Es necesario acercarse a Dios con manos purificadas, evitando el mal y practicando el bien y la justicia” y “como padre, los educa y los corrige cuando se equivocan, favoreciendo su crecimiento en el bien”, añadió.

En la Plaza de San Pedro, el Pontífice comentó un texto del profeta Isaías en el que habla de “un padre afectuoso pero también atento y severo, que se dirige hacia Israel acusándolo de infidelidad y de corrupción, para llevarlo sobre la vía de la justicia”.

“Dios, mediante el profeta, habla al pueblo con la amargura de un padre decepcionado: ha hecho crecer a sus hijos, y ahora ellos se han revelado contra Él”, afirmó.

“El pueblo no reconoce más a Dios” pero “Dios deja de hablar del amor y apela a la conciencia de estos hijos degenerados para que se arrepientan y se dejen amar de nuevo”. Y esto “es lo que hace Dios: viene a nosotros para amarnos”, agregó.

Francisco recordó que en la Biblia se habla a menudo de la relación entre un padre y su hijo para mostrar la “alianza entre Dios y su pueblo”. “La misión educativa de los padres mira a hacerlos crecer en la libertad, a hacerlos responsables, capaces de realizar obras de bien para sí mismos y para los demás”, explicó.

Sin embargo, “a causa del pecado, la libertad se convierte en una reivindicación de autonomía y el orgullo lleva a la contraposición y a la ilusión de autosuficiencia”, dijo en la catequesis.

El Santo Padre destacó que Dios lo llama “mi” pueblo: “Dios no reniega nunca de nosotros”. “Esta pertenencia debería ser vivida en la confianza y en la obediencia, con la conciencia de que todo es un don que viene del amor del Padre”, pero en lugar de esto aparece “la vanidad, la necedad y la idolatría”.

Ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro, el Papa afirmó que “laconsecuencia del pecado es un estado de sufrimiento, del que sufre las consecuencias también el país, devastado y convertido en un desierto, hasta el punto de que Sión se transforma en inhabitable”.

“Donde existe el rechazo de Dios, de su paternidad, no hay más vida posible, la existencia pierde sus raíces, todo aparece pervertido y alienado”.

“La prueba es dada para que el pueblo pueda experimentar la amargura de quien abandona a Dios, y entonces confrontarse con el vacío desolado de una elección de muerte”.

En definitiva, “el sufrimiento, consecuencia inevitable de una decisión autodestructiva, debe hacer reflexionar al pecador para abrirlo a la conversión y al perdón”. Este “es el camino de la misericordia divina: Dios no nos trata según nuestras culpas”.

“El castigo se hace instrumento para provocar a la reflexión, se comprende así que Dios perdone a su pueblo” porque “deja abierta siempre la puerta a la esperanza”.

El Papa también manifestó que “la salvación implica la decisión de escuchar y dejarse convertir, pero permanece siempre como don gratuito”.

“El Señor, en su misericordia, indica un camino que no es la de los sacrificios rituales, sino la justicia”. “El culto es criticado no porque sea inútil en sí mismo, sino porque, en vez de expresar la conversión, pretende sustituirla; y se convierte así en búsqueda de la propia justicia, creando falsas convicciones que sean los sacrificios a salvar, no la misericordia divina que perdona el pecado”.

“Para entenderla bien: cuando alguien está enfermo va al médico; cuando uno se siente pecador va al Señor. Pero en vez de ir al médico, va al curandero no sana. Muchas veces preferimos ir por caminos equivocados, buscando una justificación, una justicia, una paz que nos es donada como don del propio Señor si no vamos y lo buscamos a Él”.

Francisco explicó que “Dios, dice el profeta Isaías, no le agrada la sangre de toros y de corderos sobre todo si la ofrenda es hecha con las manos manchadas por la sangre de los hermanos”.

Sobre el dinero, volvió a decir que “yo pienso en algunos benefactores de la Iglesia que vienen con sus ofrendas –“Tome para la Iglesia esta ofrenda”– es fruto de la sangre de tanta gente explotada, maltratada, esclavizada con el trabajo mal pagado. Yo diré a esta gente: ‘Por favor, llévate tu dinero, quémalo’.

Antes de concluir, el Santo Padre recordó a los refugiados “que desembarcan en Europa y no saben a dónde ir”. “Entonces, dice el Señor, los pecados, incluso si fueran como la escarlata, se harán blancos como la nieve, y cándidos como la lana, y el pueblo podrá nutrirse de los bienes de la tierra y vivir en la paz”.


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Homilía del Papa: la salvación de Dios proviene de las cosas pequeñas

en Santa MarthaLa salvación de Dios no viene de las cosas grandes, del poder o del dinero, de las alianzas clericales o políticas, sino de las cosas pequeñas y sencillas. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

Las lecturas del día nos hablan de la indignación: se indigna un leproso, Naamán el Sirio, que pide al profeta Eliseo que lo cure, aunque no aprecia el modo sencillo con que esta curación debería producirse. Y se indignan los habitantes de Nazaret ante las palabras de Jesús, su conterráneo. Es la indignación frente al proyecto de salvación de Dios que no sigue nuestros esquemas. No es “como nosotros pensamos que es la salvación, aquella salvación que todos nosotros queremos”. Jesús siente el “desprecio” de los “doctores de la Ley que buscaban la salvación en la casuística de la moral” y en tantos preceptos, pero el pueblo no tenía confianza en ellos:

“O los saduceos que buscaban la salvación en los acuerdos con los poderes del mundo, con el Imperio… unos con los acuerdos clericales, otros con los acuerdos políticos, buscaban la salvación así. Pero el pueblo era sagaz y no creía. Sí creía a Jesús, porque hablaba ‘con autoridad’. Pero, ¿por qué esta indignación? Porque en nuestra imaginación, la salvación debe venir de algo grande, de algo majestuoso; sólo nos salvan los poderosos, aquellos que tienen fuerza, que tienen dinero, que tienen poder: estos pueden salvarnos. ¡Y el plan de Dios es otro! Se indignan porque no pueden comprender que la salvación sólo viene de lo pequeño, de la simplicidad de las cosas de Dios”.

“Cuando Jesús hace la propuesta del camino de salvación – prosiguió explicando el Papa Bergoglio –  jamás habla de cosas grandes”, sino “de cosas pequeñas”. Son “las dos columnas del Evangelio” que se leen en Mateo, las Bienaventuranzas y, en el capítulo 25, el Juicio final, “Ven, ven conmigo porque hiciste esto”:

“Cosas sencillas. Tú no has buscado la salvación o tu esperanza en el poder, en los acuerdos, en las tratativas… no… has hecho sencillamente esto. Y esto indigna a tantos. Como preparación a la Pascua, yo lo invito – también lo haré yo – a leer las Bienaventuranzas y a leer Mateo 25, y pensar y ver si algo de esto me indigna, me quita la paz. Porque la indignación es un lujo que sólo pueden permitirse los vanidosos, los orgullosos. Si al final de las Bienaventuranzas Jesús dice una palabra que parece… ‘Pero, ¿por qué dice esto?’. ‘Bienaventurado aquel que no se escandaliza de mí’, que no tiene desdén de esto, que no siente indignación”.

El Papa Francisco concluyó su homilía con estas palabras:

“Nos hará bien dedicar un poco de tiempo – hoy, mañana – y leer las Bienaventuranzas, leer Mateo 25, y estar atentos a lo que sucede en nuestro corazón: si hay algo de indignación y pedir la gracia al Señor de comprender que la única vía de la salvación es la ‘locura de la Cruz’, es decir el aniquilamiento del Hijo de Dios, del hacerse pequeño. Representado, aquí, en el baño en el Jordán o en la pequeña aldea de Nazaret”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Fuente:News.Va


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En el Angelus, Hoy el Papa Francisco nos dijo:

Angelus hoyPapa Francisco recuerda en Cuaresma: Nunca es tarde para convertirse, ¡pero es urgente!

El Papa Francisco presidió hoy de nuevo el Ángelus desde la ventana de su estudio pontificio en el tercer domingo de Cuaresma y recordó el significado de la Cuaresma al invitar a los fieles a convertirse con la mirada fija en la paciencia de Dios.

El Papa explicó que nos encontramos en un “año de gracia”: “el ministerio de Cristo, el tiempo de la Iglesia antes de su regreso glorioso, el tiempo de nuestra vida, que está marcada por una serie de Cuaresmas que nos son ofrecidas como ocasión de arrepentimiento y salvación”.

Aludiendo a la paciencia de Dios, el Santo Padre aseguró que “nunca es tarde para convertirse, ¡pero es urgente, es la hora!”.

Francisco, como es habitual, comentó las lecturas de la liturgia del día y se refirió también a los terribles sucesos y tragedias que acontecen. “Cada día, por desgracia, las crónicas reportan noticias feas: homicidios, incidentes, catástrofes… en el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús se refiere a dos acontecimientos trágicos que en aquel tiempo habían suscitado un gran revuelo: una represión cruenta a manos de los soldados romanos en el interior del templo; y el derrumbe de la torre de Siloé, en Jerusalén”.

El Papa explicó que “Jesús conoce la mentalidad supersticiosa de aquellos que le escuchan y sabe que interpretan ese tipo de acontecimientos de modo equivocado”. Creen que “esos hombres que han muerto han sido castigados por Dios”.

Sin embargo, Jesús “rechaza esta visión porque Dios no permite las tragedias para castigar las culpas, y afirma que aquellas pobres víctimas no eran peor que los otros”. Incluso les dice: “Si ustedes no se convierten, morirán de la misma manera”.

“También hoy, frente a ciertas desgracias y eventos de luto, puede venir la tentación de ‘descargar’ la responsabilidad sobre las víctimas, o incluso sobre el mismo Dios”, alertó Francisco.

“Pero el Evangelio nos invita a reflexionar: ¿qué idea nos hemos hecho de Dios?, ¿estamos convencidos de que Dios es así o no es más que una proyección nuestra, un dios hecho ‘a nuestra imagen y semejanza’?”.

El Pontífice recordó entonces que Jesús “nos llama a cambiar el corazón, a hacer una inversión radical en el camino de nuestra vida, abandonando los compromisos con el mal, las hipocresías, para tomar decididamente el camino del Evangelio”.

A su vez, pidió a los fieles que no intenten justificarse porque “cada uno de nosotros se parece a un árbol que durante años ha dado múltiples pruebas de su esterilidad”, como narra la parábola del Evangelio del día.

“Que la Virgen María nos sostenga, para que podamos abrir el corazón a la gracia de Dios, a su misericordia; y nos ayude a no juzgar nunca a los otros, sino a dejarnos provocar por las desgracias cotidianas para hacer un serio examen de conciencia y arrepentirnos”.


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La Caridad es el fundamento de la historia de la Iglesia y de todo hombre

PapaSalaClementina“¡Cuánto desearía que en la Iglesia cada fiel, cada institución, cada actividad revelara que Dios ama al hombre!”, dijo esta mañana en el Vaticano el Papa Francisco.

Al recibir en audiencia a los participantes del Congreso Internacional promovido por el Pontificio Consejo Cor Unum sobre el tema “La caridad no tendrá fin jamás”, Perspectivas a diez años de la Encíclica Deus Caritas est”, el Santo Padre señaló que la caridad es el fundamento de la historia de la Iglesia.

“Es la historia del amor que hemos recibido de Dios y debemos llevar al mundo: esta caridad recibida y dada es el fundamento de la historia de la Iglesia y de la historia de cada uno de nosotros”.

Deus Caritas est fue la primera encíclica de Benedicto XVI publicada en diciembre de 2005 y “trata un tema que permite recorrer toda la historia de la Iglesia que, entre otras cosas, es una historia de caridad”, según manifestó Francisco.

Francisco añadió que “la caridad, por tanto, está en el centro de la vida de la Iglesia, y es verdaderamente su corazón, como decía santa Teresa del Niño Jesús”.

Sobre el Jubileo de la Misericordia que se está celebrando ahora mismo señaló que “nos brinda también la ocasión de volver a este corazón palpitante de nuestra vida y de nuestro testimonio, al centro del anuncio de fe: Dios es amor”.

“Dios no tiene simplemente el deseo o la capacidad de amar; Dios es caridad: la caridad es su esencia, su naturaleza. Él es único, pero no es solitario; no puede estar solo, no puede cerrarse en sí mismo, porque es comunión, es caridad, y la caridad por naturaleza se comunica, se difunde. Así, Dios asocia al hombre a su vida de amor y, aunque el hombre se aleje de él, él no permanece distante sino que le sale al encuentro”.

En definitiva, “Caridad y misericordia están tan estrechamente vinculadas porque son el modo de ser y de actuar de Dios: su identidad y su nombre”.

Volviendo a la encíclica, Francisco subrayó dos rasgos: “nos recuerda es precisamente el rostro de Dios” y que “esta caridad quiere verse reflejada cada vez más en la vida de la Iglesia”.

Sobre el primer aspecto explicó que Dios “derrama incansablemente su caridad sobre nosotros y nosotros estamos llamados a ser testigos de este amor en el mundo. Por eso, debemos ver la caridad divina como la brújula que orienta nuestra vida, antes de encaminarnos en cualquier actividad”.

Sobre el segundo comentó que “la misión que desempeñan nuestros organismos de caridad es importante, porque acercan a muchas personas pobres a una vida más digna, más humana, y esto es algo muy necesario; es una misión importantísima porque, no con palabras, sino con el amor concreto puede hacer sentir a todo hombre que el Padre le ama, que es hijo suyo, destinado a la vida eterna con Dios”.


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¿Estás en el camino de la vida o de la mentira?

Francisco_ACIPrensaBohumilPetrik_25022016PREGUNTA EL PAPA FRANCISCO.

Pese a tener una “leve indisposición”, el Papa Francisco presidió esta mañana la Misa en la capilla de la Casa Santa Marta y reflexionó sobre el pasaje bíblico del hombre rico que banqueteaba todos los días y el pobre Lázaro que, cubierto de llagas, esperaba a su puerta.

Este texto, señala el Papa, permite que al leerlo uno se pregunte “si yo soy un cristiano en el camino de la mentira, solamente del ‘decir’, o soy un cristiano en el camino de la vida, es decir, de las obras, del hacer”.

“¿Yo estoy en el camino de la vida o en el camino de la mentira? ¿Cuántas cerrazones tengo en mi corazón todavía? ¿Dónde está mi alegría: en el hacer o en el decir? ¿En el salir de mí mismo para ir al encuentro de los demás, para ayudar? ¡Las obras de misericordia, eh! ¿O mi alegría es tener todo arreglado, encerrado en mí mismo?”, cuestionó el Santo Padre.

El hombre rico, explicó el Papa, “era un hombre cerrado, encerrado en su pequeño mundo –el mundo de los banquetes, de los vestidos, de la vanidad, de los amigos– un hombre encerrado, precisamente en una burbuja, allí, de vanidad”.

No tenía capacidad de mirar más allá, solamente a su propio mundo. Y este hombre no se daba cuenta de lo que sucedía fuera de su mundo cerrado. No pensaba, por ejemplo, en las necesidades de tanta gente o a la necesidad de compañía de los enfermos, solamente pensaba en él, en sus riquezas, en su buena vida”.

Era un “religioso aparente, no conocía alguna periferia, estaba completamente cerrado en sí mismo. Precisamente la periferia, que estaba cerca de la puerta de su casa, no la conocía”.

El rico, dice Francisco según señala Radio Vaticano, recorría “el camino de la mentira, porque se confiaba solamente de sí mismo, de sus cosas, no se confiaba de Dios”.

El Pontífice explicó que el rico del Evangelio es “un hombre que no ha dejado herencia, no ha dejado vida, porque solamente estaba cerrado en sí mismo”. Es curioso que “había perdido el nombre. El Evangelio no dice cómo se llamaba, solamente dice que era un hombre rico, y cuando tu nombre es solamente un adjetivo es porque has perdido, has perdido sustancia, has perdido fuerza”.

“Este es rico, este es potente, este puede hacer de todo, este es un sacerdote en carrera, un obispo en carrera… Cuántas veces a nosotros nos sale nombrar a la gente con adjetivos, no con nombres, porque no tienen sustancia”.

El Papa se preguntó luego: “¿Dios que es Padre, no tuvo misericordia de este hombre? ¿No ha llamado a su corazón para moverlo? Pero sí, estaba en la puerta, estaba en la puerta en la persona de aquel Lázaro, que sí tenía nombre. Y aquel Lázaro con sus necesidades y sus miserias, sus enfermedades, era precisamente el Señor que llamaba a la puertapara que este hombre abriera su corazón y la misericordia pudiera entrar. Pero no, él no veía, solamente estaba cerrado: para él, más allá de la puerta, no había nada”.

Para concluir, el Santo Padre alentó a pedir “al Señor, mientras pensamos esto, sobre nuestra vida, la gracia de ver siempre a los ‘Lázaros’ que están en nuestra puerta, los ‘Lazaros’ que llaman al corazón, y salir de nosotros mismos con generosidad, con actitud de misericordia, para que la misericordia de Dios pueda entrar en nuestro corazón”.

El Evangelio del día:

Lucas 16:19-31

19 «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas.

20 Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas,

21 deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico… pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

22 Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado.

23 «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

24 Y, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.”

25 Pero Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado.

26 Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.”

27 «Replicó: “Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre,

28 porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento.”

29 Díjole Abraham: “Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.”

30 El dijo: “No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán.”

31 Le contestó: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.”»

Fuente: AciPrensa

Foto: Bohumil Petrik


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El Papa Francisco suspende actividades de hoy por problemas de salud

El-PapaEl Papa Francisco suspendió sus actividades de hoy debido a una “leve indisposición” y algunas líneas de fiebre, según informó a los periodistas el director de la Oficina de Prensa del Vaticano, P. Federico Lombardi.

El Pontífice celebró esta mañana la habitual Misa en la Casa Santa Marta. Sin embargo, se sintió indispuesto y decidió descansar.

El P. Lombardi explicó a los periodistas que la indisposición del Papa no sería de cuidado y que él “suele recuperarse pronto”.

La semana pasada el Papa Francisco visitó México y cumplió una intensa agenda con sorprendente vitalidad a sus 79 años de edad y ayer participó en al Audiencia General de los Miércoles con entusiasmo y buen semblante.


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Tras de su visita a Mexico…

En su primera Predicacion de CuaresmaEl Papa asiste a la primera predicación de Cuaresma

Tras haber concluido su 12º Viaje Apostólico Internacional como Misionero de la Misericordia y de la Paz en México, el viernes 19 de febrero el Papa Francisco asistió, a las 9.00, junto a los miembros de la Curia Romana, a la primera Predicación de Cuaresma del Padre Raniero Cantalamessa, en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico del Vaticano.

“La adoración en Espíritu y Verdad” fue el tema elegido por el Predicador de la Casa Pontificia durante su reflexión sobre la constitución Sacrosanctum Concilium que desarrolló a lo largo de cuatro puntos, a saber:

“El Concilio Vaticano II: un afluente, no el río”; “El lugar del Espíritu Santo en la liturgia”; “La adoración en el Espíritu” y “La oración de intercesión”, que introdujo de la siguiente manera:

“En estas meditaciones de Cuaresma querría proseguir en las reflexiones sobre otros grandes documentos del Vaticano II, después de haber meditado en Adviento, sobre la Lumen Gentium. Creo mientras tanto que sea útil hacer una premisa. El Vaticano II es un afluente y no el río. En su famosa obra sobre ‘El desarrollo de la doctrina cristiana’, el beato cardenal Newman ha afirmado con fuerza que detener la tradición en un punto de su curso, incluso si fuera un Concilio ecuménico, sería volver muerta una tradición y no ‘una tradición viva’”.

Al respecto, el Padre Cantalamessa afirmó que “la tradición es como una música”.  Y se preguntó: “¿Qué sería de una melodía si se detuviera en una nota, repitiéndola hasta el infinito?”. “Sucede  – respondió inmediatamente – con un disco que se arruina y sabemos que efecto produce”.

Al recordar que San Juan XXIII quería que el Concilio fuera para la Iglesia como “una nueva Pentecostés”; el Predicador destacó que tras el evento conciliar hubo un despertar del Espíritu Santo, quien dejó de ser “el desconocido” en la Trinidad, puesto que la Iglesia tomó mayor conciencia de su presencia y de su acción. Por esta razón, citó un pasaje de la homilía de la misa crismal del Jueves Santo de 2012 de Benedicto XVI, en el que el Papa emérito afirmaba:

“Quien mira a la historia de la época post-conciliar puede reconocer la dinámica de la verdadera renovación, que frecuentemente ha asumido formas inesperadas en movimientos llenos de vida y que vuelve casi tangible la vivacidad de la santa Iglesia, la presencia y la acción eficaz del Espíritu Santo”.

Lo que – como explicó el Padre Cantalamessa –  no significa que podemos descuidar los textos del Concilio o ir más allá de ellos; sino que significa releer el Concilio a la luz de sus mismos frutos; a la vez que señaló el hecho de que los concilios ecuménicos pueden tener efectos no entendidos en el momento por sus mismos participantes, tal como lo había indicado el mismo cardenal Newman a propósito del Vaticano I.

Del segundo punto de su reflexión, “El lugar del Espíritu Santo en la liturgia”, el Predicador afirmó que se trata de una premisa general que se revela útil al abordar el tema de la liturgia en la Constitución Conciliar sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum concilium, de la que explicó:

“El texto nace de la necesidad, advertida desde hace tiempo y desde diversas partes, de una renovación de las formas y de los ritos de la liturgia católica. Desde este punto de vista, sus frutos han sido tantos, y muy benéficos para la Iglesia”.

En cuanto a la adoración “en el Espíritu”, el Predicador señaló que el Espíritu no autoriza a inventar nuevas y arbitrarias formas de liturgia o a modificar por propia iniciativa las existentes, puesto que esta tarea corresponde a la jerarquía. Sin embargo, dijo, Él es el único que renueva y da vida a todas las expresiones de la liturgia. En otras palabras, el Espíritu no hace cosas nuevas, ¡hace nuevas las cosas!”. Concepto que reforzó recodando lo que  Pablo refiere de Jesús: “Es el Espíritu que da la vida” (Jn 6, 63; 2 Co 3, 6) y que se aplica en primer lugar – dijo – a la liturgia. De hecho añadió textualmente:

“El Apóstol exhortaba a sus fieles a rezar  “en el Espíritu” (Ef  6, 18; cf. también Judas 20). ¿Qué significa rezar en el Espíritu? Significa permitir a Jesús continuar ejerciendo su propio oficio sacerdotal en su Cuerpo que es la Iglesia. La oración cristiana se convierte en prolongación en el Cuerpo de la oración de la cabeza.

Después de afirmar que el Espíritu Santo vivifica de forma particular la oración de adoración que es el corazón de toda oración litúrgica, cuya peculiaridad deriva del hecho que es el único sentimiento que podemos nutrir sólo y exclusivamente hacia las personas divinas, el Padre Cantalamessa recordó que esto es lo que distingue el culto reservado, por ejemplo, a la Santa Virgen; puesto que “nosotros – dijo – veneramos a la Virgen, no la adoramos, contrariamente a lo que algunos piensan de los católicos”. Y explicó:

“La adoración cristiana es también la trinitaria. Lo es en su desarrollarse, porque es adoración dirigida ‘al Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu Santo’ y lo es en su término, porque es adoración hecha, juntos ‘al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo’”.

Además, al comentar un pasaje de san Basilio, recordó cuanto él mismo escribe, cuando se pregunta: “¿Cuál es hoy, para nosotros los cristianos, esa cavidad, ese lugar en el que podemos refugiarnos para contemplar y adorar a Dios?”. A lo que el santo  erudito responde: “¡Es el Espíritu Santo!”. A la vez que se interroga diciendo: “¿De quién lo sabemos?”. Y responde: “Por el mismo Jesús que dijo: ¡Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y verdad!”.

Al referirse al último punto, el de la oración de intercesión, el Padre Cantalamessa explicó que junto a la adoración, un componente esencial de la oración litúrgica es la intercesión. Puesto que en toda su oración, la Iglesia no hace más que interceder: por ella y por el mundo, por los justos y por los pecadores, por los vivos y por los muertos. Y también – afirmó – ésta es una oración que el Espíritu Santo quiere animar y confirmar. Tal como san Pablo escribe:

“El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Rm 8, 26-27).

El Espíritu Santo intercede por nosotros y nos enseña a interceder, a su vez, por los demás, dijo el Predicador de la Casa Pontificia  al concluir esta Primera Predicación de Cuaresma, invitando a proclamar juntos el texto que refleja mejor el lugar del Espíritu Santo y la orientación trinitaria de la liturgia, o sea la doxología final del canon romano: “Por Cristo, con Cristo y en Cristo, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, cada honor y cada gloria por los siglos de los siglos, Amén”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).



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